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Como
todos los meses, una vez más os invitamos a mandarnos vuestra
correspondencia, bien con comentarios de películas, bien con
sugerencias o para preguntar aquel dato que hasta hoy no os habíais
atrevido a preguntar a nadie. Os contestarán Mr. Arkadin y el Señor
Kaplan, dos perfectos caballeros.
Carlos
Civera
A
estas alturas seguir sacando el tema de El
planeta de los simios me parece fuera de lugar. No porque la película
no lo merezca (es mejor de lo que aparenta), sino porque ya hace tiempo
que se ha estrenado. Pero que te preguntes (y me preguntes) si creo que
Tim Burton ha copiado el final a Kevin Smith (según éste dice) me
parece absurdo. Más bien creo que son ganas de popularidad. Algo de lo
que últimamente no está tan sobrado el tal Kevin. Nunca me ha
interesado su cine. Me parecen –como las pelis de John Waters- cositas
que quieren tener -maldita- gracia y que algunos defienden como
notables. Lo siento pero el tal director se me atragantó desde el mismo
día en que digerí (y mal)
su segunda película Malrats (mal
rayo te...), que no era más que una repetición de la primera. Cuando
Smith ha intentado otras cosas, aparte de sus miméticas obras, caso Dogma, el resultado ha sido aún peor. Ni siquiera considero
gracioso que nuestro K. S. actúe en las películas interpretando al
silencioso Bob (calladito tenías que estar). Si no se ha estrenado aún
está a punto de hacerlo (¿parodia cinéfila?) su última peli, Jack y Bob contraatacan (o sea el que habla y el mudito). Los que
debiéramos contraatacar somos (ante tanta zafiedad barnizada de reclamo
cultural) los paganos espectadores. Pero, a lo que iba, cuando Burton
conoció la parida de K. S. (no sabemos si aquejado de un ataque de
risa) se limitó a decir que no le interesaba (y que ignoraba) lo que
hacia tal persona. Pues eso...
Elena
Ferrús
Es difícil
saber cuando una escena de una película (sobre todo si son coetáneas)
ha sido copiada de otra, aunque se parezcan ambas como (permite el tópico)
gotas de agua. Es, por ejemplo, el caso de Abre
lo ojos y Pactar con el diablo. Probablemente ninguno de los directores
conociese la película del otro. Más raro es que Aranda (en el plano en
que en la presentación de Juana a la corte flamenca se le escape de las
manos –a la reina- el “papel” que está leyendo) desconozca un clásico
como La reina Kelly de
Stroheim. Y es que hablando de semejanzas ¿se puede decir que Guerín,
o viceversa, conozca la última peli realizada por Jeunet? Por supuesto
que no, y eso que el plano de cierre de En
construcción, aunque su idea sea diferente, es muy parecido al del
final de Amelie. Raras casualidades que existen siempre y no sólo en cine.
Tina
Ortiz
También
he leído el número de octubre de la revista de cine que citas. Como tú,
no puedo salir de mi asombro. Confundir a estas alturas, y máxime por
críticos no exactamente imberbes, realidad (o historia) con cine es
algo tremebundo. A ver si de una vez por todas el citado señor (y otros
semejantes) se convencen de que el arte crea sus propios (y personales)
convencionalismos. No pretenderemos que haya que (puristamente)
exigir que los personajes que hablen –y escriban- en el idioma
original de acuerdo a los hechos, tiempos y lugares presentados en los
filmes. Mantener esas cosas es como mínimo pedante y ridículo. Aún
recuerdo, con sonrojo, como se masacró a Cimino porque, en (la
mediocre) El siciliano (sobre
Salvatore Giuliano), los cárteles que apremiaban a capturar al bandido
aparecían en inglés... idioma en el que (en el original) hablaban los
intérpretes de tal historia. Naturalmente, me figuro, que los atacantes
de tamaño “acto” hubieran “contestado” igualmente el filme si
los personajes hablasen en italiano... Lo normal es que, tendrían que
expresarse en siciliano. Otra de tus preguntas se refiere al punto de
vista, qué es esa cosa sobre la que tanto (y muchas veces malamente)
escriben ciertos críticos. Pues simplemente se corresponde con la visión
(personal, contada por él la historia) de un determinado personaje.
