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porque la hemos dedicado a publicar tus críticas. Queremos que nuestros
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ENHORABUENA
POR VUESTRA PÁGINA. Estoy haciendo mis pinitos en el mundo de la crítica,
así que os mandaré lo que vaya escribiendo. Creo que esta es un poco
larga, intentaré acortar las próximas.
Un
abrazo.
EVARISTO
MARTÍNEZ

CRÍTICA:
La
maldición del escorpión de Jade
Woody
Allen es considerado como uno de los mejores directores del siglo XX. La
verdad es que si sigue con este ritmo de creación y de calidad de sus
obras va a ser un nombre imprescindible también en el cine del XXI.
Allen
firma esta vez una película casi redonda, de una ligereza tal que se
deja ver con una facilidad pasmosa. Un filme que, partiendo de un
homenaje al cine negro de los años 40, no tiene nada de oscuro, sino
que es colorista, vivo y divertidísimo. Un guión con toques fantásticos,
ágil e hipnótico, que encaja a la perfección con una ambientación
extraordinaria y una deliciosa música de jazz.
En
este tributo al cine de una época dorada que, en la era digital difícilmente
volverá, Woody Allen se rodea de un atractivo reparto. Junto al
recuperado ‘cazafantasmas’ Dan Aykroyd, encontramos a Elizabeth
Berkley, la chica de Showgirls,
que luce, a pesar de lo fugaz de su papel, como secretaria eficiente y
encantadora, demostrando que, en manos de un buen director, puede ser una
actriz interesante. Otra de los encantos del filme es Charlize Theron,
una sensual, seductora devora hombres de nombre cien por cien ‘cine
negro’: su breve papel como Laura Kesington empeñada en llevarse al
bueno de Allen a la cama demuestra que el cine es mágico. El pequeño
Woody seduce a mujeres a las que dobla, e incluso triplica en edad, y
nosotros pasamos por el aro. Sin problemas.
Pero
el punto álgido de la función está en Helen Hunt, la antagonista de
Allen. Ella es su jefa, una mujer de armas tomar, y entre los dos se
establece una relación de amor-odio, donde ambos se convierten en
sendas dianas de los dardos (verbales y tremendamente punzantes) que no
dejan de lanzarse en toda la película. Este cruce de lenguas viperinas
sirve para que Allen nos regale algunas de los descalificativos más
mordaces y divertidos que hemos escuchado en los últimos tiempos.
Pero
esta aparente mala uva de los protagonistas se va tornando en una relación
algo más que amistosa: un triángulo amoroso, con reminiscencias de El
Apartamento (intento de suicidio de la chica incluido), con un
inevitable final feliz. Y es que Allen demuestra, a sus sesenta y pico años,
que, en algún lugar entre Constantinopla y Magadascar (lugares clave en
la película), él sigue guardando secretamente la fórmula del buen
cine.
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