Heist, el último golpe
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El mejor ventrílocuo de hoy

Como en la vida, en el robo no todo se puede tener controlado. Hay algo que puede hacer cambiar las cosas: llámese Dios, el destino o la suerte.Si se realiza un plan excesivamente meticuloso, tanta fijación en los detalles provoca errores de bulto y, aunque se vayan pensando varias hipótesis y sus consiguientes soluciones, el descontrol se apodera de la situación dejándolo todo en manos del azar. Ese fallo en un robo es el síntoma, es el punto de partida de una espiral de complicaciones que van vivir unos ladrones que buscan su finiquito en forma de lingote de oro. El que se suponía iba a ser el último golpe para el grupo de Joe Moore –apellido que pide más- (Gene Hackman), se convierte en una jugarreta de su habitual tasador, encubridor y comprador Bergman (Danny DeVitto), que le fuerza a realizar uno más. Un tono crepuscular que se emparenta con el mostrado por Clint Eastwood en sus últimas películas. Como en la vida, en el robo no todo se puede tener controlado. Hay algo que puede hacer cambiar las cosas: llámese Dios, el destino o la suerte. No existe el control absoluto, ni se puede tener todo: el dinero, los amigos, la chica joven o la libertad. Algo falla.

No son Robin Hood, pero lo cierto es que procuran no hacer daño a nadie, por eso deseamos su éxito; no reparten el botín, pero tampoco es que ellos vivan como reyes. No son Robin Hood, pero lo cierto es que procuran no hacer daño a nadie, por eso deseamos su éxito; no reparten el botín, pero tampoco es que ellos vivan como reyes. Son ladrones –por lo que, en cierto modo, deben pagar su delito- de guante blanco que huyen de la violencia, leales y fieles entre ellos, sumidos en un mundo de, codicia, chantaje y traición. “El amor mueve el mundo. El amor al dinero”. Tanto amor les lleva al robo, al juego, las trampas y, sobre todo, a las mentiras. Mentirosos profesionales como Bobby Blanc (Delroy Linddo), segundo de Joe, que tiene a su mujer convencida de que se ha ganado el dinero durante toda su vida con los soplos de los tongos en combates de boxeo. Son tipos que “Con su pico de oro podría vender una nevera a un esquimal”, tan liantes y embaucadores como su creador. Como ya hiciera con La casa de juegos, David Mamet nos cuenta una gran mentira, un gran robo lleno de trucos, en el que no importa la credibilidad de lo que vemos, ni lo que se nos omite para intentar sorprendernos. Lo que verdaderamente importa es la vida de esos tipos de lengua afilada que nos hacen gozar con sus comentarios.

Entre tantos giros y trampas destaca un muy torpe tiroteo, a medio camino de la carencia del realizador en la acción y del deseo de buscarle un sentido humano y realista Tiene las peculiaridades del subgénero “el último y nos retiramos”: preparación, robo, reparto del botín, tiros y engaños. Entre tantos giros y trampas destaca un muy torpe tiroteo, a medio camino de la carencia del realizador en la acción y del deseo de buscarle un sentido humano y realista en oposición a las acostumbradas espectacularidades. Sin embargo, lo más destacable, por sorprendente, es el varapalo que Mamet proporciona a la seguridad en los aeropuertos, chantajeando a una de las controladoras del acceso, robando el cargamento de un avión Suizo (¡por dos veces!) y escapando del recinto aun habiendo saltado las alarmas. Es más, justo antes de entrar, cuando Joe chantajea a la controladora, la foto de la portada del periódico que lleva Pinkey Lineus (Ricky Jay) es la silueta de una ciudad (me atrevería a decir que Nueva York). La verdadera sorpresa, y casi terror, viene cuando uno se entera que Heist fue presentada en el Toronto Film Festival el 10 de septiembre del 2001, posteriormente en el de Boston el 13 de ese mismo mes y estrenada oficialmente el 9 de Noviembre. Tan asombrosa resulta la videncia de (Nostra)Mamet como que no entrara en el saco de los estrenos aplazados de aquel momento en Estados Unidos.  

“Tiene los nervios tan templados que para dormir las ovejas le cuentan a él”. Esa es su esencia, los diálogos. David Mamet crea unos personajes que se insertan en un mundo propio -algo similar sucede con los de Woody Allen o de los hermanos Coen-, casi imposibilitándonos recordar sus lugares de procedencia. No estaría nada mal que los juntara a todos –como hace Kevin Smith con los suyos- en una misma película. No importaría que no hubiera acción. Tampoco que no hicieran nada. Solamente tendrían que hablar, por no callar. La definición o síntesis de su cine y, más en concreto, de esta película podría darse con: “Tiene los nervios tan templados que para dormir las ovejas le cuentan a él”. Esa es su esencia, los diálogos. Herencia directa de los grandes de la novela negra, de Hammet o Chandler, que se desmarcaban con cosas como: “La habitación estaba más vacía que una nevera vacía”. En El último golpe, como su cartel muestra, el resultado es un imperfecto rompecabezas, disfrutable por su violencia e ironía de luminoso cine negro.

Israel L. Pérez

Título: El último golpe
Título Original: Heist
País y año: EE.UU. , 2001
Género: Drama
Dirección: David Mamet.

Interpretes: Gene Hackman. Delroy Lindo. Mark Camacho. Ricky Jay. Rebecca Pidgeon. Danny De Vito. Sam Rockwell.

Guión: David Mamet.

Producción: Andrew Stevens. Art Linson. Don Carmody.

Música: Theodore Shapiro.

Montaje: Barbara Tulliver.

Distribuidora: Manga FilmsManga Films

Calificación: No recomendado menores de 13 años.

 

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