Algo que no siempre, por activa o pasiva, se consigue. Hay espectadores
y “escribidores” fílmicos que suelen confundir (hace poco una crítica
incidía en una falsa mirada narradora refiriéndose a Visionarios)
el referente y la referencia.
Ricardo
Perucho
Pues sí,
efectivamente, el señor Allen es un copista. Pero no te confundas: para
nada sus copias (aunque su obra actualmente está a la luz de la luna de
la casa productora del rey midas del cine) nada tienen con ver con las
que lleva a cabo el señor Spielberg. En Woody la
copia está pasada por su tamiz, adaptada a su forma de entender
el cine y la vida, mientras que en Steven se asiste a un descarado (pero
con intentos de ocultación) calco del cine clásico. El último filme
de Allen (con unos diálogos admirables), La maldición del escorpión de jade, trata de homenajear al cine de
gángsters de los años cuarenta, en especial al de Bogart. No es la
primera vez que lo hace. Concretamente la obra de teatro de Woody, Sueños de seductor, tomaba ya como referente al emblemático actor.
Fielmente fue llevada al cine por Herbert Ross, fallecido hace unos días.
Pero ese Bogart y la época, no es el único referente que hay en este
su último y divertido filme, ya que también se refleja en Hunt jugando
a ser Bacall y en Theron convertida en Verónica Lake. Hay otros
elementos (inolvidables las citas a Casablanca
con el inteligente juego del amor y París) como son las citas a El
apartamento, Perdición (dos
estupendos títulos de Billy Wilder) y a Hitch, un director sobre el que
vuelve constantemente en su cine. Misterioso
asesinato en Manhattan era una re-lectura de La ventana indiscreta. Pues bien, ahora cita a 39 escalones (el hipnotizador) y a los fuegos artificiales (como éxtasis
amatorio) de Atrapa a un ladrón.
Casi nada.
Olmo
Benarete
¿”Remakes”
en cadena? Pues sí, se ciernen sobre nosotros desbocados. Todos ellos
dicen basarse en novelas (que existen), pero probablemente “beban” más
en las pelis primerizas que partieron de ciertas novelas o, que incluso,
algunas, se concibieron vía imágenes cinematográficas. Es el caso de El
juramento (la película se titula originariamente igual que la
novela del alemán Dürrenmatt de la que parte: La
promesa) el nuevo título del actor (ex-marido de Madonna) Sean
Penn. Un filme del que existe una buena versión, El
cebo de Ladislao Vadja. La obra del autor alemán se inspiraba en un
hecho real (el asesinato de unas niñas por un psicópata) que ha sido
llevado al cine varias veces. La primera peli que trató el tema fue M, el vampiro de Dusseldorf, una obra maestra del maestro Fritz
Lang. Otro de los remakes
recientes es En lo más profundo que
se inspira en la misma novela que dio origen a la excelente Almas desnudas de Max Ophüls. Por su parte Pecado original, según
una novela de William Iris, fue llevada a la pantalla con anterioridad
por François Truffaut, La sirena
del Mississippi. Por cierto, algunos críticos americanos al ser
estrenada Pecado original reclamaban
para sus dos intérpretes (Jolie y Banderas) el Oscar a los peores intérpretes
del año.
Bienve
Modesto
Sí, en
vídeo (y algunas en DVD) acaban de editar una serie de películas de
Truffaut, algunas, caso de El amor
en fuga la película que cerraba la serie de Antoine Doimel, sin
estrenar en España. No están todas, bien es verdad, las que realizara
el buen director francés, pero sí muchas de sus obras importantes.
Habría que volver a dar un vistazo a su despedida del cine, Vivamente
el domingo, que, en el momento de su estreno, fue destrozada por la
crítica inmisericorde y listilla. Lo que extraña es la aparición de
esta serie de obras, bajo la advocación de las películas de Truffaut,
que, por cuestiones del marcado destino, acababan de ser pasadas por el
canal Cinemanía, que forma parte del Canal Satélite Digital.
Ruth
David
Nos
pides una explicación sobre el mal cine en general que estamos
padeciendo este año. Difícil la contestación. Simplemente es un hecho
que no se puede considerar aislado, ya que forma parte de una
mediocridad (o maldad) generalizada en el campo de las artes. ¿Qué
hasta ahora el cine de este año es malo? Pues, espera a ver lo que nos
viene encima en los dos meses que quedan. Yo que tú me encerraba en
casa con el DVD o el VHS y me dedicaba a ver (alquilándolos, pidiéndoselos
a los amigos o, si los tienes en casa, volviéndolos a ver) los grandes
filmes de siempre, que son una “porraa...” De todas maneras en las
carteleras de ahora mismo aparece ya lo último de Carpenter y de
Haneke.
