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Como cualquier
revista que se precie, la nuestra también tiene su sección dedicada a
las bandas sonoras. Habitualmente correrá a cargo de un nuevo
colaborador, Juan Francisco Álvarez, un mozo con muy buen oído... como
podréis comprobar en cuanto se quite los cascos y atienda las llamadas
telefónicas que le piden, insistentemente, su crónica musical para este
número.
Para
iniciar esta sección de “Ábrete de Orejas”, en la que haremos un
recorrido por la música de cine de ahora y de siempre, queremos reseñar
lo que dio de si el pasado IX Congreso Internacional de Música de Cine.
Se
dice que los años consolidan los grandes eventos y acontecimientos. No
creo que eso haya ocurrido en el caso del IX Congreso Internacional de Música
de Cine, pues si bien cuando empezó hace nueve años nadie hubiese
apostado por una larga vida para un acontecimiento de estas características,
ya que en la actualidad, la música de cine ha experimentado un boom de
grandes magnitudes que hubiera requerido que sus responsables se hubiesen
superado con una apuesta más innovadora (un programa más amplio, con
ponencias más atractivas y mejor preparadas, encuentros de aficionados,
un mayor número de compositores y con representación más variada,
etc.).
Evidentemente
más vale tener un congreso de música de cine en nuestra tierra a no
tener nada, máxime cuando el panorama en el resto de España no es muy
prometedor, si exceptuamos los encuentros de Sevilla, los seminarios de
Zarautz, las charlas y conferencias de la legendaria Asociación Balear de
Amigos de la Bandas Sonoras, los conciertos de música de cine que cada
vez se prodigan más en Barcelona, San Sebastián, etc. y las reuniones de
asociaciones (oficiales o no) que en Internet y en muchas ciudades de España
empiezan a generarse.
Este
año el plantel de compositores invitados al Congreso se reducía a los
españoles Alberto Iglesias, Álvaro de Cárdenas, José Solà, Angel
Illarramendi y el oscaraizado libanés afincado en Francia, Gabriel Yared.
Y eso no es todo, pues también se reducía el número de días del
congreso y la duración de las ponencias (de tres o incluso cuatro días.
que llegó a durar un año, este año se pasó a un solo día, la mañana
del viernes 20 y el concierto de la tarde del sábado 21). Hay que
destacar que este año la inscripción era gratuita y con ella se concedía
una entrada para el concierto, lo que hizo que el número total de
congresistas de este año fuese muy superior al de años pasados y que la
asistencia a las ponencias fuese realmente escasa, pues muchos aficionados
buscaban únicamente la obtención de una entrada gratis para el
concierto.
Pero,
pasemos a analizar lo que dio de si este noveno congreso. Empezó puntual,
con la ya habitual fría inauguración, en la que un ya trabajado (por los
rigores del protocolo, se entiende) Lluís Fernández excusó la pobre
presencia del Congreso de este año en la falta de medios humanos y tiempo
(no será más bien en un derroche económico –entre los asistentes se
especulaba con el caché del señor Yared- , en una falta de ganas y
dedicación a un evento que requiere un mimo especial,
en la no participación de uno de los asesores base de este
congreso, el musicólogo italiano
Sergio Bassetti, y en tantas otras razones). Sin más dilucidaciones se
dio paso a la primera ponencia a cargo del compositor Álvaro de Cárdenas,
madrileño de nacimiento aunque con una principiante formación musical en
Altea. Responsable de las sintonías de las series de TV: Juncal, Una
gloria nacional, Celia, etc y de las bandas sonoras de los films: Párpados
de Iván Zulueta, Niño nadie y Leo de José Luis Borau. Con sencillez,
explicó a los asistentes sus inicios en este mundillo de las bandas
sonoras, cómo se las ingenió para que José Luis Borau, conocido por su
aversión de poner música a sus películas, aceptase incluir algunos
cortes inicialmente y más progresivamente. No se proyectaron imágenes de
ninguna de las películas en las que compuso música, ni se escuchó ésta,
una lástima, pues hubiese sido una excelente tarjeta de presentación de
su trabajo.
