2ª
parte: hacia Octavia
Basilio
no ha participado de aquellos saraos donde se cuecen las producciones
cinematográficas, ni se encuentra dentro del campo de influencia de ningún
grupo mediático. Nada amigo de fiestas, ni de baños de multitud, de
reuniones apologéticas, de participaciones
de tal o cual sentido, ha permanecido, como su cine, solitario,
enclaustrado en su vida personal, en el cultivo de una cultura no ligada a
partido, ni a gobiernos. Algunos dicen que tampoco ha hecho nada para
realizar otras más de las pocas películas que ha hecho. Probablemente
tengan razón, y haya preferido permanecer independiente, negándose a
venderse, a dejar de ser libre haciendo sólo lo que realmente quiere no
estando dispuesto, por ello, a claudicar en su entendimiento de la vida,
en su ética.
El
cine de Patino es una obra libre. Pensada para quienes aún caminan por el
mundo de la cultura y del (verdadero) compromiso. Un compromiso que, en
definitiva, es propio del hombre enfrentado (y
emparentado) con una historia, con un pasado difícil de olvidar
porque forma parte de nosotros, con una investigación sobre el arte que
hoy alcanza unas determinadas formas de expresión pero que mañana puede
conocer otras. La libertad, su libertad, es algo imposible de apartar de
la vida de un hombre y un artista que ha hecho de la duda una vivencia,
del inconformismo un ansia de saber.
Lento
en su forma de trabajar, Patino no entiende por qué el cine está en
manos de unos pocos, como tampoco se explica la razón de la existencia de
una determinada forma de hacer cine o la sinrazón de sus altos
presupuestos que lo llevan (en la vorágine de las diferentes películas)
a una rápida transacción (y muerte) entre el dinero y los espectadores.
Por eso, Patino, se refugió en las producciones de televisión que le
permitían hacer (dirigir) lo que realmente le apetecía. Producciones más
baratas que las destinadas a los estrenos en salas cinematográficas y que
permitían además un ritmo de trabajado pausado, reflexivo.
Su
última película para el cine fue Madrid.
Una película con múltiples premios en diferentes festivales. Uno de
ellos, el Primer Premio que recibiera en Portugal, lo ha llevado siempre
en el recuerdo y no porque le apetezca en demasía, ya que a él no le
hace excesivamente feliz recibir unos y otros galardones. A pesar de ello
su obra ha sido reconocida y valorada en diversos certámenes. Pero si el
gran premio portugués a Madrid lo lleva consigo, formando parte de si mismo, de su piel, es
porque cuando iba a recoger el galardón tuvo un accidente de coche que
estuvo a punto de terminar con su vida. Las secuelas se adivinan en su,
cuando le puede el cansancio, renqueante caminar o en el adivinado
sufrimiento de su espalda.
Borrachos como dioses iba a ser a principios de los años noventa su
nueva película, la que supusiera su resurrección después de Madrid.
Una nueva vida que no sólo suponía haber salido victorioso de su
accidente, ya que también debería implicar una vuelta normalizada al
cine comercial, pues desgraciadamente, a pesar de la gran calidad de Madrid
pocos la han llegado a ver, debido, entre otras cosas, a que la
distribuidora del filme decidió condenarlo
al silencio: no se estrenado prácticamente en ningún sitio. Así,
una película que bebe en ella, como es Lisboa
story de Wenders se beneficio, en su estreno, de ese desconocimiento.
Su
vuelta al cine iba a ser, al comienzo de los noventa, importante. Seguía
vivo y haciendo películas. El Ministerio de Cultura concedió al guión
de Borrachos como dioses una
subvención para que fuera realizado. Prefirió devolverla y dedicarse a
un proyecto que le resultaba más interesante, La seducción del caos, realizado para TVE como programa autónomo.
El trabajar para televisión le permitía tener todo el tiempo del mundo
para terminar (a su gusto) su filme. Volver una y otra vez sobre lo rodado
en la sala de montaje hasta hacer algo cercano a lo pretendido. No existían
agobios de producción, no era urgente terminar un determinado día.
Enviada la película al certamen de producciones televisivas de Cannes,
consiguió el primer premio.
A
continuación de ese caos seductor (y que seduce porque forma parte de
nuestra propia existencia moviéndose desde algo que no conocemos
demasiado bien y que se rige por las leyes del caos), Patino recibe
ofertas para rodar títulos acordes con su idea de investigación-innovación.
Se trataría de obras basadas en la vida de personajes reales o en sucesos
que realmente existieron pero vistos desde una gran libertad creadores.
Entre esos proyectos estará uno (no realizado por el momento) sobre la
vida de Durruti. Que le interesara la vida del anarquista hispano es algo
inherente al propio carácter anárquico que se bebe en su obra. La
proposición de Canal Sur permite la serie ya citada Andalucía, un siglo de fascinación, una mirada sobre la Historia
andaluza de la primera mitad del siglo pasado vista desde la imaginación
y la creatividad. Lo que parece que lo es no es real, pero todo lo que
aparece está inserto en una realidad cultural y humana. Divagaciones
sobre mitos, sobre la Historia, sobre lo que pudo ser, sobre el mundo y
los seres.