Felicidad
Rubio
La razón
por la que Sin noticias de Dios,
el último –y segundo- filme dirigido por Diaz Yanes ha sido votado
por los académicos del cine español es... porque se ha estrenado antes
del 30 de septiembre. ¡Qué sí! Se ha estrenado, aunque haya sido en
un pueblecito perdido en cualquier rincón de Madrid. Bueno se ha
contratado un cine para que se estrene y esté en cartel dos días. Se
ha avisado a los académicos, se les ha invitado a la proyección y así
han podido “ternear” la peli junto a Juana
de Arco y Lucía de sexo.
Pienso que será (de las tres) la de Aranda la que finalmente escogerán.
La de Medem tiene sus problemas. Desde luego si fuera por mí ni
siquiera estaría en esa terna inicial. La de Yanes me da algo de miedo,
sobre todo después de su magnífico debut con Nadie
hablará de nosotras cuando hayamos muerto. El misterio se descifrará
dentro de escasos días. De todas maneras no creo que ninguna de ellas
(al menos de las dos estrenadas) tenga “empaque” para los Oscar. La
de Amenábar podría haberse incluido (aunque estuviera hablada en inglés)
en esa terna. De hecho hay varias películas que optaron, en años
anteriores, a los Oscar grandes y al de la mejor película extranjera.
Lo que se ha dicho en la Academia (no se ha incluido en las votaciones
porque está en inglés y, de seleccionarse, debiera ser para los
premios grandes) es cuanto menos una falacia. A uno le hubiera gustado
escuchar que Los otros no se
ha seleccionado porque es una mala película o al menos un filme
tramposo.
Nicolás
Estrada
Me
parece muy bien que te guste ese iceberg que es la Kidman. Lo que ya no
comparto es que te haya dejado patidifuso (por buena) Moulin
Rouge. Más bien se trata de un filme que puede ocasionar soponcios,
mareos, problemas auditivos en los sufridos espectadores. ¡Vaya pelí
la que nos regala el insoportable realizador de la no muy lejana –y
juvenil- versión de Romeo y
Julieta! Como esa, esta es un videoclip insoportable, donde nadie
será capaz de describir un solo plano. Pasan tan rápidos que cuando
tratamos de enterarnos o describir el presente, ya han pasado, ante
nuestros atolondrados ojos, por lo menos cuatro más. Lo que se puede
apreciar de la interpretación de la Kidman nos indica que es buena
actriz. Lo que ocurre es que para convencernos de ello tendremos que
superar, como nos pasa en la fallida Los
otros, la gelidez de actriz. No sé si definirla como un témpano de
hielo o como una estatura (inalcanzable) sin vida o, en fin, como un ser
de una galaxia en la que sus habitantes careciesen de sangre. Su rostro
parece esculpido en piedra granítica. Pero, hay que mirarla bien y
comprobar como en estos (sus) últimos títulos se impone al resto de
los intérpretes. Sin ella (lo siento señor Amenábar) Los otros no hubiera dado ni un duro. Ella es el alma (o la
primorosa estatua) de la función. La preferiríamos con un poquito más
de calor y de color, pero... en ese caso no sería Nicole Kidman. De
todas maneras, no estará nada mal que la actriz seleccionara las pelis
en las que trabaja. Las enseñanzas que recibiera de Kubrick en su
grandiosa filme póstumo no son para ponerlas al servicio de las
variadas memeces en las que luego ha intervenido.
