|
Aunque la mayoría de
los socios fundadores de EN CADENA DOS vivimos a orillas del
Mediterráneo, en Valencia, tenemos un colaborador cuyo domicilio se
encuentra a orillas... ¡del Guadalquivir!, pero su espíritu es tan
mediterráneo como el nuestro. Cada mes os invita a acompañarle en el
análisis de un tema cinematográfico de actualidad.
MUJERES EN EL CINE
Por
Juan
de Pablos Pons
Ante
la dificultad, cada vez más evidente, de encontrar buenas películas en
las pantallas de estreno, la presencia anual de una nueva propuesta de
Woody Allen siempre resulta reconfortante. Como es sabido, se trata de un
autor no muy reconocido en su país de origen, pero que en Europa siempre
ha sido muy bien recibido por la crítica y aceptablemente apreciado por
el público. Su último estreno en España, titulado La
maldición del Escorpión de Jade (The Curse of the Jade Scorpion),
supone una desenfadada revisión del cine negro de los años cuarenta en
la que sitúa una serie de tipos y personajes característicos del género.
Evidentemente sus diálogos propician una relajante y divertida
desmitificación de los duros referentes (investigadores privados, mujeres
devoradoras de hombres y ricos poco escrupulosos), convertidos aquí en
personajes vulnerables, no muy espabilados y en cualquier caso, muy
divertidos.
La
acción se sitúa en Nueva York, en el año 1940. C. W. Briggs (Woody
Allen) es un investigador que trabaja para una compañía de seguros. Ya
entrado en años y acomodado a los viejos métodos de trabajo, basados en
la utilización de confidentes y una actividad casi artesanal, entra en
conflicto con Miss Fitzgerald. Se trata de una
joven ejecutiva (Helen Hunt), contratada
para implantar nuevos métodos de trabajo que buscan una mayor
eficacia y rentabilidad en la empresa. Los nuevos sistemas de trabajo son
apoyados por el propietario (Dan Aykroyd) que es amante de la incómoda
gestora.
La
introducción de elementos “naif”, como un hipnotizador de sala de
fiestas (David Ogden Stiers), o de la hija de un millonario, Lady
Kensington, presentada como una devoradora de hombres (Charlize Theron),
característicos de los seriales de misterio, dan juego para que los
agudos diálogos escritos por Allen apoyen una historia desenfadada y
presentada ante los espectadores de manera amena y con claves que nos
remiten al cine clásico (fotografía decadente de Zhao Fei), o música al
estilo “jazz band”.
Respondiendo
a estos cánones clásicos del cine de los 40, el personaje de C. W.
Briggs, incorporado por Allen, tiene una acentuada misoginia que los
espectadores van percibiendo cuando nada más llegar a la oficina cada mañana,
se dirige a las secretarias con expresiones tan dominadoras como ridículas.
La utilización del humor en esta revisión del “héroe desencantado”,
da a este film una modernidad y aceptación plausible para el espectador
actual. Sin embargo, el aspecto más llamativo y original, consiste en
situar en este tipo de historia al personaje de Betty Ann Fitzgerald (muy
bien incorporado por Helen Hunt): una mujer inteligente, con ideas
modernas para renovar la empresa, y que rechaza las ridículas
proposiciones de un empleado presenil.
Resulta
interesante señalar cómo en el esquema clásico de este género
cinematográfico, este personaje femenino sería impensable en una versión
canónica. El cine ha hecho una importante contribución a la implantación
de tipos femeninos, que han actuado como referente para muchas
generaciones, fomentando el papel de mujer objeto, y alejándola de
puestos de decisión que tradicionalmente han quedado para los hombres.
Woody
Allen ha utilizado un marco de referencia especialmente machista –las
películas de cine negro-, para situar a un personaje femenino con
iniciativa en el campo profesional y que necesariamente entra en conflicto
con el investigador clásico.
No
deja de tener gracia la aportación de algunos críticos cinematográficos
señalando lo increíble que resulta ver a un hombre de 65 años
seduciendo a mujeres mucho más jóvenes como Helen Hunt y Charlize Theron.
La ironía de las situaciones y la explosividad de algunos diálogos
acentuando el abismo generacional hasta límites hilarantes, no dejan
lugar a dudas sobre las intenciones del director de films como Misterioso
asesinato en Manhattan o
Granujas de medio pelo. De medio pelo parecen esos críticos que hacen
lecturas tan “lineales” y poco consonantes con la vivacidad de este
director tan neoyorkino y moderno en sus percepciones y propuestas.
El
juego de la hipnosis que maneja el guión, permite introducir una serie de
situaciones muy bien explotadas desde un punto de vista cómico. En una de
ellas, Briggs rescata de una muerte segura a
Betty Ann, a punto de suicidarse completamente borracha, después
de haber sido abandonada por su jefe. En otra, el hipnotizado Briggs es
incapaz de responder al reclamo de Lady Kensington, completamente desnuda
bajo su gabardina.
Interesante
en definitiva la utilización de esquemas clásicos para introducir
cuestiones plenamente actuales como la incorporación de la mujer, no ya
al trabajo sino a puestos de responsabilidad en las empresas. Si el cine
ha contribuido sobremanera en cosificar a la mujer en muchísimas
ocasiones, también puede muy bien hacer exactamente lo contrario.
|