Andalucía, un siglo de fascinación permitía a Basilio realizar
una obra querida e insólita. No debía plegarse a unas propuestas
productivas, ni a un gran (y temido) equipo durante el rodaje. No tenía
miedo del coste. Su rodaje era fácil y tan rápido, o lento, como se
propusiera, nunca poniendo las prisas en una impronta necesidad de ser
fiel a unos costes excesivos. También, por la propia presencia de la
cadena y el destinatario del producto (los virtuales televidentes de la
cadena) podía permitirse el lujo de montar pausadamente los 7 episodios
de los que constaba la serie, al tiempo que podía realizar presentaciones
de algunos capítulos para comprobar la “fuerza” de veracidad que
encierran aparentes imágenes documentales y que, realmente, son a lo sumo
documentos.
Sobre
Salamanca, en el final del siglo XX, planea la aceptación de su
candidatura como ciudad cultural europea del año 2002. Entre los diversos
eventos se insinúan varios sobre el cine y el teatro. Uno de ellos es
pedir a Patino la presentación de un probable futuro guión para el
rodaje de una película en la ciudad de Salamanca. ¿Quién mejor podrá
escribir algo, y luego rodarlo, sobre esa querida y odiada ciudad qué
quien un día ya lejano, allá en los años sesenta, realizará ese poema
de amor y ajuste de cuentas sobre Salamanca que fue Nueve
cartas a Berta? Una primera obra, aquella del salmantino, que dejaba
ver ya muchas de sus preocupaciones estilísticas, y que como gran parte
de su obra vio retrasado su estreno durante unos años (para sorpresa de
la distribuidora y del propio Patino, el filme recibió un apoyo bastante
grande de espectadores, algo que años más tarde se repetirá con su
famosa Canciones para después de una guerra).
Patino,
dejando a un lado su pereza y venciendo el miedo que supone una nueva película,
escribe el guión para lo que considera será su despedida del cine, su
testamento fílmico. Presenta al consorcio creado para Salamanca 2002 y
formado por el Ayuntamiento y otras entidades una sinopsis, que
posteriormente desgranará en un amplio (más de 150 páginas) guión
literario. Al título Octavia le
sigue un subtítulo, Borrachos como
dioses, especie de irónico guiño (de este sutil humorista
quijotesco) al guión no realizado diez años atrás. Un guiño que no
hace más que reflejar en carácter irónico (de “mala uva”) que se
dibuja en Patino (tanto en su vida como en su obra).
¿De
qué trata Octavia?. Narra la
decadencia de una familia salmantina de abolengo, que en el filme se
asimila a la ficticia hermandad de los Maldonado y los Lys. En el juego de
realidad e imaginación que será el filme, la historia narrada será una
invención (aunque ecos de cosas existentes pueden engancharse en los mil
recovecos de los hechos mostrados) mientras que no lo será la Salamanca
(real) que arropa con sus calles y su historia (incluso la de aquel
comunero Maldonado ejecutado en Villalar o la de aquellos otros familiares
enterrados en San Benito o en alguna capilla de la Catedral Vieja).
El
presupuesto de la película es algo que asusta a Patino. Nunca se ha visto
“acompañado” de tantos millones, ni de tanto personal. La verdad que
ni una cosa ni otra es para tanto. Una producción de (ése es su coste)
trescientos millones corresponde, hoy, a un rodaje de tipo medio. Pero
Patino piensa en su compromiso con la ciudad y con el consorcio y en cómo
diablos debe “realizarse” una película para que resulte comercial. En
eso, y también en la necesidad imperiosa que marca el año 2002 y los
actos que se lleven a cabo para glosar la capitalidad de la cultura en ese
año. O quizás sea en cómo el filme podrá estar terminado (montado,
dispuesto para el estreno) a mediados del próximo año.
Fui
testigo del arduo trabajo que llevó, sobre todo, a la elección (o
aceptación) del papel principal. Se pensó en un comienzo en Omero
Antonutti. Él estaba dispuesto pero las fechas no encajan en el rodaje.
Otros actores también quedaron descabalgados del proyecto. Finalmente fue
contratado ese fuera de serie que es Miguel Ángel Sola. Junto al
argentino los papeles más largos están en manos de Margarita Lozano
(excepcional actriz) y Antonia San Juan. En papeles más secundarios actúan
Menh Wai Trinh (la presentadora del programa de TV2, Redes,
que da vida a Octavia), Aurora Bautista, Berta Riaza, Batanero (será en
el hoy Lorenzo, el protagonista de Nueve
cartas a Berta, hecho que muestra a las claras la relación-juego
entre ficción-realidad que intenta comunicar el director y también el
sentido de círculo y cierre de su obra), Paul Naschy, o sea Jacinto
Molina, Jaume Sisa, Javier Rioyo... y, por su puesto, la ciudad de
Salamanca vestida con sus mejores galas para ser fotografiada, de acuerdo
con las indicaciones de Patino, por López Linares, el co-director con
Rioyo, entre otras de Asalto a los
cielos.
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