Alfonso
del Toro
Sí,
estoy contigo, Y tu madre también
de Cuarón es una de las sorpresas de este trimestre. Una curiosa
película, llena de vitalidad y de verdad. Los movimientos de cámara
casi imperceptible, pero en continuo jugueteo muestran también el viaje
“interno” de los protagonistas. Un encuentro, en definitivo, con la
vida y también con la muerte. Para mí, sobre todas, resalta la escena
de la salida de Lucía de la casa matrimonial hacía ese lugar que no se
sabe muy bien donde está (Boca de cielo), pero que, aunque se dude,
existe. El movimiento de cámara sobre la habitación vacía termina con
su “mirada” a la calle donde Lucía (excelente Maribel Verdú) entra
en el coche de los dos amigos. Y, una cosa que no sé si has tenido en
cuenta, el “sorprendente” final está matizado en el desarrollo del
filme. Algo que no ocurre, por ejemplo, en títulos como El
sexto sentido o Los otros. Ahí sí se procede a rebobinar la película, desde el
inesperado final, nos daremos cuenta de lo gratuito de su final. Aquí
no. Hay datos que explican y preludian el final de la mujer. Por otra
parte la película ironiza sobre varios mitos sexuales mexicanos como
son el machismo, el no admitir que se “toque” a la mujer o a la
novia y, menos, claro está, a la madre. Y, otra extraña coincidencia
entre dos películas: una de las canciones (como presentimiento de la
muerte) empleada en La habitación de hijo suena también, y con el mismo sentido, en el
film de Cuarón. Me alegro, por supuesto, que te hayas deleitado (a
pesar de la dificultad de entender la jerga con la que hablan los jóvenes)
con este paseo entre la vida y la muerte, entre la opulencia y la
miseria entre reprimidos y represores. Curioso y bienintencionado filme.
Una (pequeña) sorpresa y, por ello mismo, una gozada.
Lucrecia
Iriarte
Pues sí,
tampoco puedo comprender cómo esa cosita que es La
ciénaga reciba en un festival de cine el premio al mejor guión.
Algo increíble ya que el filme carece de un guión sólido. Como mucho
es una (falsa) peli bienintencionada, pero torpe como ella solita.
Recuerda al viejo (el filme es de una vejez insultante) cine simbólico
(a tope) y primerizo (sólo que en malo) y, en ocasiones, plúmbeo de
Carlos Saura. El título de la cinta lo dice todo. Lo demás es mostrar
el aburrimiento, cansancio y estupidez de una familia somnolienta ante
el resol ambiental. Hay de todo, como en “botica”, pero nada de ello
consigue sacar adelante una peli que se encuentra estancada (en el
lodazal de sus vidas) sin posibilidad de emerger. El (torpe y
reiterativo) final trata de poner la guinda interpretativa a algo que
desde las primeras imágenes (e incluso desde el título) ya quedaba
dicho. Para salir corriendo...
Evaristo
Martínez
Como
puedes comprobar tu crítica sobre el último Allen aparece en la sección
de este número que titulamos “Opera Prima”. Te agradecemos el envío
y los “piropos” que dedicas a esta revista que es la tuya. Nos
gustaría haber sabido más de ti, cómo llegaste a (o quien te habló
de) nosotros. Pero espero que sigamos en contacto. Y que continúes (ya
fuera de esa sección que ahora ocupa tu crítica) colaborando con
nosotros. Estupendo, además, que te haya gustado una obra tan
divertidamente cinéfila como La
maldición del escorpión de jade.
Federico
Espinet
No
sigo los anuncios de televisión, aunque hay algunos muy cinéfilos.
Incluso hay grandes directores que han hecho varios spots publicitarios.
En nuestro país son celebres los realizados por Patino o Erice. Pero,
bien, como me hablabas de uno concreto (se trata de un coche que recorre
un camino repleto de curvas y en cuyo interior van, como siempre en
estos casos, una pareja joven), me propuse verlo y lo he conseguido.
Dices que el citado anuncio te resulta “conocido” en cuanto a tema
(cinéfilo) se refiere. Pero no sabes la peli que presenta esa ida. No sé
si tu duda es real o tratas de someterme a un tercer grado. Veamos, el
tema es (realizar) un viaje estable, por supuesto, pero lo que ocurre, y
me figuro que es ahí donde encuentras (o recuerdas) un referente, es
que los tirantes del vestido de la mujer se bajan continuamente a pesar
de que se vuelven a poner en sitio. Me ponen en un aprieto en la
respuesta. Hilando fino llegaría a encontrar relación con una hermosa
secuencia del maravilloso Amanecer
de Murnau. Un baile donde a una mujer se le “bajan”
repetidamente los tirantes del vestido. No sé si es válida la
comparación y es esa secuencia, cogida por los pelos, en la que
pensaba. Desde luego no creo que los creadores del anuncio hayan llegado
a una “cita” (dudo, incluso, que la conozcan) de tan memorable obra
cinematográfica.
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