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Aunque la mayoría de
los socios fundadores de EN CADENA DOS vivimos a orillas del
Mediterráneo, en Valencia, tenemos un colaborador cuyo domicilio se
encuentra a orillas... ¡del Guadalquivir!, pero su espíritu es tan
mediterráneo como el nuestro. Cada mes os invita a acompañarle en el
análisis de un tema cinematográfico de actualidad.
LOS
ARGUMENTOS CINEMATOGRÁFICOS
(A
PROPÓSITO DE
“O BROTHER!”)
La cinematografía de los hermanos Joel y Ethan Coen en cada una de
sus manifestaciones, ocho películas hasta el momento, garantiza siempre
buen cine y dosis de originalidad, ya que representa una constante búsqueda
de nuevas formas en la narración, e
incrustadas en ellas, personajes alejados de los valores convencionales,
pero que irremediablemente terminan encontrando la complicidad de los
espectadores.
Sin lugar a dudas, los hermanos Coen son por encima de otras
consideraciones unos grandes contadores de historias. Su última película
O Brother!, estrenada en España en octubre del año 2000, una vez más
supone una agradable sorpresa para los seguidores de su filmografía. Los
críticos se han apresurado a subrayar el origen argumental de esta última
historia identificando a la Odisea homérica como fuente de inspiración.
Como ha ocurrido en otras ocasiones en la filmografía de estos cineastas,
el film parece tomar determinados componentes argumentales ya conocidos,
pero a partir de ellos la historia resultante supone una propuesta
original y llamativa para el espectador.
Ya
hace tiempo que teóricos e incluso cineastas como el propio Buñuel, han
venido señalando que los argumentos cinematográficos en realidad son
limitados en número, de tal manera que
las películas recrean o reproducen una vez y otra las mismas
historias. En un texto muy sugerente titulado La
semilla inmortal, los
profesores J. Balló y J. Pérez han identificado 21 temas universales que
las películas cuentan una y otra vez de mil maneras diferentes. Y uno de
ellos es precisamente el retorno al hogar: la vuelta del héroe. Concepto
que hemos visto muchas veces reflejado en las pantallas. Puede ser el
propio Ulises en la piel de Kirk Douglas en una clásica versión del
texto épico de Homero dirigida en 1954 por Mario Camerini. Y también
puede ser un soldado encarnado por John Wayne que regresa a casa en
Centauros del Desierto (The
Searchers, John Ford, 1956); o este Ulises de los hermanos Coen encarnado
por un acertado George Clooney que también realiza un largo viaje cuyo
destino final es su hogar familiar.
Lo que sí toman de forma explícita estos creadores
norteamericanos y recrean con un estilo muy peculiar, son determinados
componentes de la dramaturgia clásica griega, recogida por Aristóteles
en su Poética, como el uso de
canciones para anunciar próximas peripecias o la presencia perfectamente
definida del héroe, el antagonista, el tonto, e incluso del narrador
(precisamente un ciego).
Los hermanos Coen, habitualmente Ethan como productor y Joel como
director, siempre han situado sus historias en marcos inequívocamente
americanos. Así ha venido ocurriendo desde su primera película, Sangre
fácil, una interesante mirada al género del “thriller”, que ha
sido precisamente reestrenada en estas fechas en las pantallas españolas;
y posteriormente con trabajos como Arizona
Baby; Muerte entre las flores; Barton Fink; El gran Lebowsky; Fargo o
esta última en la que la acción transcurre en el estado de Mississippi,
durante la gran depresión económica de los años treinta. Y en esa
ambientación juega un papel relevante la música country.
De ahí que también se haya señalado por parte de los críticos el carácter
musical del film.
Situada por tanto en un
contexto muy concreto como es un estado sureño
en la época de la depresión norteamericana, situación por tanto
no fácil, la historia de los hermanos Coen toma la apariencia de un
cuento clásico, en el que los protagonistas –tres presidiarios no muy
espabilados-, parecen predeterminados por un destino que les conduce
irremediablemente, primero a pasar una serie de peripecias, entre las que
se incluye, una fortuna esquiva –son famosos sin saberlo-; la escena de
las ninfas; la conversión en sapo de uno de ellos; o el encuentro con un
cíclope que luego resulta ser miembro del Ku-Klux-Klan. Una especie de
recorrido con diferentes pruebas a superar.
La importancia de los números musicales que están integrados en
la historia y la peculiar coloración de la película, así como la poco
realista actitud de los personajes principales, interpretados de manera
poco contenida, al modo de los primitivos films, son elementos que
contribuyen a dotar de una narrativa peculiar a este trabajo. Otra
característica en la obra de los hermanos Coen viene dada por la
presencia continuada de algunos actores muy característicos. Así,
encontramos en este peculiar Ulises a artistas presentes en anteriores
films de estos hermanos, tal es el caso de John Turturro y
John Goodman.
La
revisión de géneros que estos creadores suelen presentar film tras film,
supone un interesante ejercicio de estilo que suele trascender los
aspectos estrictamente formales. La cultura cinematográfica que subyace a
sus propuestas enriquece en gran medida las lecturas e interpretaciones de
sus obras. Los hermanos Coen han reconocido expresamente la influencia del
film de Preston Sturges Los viajes
de Sullivan (1941) a la hora de escribir su último guión. En la
citada gran película, Joel McCrea interpreta a un director de cine que,
también en la época de la depresión, abandona el rodaje de una comedia
y se zambulle en los bajos fondos de la ciudad para adquirir experiencias
y poder rodar una historia realista que quiere titular O
Brother Where Art Thou? Que es el título original del film de los
hermanos Coen.
Más
allá de utilizar hallazgos formales de un gran director de cine como es
Preston Sturges, se trata de captar en este caso el inteligente sarcasmo
de las situaciones. Y hacer, en definitiva, que las historias trasciendan
los componentes argumentales, y lleguen a ser universales, es decir,
comprensibles por todos. Este es el mayor interés de las películas de
los hermanos Coen y a la vez su gran aportación.
Juan
de Pablos Pons
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