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Hacia Octavia
Un día en el rodaje

2ª parte: hacia Octavia

José Luis López Linares (director de fotografía) junto a Arantxa Aguirre (ayudante de dirección y esposa de Linares) y Pilar (esposa de Patino).Basilio no ha participado de aquellos saraos donde se cuecen las producciones cinematográficas, ni se encuentra dentro del campo de influencia de ningún grupo mediático. Nada amigo de fiestas, ni de baños de multitud, de reuniones apologéticas, de  participaciones de tal o cual sentido, ha permanecido, como su cine, solitario, enclaustrado en su vida personal, en el cultivo de una cultura no ligada a partido, ni a gobiernos. Algunos dicen que tampoco ha hecho nada para realizar otras más de las pocas películas que ha hecho. Probablemente tengan razón, y haya preferido permanecer independiente, negándose a venderse, a dejar de ser libre haciendo sólo lo que realmente quiere no estando dispuesto, por ello, a claudicar en su entendimiento de la vida, en su ética.

El cine de Patino es una obra libre. Pensada para quienes aún caminan por el mundo de la cultura y del (verdadero) compromiso. Un compromiso que, en definitiva, es propio del hombre enfrentado (y  emparentado) con una historia, con un pasado difícil de olvidar porque forma parte de nosotros, con una investigación sobre el arte que hoy alcanza unas determinadas formas de expresión pero que mañana puede conocer otras. La libertad, su libertad, es algo imposible de apartar de la vida de un hombre y un artista que ha hecho de la duda una vivencia, del inconformismo un ansia de saber.

Lento en su forma de trabajar, Patino no entiende por qué el cine está en manos de unos pocos, como tampoco se explica la razón de la existencia de una determinada forma de hacer cine o la sinrazón de sus altos presupuestos que lo llevan (en la vorágine de las diferentes películas) a una rápida transacción (y muerte) entre el dinero y los espectadores. Por eso, Patino, se refugió en las producciones de televisión que le permitían hacer (dirigir) lo que realmente le apetecía. Producciones más baratas que las destinadas a los estrenos en salas cinematográficas y que permitían además un ritmo de trabajado pausado, reflexivo.

Su última película para el cine fue Madrid. Una película con múltiples premios en diferentes festivales. Uno de ellos, el Primer Premio que recibiera en Portugal, lo ha llevado siempre en el recuerdo y no porque le apetezca en demasía, ya que a él no le hace excesivamente feliz recibir unos y otros galardones. A pesar de ello su obra ha sido reconocida y valorada en diversos certámenes. Pero si el gran premio portugués a Madrid lo lleva consigo, formando parte de si mismo, de su piel, es porque cuando iba a recoger el galardón tuvo un accidente de coche que estuvo a punto de terminar con su vida. Las secuelas se adivinan en su, cuando le puede el cansancio, renqueante caminar o en el adivinado sufrimiento de su espalda.

Borrachos como dioses iba a ser a principios de los años noventa su nueva película, la que supusiera su resurrección después de Madrid. Una nueva vida que no sólo suponía haber salido victorioso de su accidente, ya que también debería implicar una vuelta normalizada al cine comercial, pues desgraciadamente, a pesar de la gran calidad de Madrid pocos la han llegado a ver, debido, entre otras cosas, a que la distribuidora del filme decidió condenarlo  al silencio: no se estrenado prácticamente en ningún sitio. Así, una película que bebe en ella, como es Lisboa story de Wenders se beneficio, en su estreno, de ese desconocimiento.

Adolfo (autor del texto) junto a Adolfo jr. (segundo ayudante de dirección) y Nacho Francia (responsable de prensa) durante el rodaje en las calles de Salamanca.Su vuelta al cine iba a ser, al comienzo de los noventa, importante. Seguía vivo y haciendo películas. El Ministerio de Cultura concedió al guión de Borrachos como dioses una subvención para que fuera realizado. Prefirió devolverla y dedicarse a un proyecto que le resultaba más interesante, La seducción del caos, realizado para TVE como programa autónomo. El trabajar para televisión le permitía tener todo el tiempo del mundo para terminar (a su gusto) su filme. Volver una y otra vez sobre lo rodado en la sala de montaje hasta hacer algo cercano a lo pretendido. No existían agobios de producción, no era urgente terminar un determinado día. Enviada la película al certamen de producciones televisivas de Cannes, consiguió el primer premio.

A continuación de ese caos seductor (y que seduce porque forma parte de nuestra propia existencia moviéndose desde algo que no conocemos demasiado bien y que se rige por las leyes del caos), Patino recibe ofertas para rodar títulos acordes con su idea de investigación-innovación. Se trataría de obras basadas en la vida de personajes reales o en sucesos que realmente existieron pero vistos desde una gran libertad creadores. Entre esos proyectos estará uno (no realizado por el momento) sobre la vida de Durruti. Que le interesara la vida del anarquista hispano es algo inherente al propio carácter anárquico que se bebe en su obra. La proposición de Canal Sur permite la serie ya citada Andalucía, un siglo de fascinación, una mirada sobre la Historia andaluza de la primera mitad del siglo pasado vista desde la imaginación y la creatividad. Lo que parece que lo es no es real, pero todo lo que aparece está inserto en una realidad cultural y humana. Divagaciones sobre mitos, sobre la Historia, sobre lo que pudo ser, sobre el mundo y los seres.

