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La
novela de Javier Cercas, del mismo título, inspira a David Trueba en
su tercera producción donde el joven cineasta construye un relato
que nos habla de sentimientos y emociones de gentes sencillas y otras no
tanto, en el marco de los últimos años de la guerra civil. Aunque el
director afirma que no se puede adaptar una novela ni él lo pretende, lo
que sí desea es trasladar la atmósfera del relato y crear una nueva obra
fílmica. La verdad es que la película es bastante fiel a la novela en lo
que al argumento se refiere, con algunas variaciones poco significativas y
probablemente interesadas, puesto que sustituye al protagonista masculino
de la historia por su mujer Ariadna Gil, quizás por aquello del
supuesto toque intimista y sentimental de los personajes femeninos.
La narración se sucede en dos planos: el presente de una escritora y
profesora universitaria que se encuentra bloqueada profesional y
sentimentalmente e inicia una investigación sobre el fundador de la
Falange, Rafael Sánchez
Mazas. La necesidad de verificar la autenticidad de un episodio en el que
Sánchez Mazas huye de un
fusilamiento y se esconde en los bosques de Gerona donde es ayudado por
otros fugitivos del bando republicano, incita a la escritora a indagar en
los personajes que participaron en los sucesos del pasado.
Los acontecimientos de este segundo plano hacen avanzar la historia
y dan sentido al presente de la protagonista.
El
montaje de Raúl Lasvignes y el guión de David Trueba articulan a la
perfección los dos tiempos, en los que se insertan secuencias procedentes
de documentos cinematográficos sobre la guerra civil, para ilustrar los
pensamientos de la protagonista y el estado de su investigación. El
blanco y negro y el color diferencian pasado y presente respectivamente.
Lo mejor son los primeros planos y las miradas de los actores,
especialmente las que cruza Ramón Fontseré, que interpreta a Sánchez
Mazas, con el joven miliciano que le perdona la vida. La reconstrucción
de esa geografía de los recuerdos y los sentimientos es posible gracias a
la fotografía impecable de Javier Aguirresarobe, que ofrece
superposiciones sugerentes de los bosques pirenaicos donde el color y el
negro se funden.
La galería de
personajes se enriquece con la participación de las personas reales que
participaron en la anécdota que activa la trama argumental. Vemos y oímos
a los “amigos del bosque” Joaquín Figueras y Daniel Angelats y al
hijo del fallecido Jaime Figueras. Todo ello confiere al filme cierto tono
de documental que no es fundamental, pero da verosimilitud a la expresión
de las emociones de los hombres en situaciones extremas, que es de lo que
se trata. La película, como la novela, provoca cierto sentimentalismo y
va directa a la sensibilidad de los espectadores, que está bastante
tocada en estos días de guerras injustas e invasiones aliadas en Irak. No
debemos olvidar a María Botto, estupenda en su personaje de Conchi, cínica
y transgresora, que en ocasiones hace palidecer el protagonismo de Ariadna
Gil. Que me perdonen los fans de ésta última, pero algunas de sus frases
son tan poco convincentes que nos sacan de la historia. Y de quicio también.
Gloria
Benito
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Título:
Soldados de Salamina
Título
Original: Soldados de Salamina
País
y año: España, 2003
Género:
Drama
Dirección:
David Trueba.
Interpretes:
Ariadna Gil. María Botto. Ramón Fontserè.
Guión:
David Trueba.
Producción:
Andrés Vicente Gómez.
Distribuidora:
Lola Films
Calificación:
No recomendado menores de 13 años.
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