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He aquí la segunda
página que dedicamos a la televisión (la otra es Malalts de tele).
Sumadas os ofrecen mucho más que un análisis de la programación
televisiva: constituyen toda una filosofía de vida.
CON
LUZ Y TAQUÍGRAFOS
Por
Ángel San Martín
Primero
fue el 11-S y a continuación el bombardeo sobre Afganistán. No se puede
pedir más a un recién estrenado otoño que llega pletórico de sustancia
noticiable. La coyuntura internacional ofrece tanto atractivo, al menos
para los informativos de TV, que los asuntos locales han quedado en un
discreto segundo plano. Ya es casualidad que coincida en las mismas fechas
ese monumental lío junto a los misterios de Gescartera y fondos
reservados. La investigación del primero transcurre en sede
parlamentaria, mientras el segundo se desarrolla ya en los juzgados. Ambos
aparecen hermanados, como mínimo, por el precepto de la transparencia:
luz y taquígrafos para que todo el mundo se entere. Lo que en estos
momentos viene a significar que se trata de acontecimientos dignos de
transcurrir ante micrófonos y cámaras de TV. De hecho, como si de una
teleserie se tratara, tanto las comparecencias del “caso Gescartera”
como las declaraciones de los imputados por los fondos reservados, son
retransmitidas por un canal temático.
Pero,
¿qué llega de estas vergüenzas de la democracia al pueblo llano no
abonado a las plataformas televisivas? Pues llega lo que la redacción de
cada televisión selecciona para informar a su público. Así nos
encontramos que Tele 5 se limita a televisar los exabruptos de
comparecientes e interrogadores, a mayor gloria del espectáculo. Para
Antena 3 el abuso de los fondos reservados es de tal magnitud que salpica
a todos los socialistas, de ahora y de siempre, efecto que refuerza
ilustrando los comentarios con cortes de las preguntas del fiscal. Como
contraste, lo de Gescartera es un asuntillo menor de un iluminado de la
“nueva economía”, por lo que en las imágenes no debe aparecer ningún
alto cargo del Gobierno.
Nada
de esto es comparable con la creatividad narrativa que la televisión pública
exhibe en los informativos. Lo de Gescartera, si queda tiempo después de
contar con detalle los últimos delirios belicistas del jefe gringo, se
despacha en tono de crónica de sociedad por tratarse de un “chiringuito
financiero”. Eso sí, siempre aparece un ministro que, en
“declaraciones a la prensa” y nunca en sede institucional, reniega de
la corrupción… de los socialistas. Repárese que la omisión de los
escenarios formales del poder, evita extrapolar responsabilidades. Sin
embargo, para el juicio de los fondos reservados siempre hay tiempo.
Acontecimiento al que se le dedican planos estáticos y bien grandes para
que en el escenario se vea al juez, al fiscal y a los acusados, y sus
caras si se trata de exministros. Pero no conformes, al principio, en la
introducción de la noticia, insertaban unas imágenes en la parte
inferior de la pantalla, en las que unas manos sacan dinero de un sobre y
otras lo recogen. Detalle bien transparente y no la “luz y taquígrafos”
de los clásicos que luchaban por los procedimientos y las instituciones
democráticas.
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