Andalucía, un siglo de fascinación permitía a Basilio realizar una obra querida e insólita. No debía plegarse a unas propuestas productivas, ni a un gran (y temido) equipo durante el rodaje. No tenía miedo del coste. Su rodaje era fácil y tan rápido, o lento, como se propusiera, nunca poniendo las prisas en una impronta necesidad de ser fiel a unos costes excesivos. También, por la propia presencia de la cadena y el destinatario del producto (los virtuales televidentes de la cadena) podía permitirse el lujo de montar pausadamente los 7 episodios de los que constaba la serie, al tiempo que podía realizar presentaciones de algunos capítulos para comprobar la “fuerza” de veracidad que encierran aparentes imágenes documentales y que, realmente, son a lo sumo documentos.

Sobre Salamanca, en el final del siglo XX, planea la aceptación de su candidatura como ciudad cultural europea del año 2002. Entre los diversos eventos se insinúan varios sobre el cine y el teatro. Uno de ellos es pedir a Patino la presentación de un probable futuro guión para el rodaje de una película en la ciudad de Salamanca. ¿Quién mejor podrá escribir algo, y luego rodarlo, sobre esa querida y odiada ciudad qué quien un día ya lejano, allá en los años sesenta, realizará ese poema de amor y ajuste de cuentas sobre Salamanca que fue Nueve cartas a Berta? Una primera obra, aquella del salmantino, que dejaba ver ya muchas de sus preocupaciones estilísticas, y que como gran parte de su obra vio retrasado su estreno durante unos años (para sorpresa de la distribuidora y del propio Patino, el filme recibió un apoyo bastante grande de espectadores, algo que años más tarde se repetirá con su famosa Canciones para después de una guerra).

Patino, dejando a un lado su pereza y venciendo el miedo que supone una nueva película, escribe el guión para lo que considera será su despedida del cine, su testamento fílmico. Presenta al consorcio creado para Salamanca 2002 y formado por el Ayuntamiento y otras entidades una sinopsis, que posteriormente desgranará en un amplio (más de 150 páginas) guión literario. Al título Octavia le sigue un subtítulo, Borrachos como dioses, especie de irónico guiño (de este sutil humorista quijotesco) al guión no realizado diez años atrás. Un guiño que no hace más que reflejar en carácter irónico (de “mala uva”) que se dibuja en Patino (tanto en su vida como en su obra).

¿De qué trata Octavia?. Narra la decadencia de una familia salmantina de abolengo, que en el filme se asimila a la ficticia hermandad de los Maldonado y los Lys. En el juego de realidad e imaginación que será el filme, la historia narrada será una invención (aunque ecos de cosas existentes pueden engancharse en los mil recovecos de los hechos mostrados) mientras que no lo será la Salamanca (real) que arropa con sus calles y su historia (incluso la de aquel comunero Maldonado ejecutado en Villalar o la de aquellos otros familiares enterrados en San Benito o en alguna capilla de la Catedral Vieja).

El presupuesto de la película es algo que asusta a Patino. Nunca se ha visto “acompañado” de tantos millones, ni de tanto personal. La verdad que ni una cosa ni otra es para tanto. Una producción de (ése es su coste) trescientos millones corresponde, hoy, a un rodaje de tipo medio. Pero Patino piensa en su compromiso con la ciudad y con el consorcio y en cómo diablos debe “realizarse” una película para que resulte comercial. En eso, y también en la necesidad imperiosa que marca el año 2002 y los actos que se lleven a cabo para glosar la capitalidad de la cultura en ese año. O quizás sea en cómo el filme podrá estar terminado (montado, dispuesto para el estreno) a mediados del próximo año.

Fui testigo del arduo trabajo que llevó, sobre todo, a la elección (o aceptación) del papel principal. Se pensó en un comienzo en Omero Antonutti. Él estaba dispuesto pero las fechas no encajan en el rodaje. Otros actores también quedaron descabalgados del proyecto. Finalmente fue contratado ese fuera de serie que es Miguel Ángel Sola. Junto al argentino los papeles más largos están en manos de Margarita Lozano (excepcional actriz) y Antonia San Juan. En papeles más secundarios actúan Menh Wai Trinh (la presentadora del programa de TV2, Redes, que da vida a Octavia), Aurora Bautista, Berta Riaza, Batanero (será en el hoy Lorenzo, el protagonista de Nueve cartas a Berta, hecho que muestra a las claras la relación-juego entre ficción-realidad que intenta comunicar el director y también el sentido de círculo y cierre de su obra), Paul Naschy, o sea Jacinto Molina, Jaume Sisa, Javier Rioyo... y, por su puesto, la ciudad de Salamanca vestida con sus mejores galas para ser fotografiada, de acuerdo con las indicaciones de Patino, por López Linares, el co-director con Rioyo, entre otras de Asalto a los cielos.

 
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