|
Aquí no hay ninguna
duda, el título de esta mítica película de Lubitsch lo dice todo: esta
página es un bazar, donde todo cabe y cada mes tendréis que pinchar en
ella para descubrir qué sorpresa os aguarda. El menú de está dedicado
íntegramente a la nueva película de Basilio Martín Patino, Octavia,
pero debido a la extensión del artículo lo hemos dividido en tres
partes.
SILENCIO, SE RUEDA:
Octavia, de Basilio Martín Patino
Por Adolfo
Bellido
1ª parte: MI
NOMBRE ES BASILIO MARTÍN PATINO.
2ª parte: HACIA
"OCTAVIA".
3ª parte: UN
DÍA EN EL RODAJE DE "OCTAVIA".
* * * * *
1ª
parte: Mi nombre es Basilio
Martín Patino
Patino
vuelve a rodar en su querida (y a veces odiada) Salamanca. Nació el 29 de
diciembre de 1930 en Lumbrales, un pueblecito de la provincia salmantina.
En Salamanca estudió y fundó el cineclub Universitario, a cuyo amparo
organizó las Conversaciones de Cine, donde se definió el cine español,
lo que era y lo que se quería que fuese. A la sombra del famoso cineclub
también alumbró la revista “Cinema Universitario”.
Los
cortometrajes de Patino tienen (de forma directa o indirecta) de
protagonista a Salamanca y su provincia (El
noveno, Torerillos), al
igual que ocurre con su primera película como director (la importante Nueve cartas a Berta) y algunas de las posteriores (Los
paraísos perdidos, aunque en gran parte trascurra en Zamora y Toro).
Como
realizador de cine no ha dirigido demasiadas películas, pero su labor en
el campo del audiovisual ha sido extraordinaria. Se puede decir que Patino
es un avanzado y un innovador en el lenguaje de la imagen en sus múltiples
formatos. Así, realizó experiencias piloto sobre emisiones locales de
televisión, utilización el vídeo como soporte, trabajó en
videoinstalaciones... Algunos de sus logros en este campo han sido el
“contra-retablo” que creó en la catedral Vieja de Salamanca (una
videoinstalación) con motivo de la exposición de “Las edades del
Hombre” de aquella ciudad; la serie de Andalucía,
un siglo de fascinación realizada para Canal Sur; la película
realizada –y premiada en el festival de programas de televisión de
Cannes- para TVE, La seducción del
caos; el montaje realizado sobre la Guerra Civil y que se proyectaba
en la Muestra Itinerante de la exposición sobre la guerra civil...
Todo ello aparte de sus películas y sus múltiples spots
publicitarios.
Varias
de las películas de Patino parecen inscribirse dentro del terreno
documental. Pero sólo parecen adecuarse a una grupalidad temática tan
absurda como inútil. Como cualquier obra importante de ficción, la de
Patino se convierte en un testimonio de la realidad. Bien es verdad que
ese testimonio se barniza con una pátina documentalista. Lo que ocurre es
que el documental no existe como hecho real y absoluto. El cine del
salmantino, y de eso ya he dicho algo en el editorial, toma imágenes
captadas en el ayer más o menos lejano por “chupadores” de imágenes
y las traslada al discurso de sus películas. Y cuando esas imágenes no
existen las inventa. Lo fundamental es que se inscriban en un todo que
posibilite un determinado discurso. Es el caso de su serie, ya indicada,
para Canal Sur o de sus largometrajes de ficción
documentada, antes que
documental, más conocidos: Canciones
después de una guerra, Queridísimos
verdugos o Madrid, uno, este
último, de sus mejores, y más desconocidos, filmes.
La
obra de Patino, la realizada hasta ahora, debería ser de visión obligada
en todas las escuelas de cine, en todas las cátedras de comunicación
audiovisual de aquí o de allá. Admiro, como se puede comprobar por estas
líneas, su cine y tuve la oportunidad de analizarlo escribiendo el único
libro que existe sobre su obra: “Basilio
Martín Patino, un soplo de libertad”, que publiqué en el número
12 de la colección textos de la Filmoteca Valencia con motivo del
homenaje que el certamen Cinema Jove realizó al veterano autor en junio
de 1996.
|