A
continuación subió a la tarima el compositor vasco Angel Illarramendi y
con su espontaneidad y personal sentido del humor consiguió acaparar la
atención y devoción de todo el aforo. Habló de sus más recientes
trabajos y de la importancia que para el supone encontrar el tempo de una
película ya que a partir de éste, empieza a crear la música que
requiere el film, ya sea con gran orquesta o con unos pocos instrumentos.
así mismo evitó entrar en la polémica de su score rechazado para La
Lengua de las Mariposas, en el que fue sustituido por Alejandro Amenabar.
El veterano
compositor José Solá siguió, después de una brevísima pausa, con el
estricto orden de ponencias. Aunque ya se contó con su presencia el año
pasado, regresó este año con una ponencia que fue más de lo mismo, las
mismas anécdotas, los mismos ejemplos sonoros, etc, pero que le sirvió
para anunciar a los congresistas (días anteriores se hizo una presentación
para la prensa) la edición por la Mostra de dos CDs recopilatorios con su
música (versiones grabadas directamente de los LPs y singles, con todos
sus clicks y ruido de fondo, cuya única valía estriba en tener un histórico
y legendario material sonoro de pésima calidad de grabación – ¿tanto
costaba haber limpiado el sonido y ofrecer un producto más digno?)
La ponencia
de Alberto Iglesias era tal vez la más esperada y desgraciadamente también
fue la más corta del Congreso. Éste compositor conocido por sus
excelentes trabajos para el cine de Julio Medem: Vacas, La ardilla roja,
Tierra y Los amantes del Círculo Polar, y para el más reciente cine de
Pedro Almodóvar: La flor de mi secreto, Carne Trémula y Todo sobre mi
madre, fue también muy modesto en sus planteamientos y evito también
pronunciarse acerca de la ruptura de Almodóvar con Bernardo Bonezzi, músico
al que Iglesias sustituyó. Reconoció que no le molesta aceptar la
inclusión de canciones en las bandas sonoras para las que él pone la música
y confesó sentirse también muy a gusto en la composición de música
para ser vista con los ojos cerrados, es decir, música no cinematográfica.
Alberto
Iglesias no abandonó la tarima y junto con Luis Ivars, compositor
alicantino conocido por su excelente trabajo para Tabarka, presentaron la
asociación de compositores de música para
audiovisual, Musimagen, de la cual éste último es su presidente.
Esta iniciativa surgió a raiz del VI Congreso Internacional de Música de
Cine, en el que coincidieron además de Luis Ivars, Carles Cases, Eva
Gancedo, y Juan Carlos Cuello, como una oportunidad de que unidos puedan
defender sus intereses, intercambiar conocimientos y experiencias,
propiciar un foro de encuentro y debate, ser escaparate de sus creaciones,
etc. Además sirvió para que Luis Ivars hiciese pública su preocupación
y malestar por el actual congreso, comunicando que ya se lo había hecho
saber a Lluís Fernández, así como su ofrecimiento en nombre de
Musimagen para futuras ediciones de la Mostra.
Finalmente
llegó el turno de la ponencia del Señor Yared. Presentada y dirigida por
Alain Garel, se hizo un recorrido por toda su trayectoria profesional,
desde sus inicios hasta la actualidad adornada con breves fragmentos de su
música que el propio Yared se permitía en cortar y remitir a que se
escuchasen en el concierto prefiriendo comentar como fue su trabajo en
esos proyectos. Gabriel Yared intentó aclarar que el oscar conseguido no
le había cambiado lo más mínimo aunque si reconoció que había caído
en un encasillamiento por parte de la industria americana de compositor
melodramático amoroso con triste final, del que deseaba desencasillarse.
La ponencia se desarrolló a un ritmo trepidante llevando a su fin al IX
Congreso Internacional de Música de Cine, con una clausura más bien
informal y con la entrega de diplomas en el hall por operarios de la
Mostra.
Una vez más
la tremenda desorganización y la mala imagen dada fue la nota
predominante de este congreso. La reducción a un solo día de ponencias
hizo que estás fuesen agobiantes e incompletas ante tanta celeridad y
cumplimento de estrechos márgenes horarios. Esperamos que Lluis Fernández
como director de la Mostra y Joan Padrol como asesor hayan aprendido de
una vez por todas la lección y reflexionen y actúen en consecuencia con
vistas al X Congreso. Conseguir un buen congreso no es difícil si se
ponen ganas e ilusión, y tal vez esto es lo que ahora más les falta.
Como
siempre, lo mejor del Congreso fueron las comidas y cenas que de manera
informal y sistemática se organizan todos los años entre los aficionados
y congresistas venidos de todas partes de la geografía española.
Reuniones que sirven como foro de encuentro y opinión y en las que
siempre está presente la alegría y el buen humor. Todos juntos formamos
la gran familia de aficionados a la música de cine.
Y
como plato fuerte de este Congreso, solo restaba el Concierto de Gabriel
Yared con la Orquesta Sinfónica del Mediterráneo (que sustituía a la
habitual Orquesta de Valencia que se encontraba de gira). El amplio
programa en el que se hacia un repaso a todas sus obras más conocidas
hizo que el concierto tuviese una agradecida duración, y aunque no hubo
bises y la orquesta y solistas no brillaron excesivamente, se puede decir
que fue un concierto notable con algunos momentos de brillantez.
Bien cierto
es que la música de Gabriel Yared es una música inteligente y profunda,
y no es de fácil audición, por ello se hace difícil el realizar una
acertada elección de las piezas a interpretar ante el gran público. En
la primera parte la elección no pudo ser más acertada y así un
excelente inicio con Betty Blue, composición que le hizo famoso fuera de
Francia, fue seguido por piezas tan memorables como Moon in the gutter,
Map of the human Herat, las inconfundibles notas de El Amante, o la
comercial City of Agels, para terminar con una commovedora Camille Claudel,
una pieza a redescubrir. El esquema de la segunda parte, que vino después
de la consabida entrega de la distinción de honor de la Mostra y del
Ayuntamiento de Valencia por parte de la concejala de cultura –memorable
escena- , fue un calco de la primera, principio y fin con obras de gran
fuerza y conocidas por todos. Así, arrancó con El Paciente Inglés, con
la participación de una soprano en el tema de los títulos iniciales,
seguida por La Romana, una composición un tanto desconocida por muchos
pero de gran sensualidad con ese toque jazz susurrante. Luego le siguieron
una pieza escrita para ballet, Clavigo, y las sobradamente conocidas El
talento de Mr Ripley, Mensaje en una botella, para cerrar el programa y el
concierto con tres cortes de su composición para la película IMAX, Wings
of courage, entre los que destacó la excelente interpretación del Waltz.
Los
aplausos arrancaron con fuerza del público, aunque no como otras veces en
algún que otro concierto de música de cine realizado a el Palau de la música:
De echo, extrañó que no hubiese ningún bis, aunque el público no
pareció en ningún momento pedirlo, pues se levantaron de sus asientos
nada más finalizar la última pieza. –sería tal vez el fútbol, seria
que Yared no levanta las mismas pasiones que Bill Conti, Michel Legrand o
Maurice Jarre entre el gran público, o seria por que este no sabe
apreciar la música de cine -”¿Pero
quien es este compositor moro?”-. ¿Quién sabe?
Realmente
fue un gran acontecimiento, claro está, no a la altura de otros –Goldsmith,
Williams, Barry, Morricone, etc- pero si una excelente oportunidad para
disfrutar de música de cine de calidad. Y desde aquí sirvan estas líneas
para reivindicar más conciertos de música de cine en nuestra ciudad, y
no esperar a la Mostra para poder disfrutar de ello una sola vez al año.
Y hasta aquí
dio de si el IX Congreso Internacional de Música de Cine. Esperemos que
podamos contar con una nueva y mejor edición el año que viene, y que
desde aquí podamos contarlo.
Hasta
pronto
Juan
Francisco Alvarez
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