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FARENHEIT
451
El
mundo soñado por Ray Bradbury y convertido en imágenes por François
Truffaut en Fahrenheit 451 no
“es”, o representa, hoy el mundo del futuro. No, la imagen dominante,
muchas veces inútil, está desde hace tiempo entre nosotros. Su
presencia, su supremacía, impide a veces el pensar. Lo que no existen son
bomberos, como en la obra y película citada, que nos obliguen a quemar
todo aquello que sirva para llevar cultura. No hace falta ya que existen
otras formas indirectas por las que se obliga a los “visionarios” a
cumplir determinadas leyes o formas de conducta. Lo económico, por
ejemplo, venga de donde venga, “ordena” lo que debemos hacer. Truffaut
en el comienzo de su importante filme dejaba las cosas claras. Allí, los
títulos de crédito eran sustituidos por una voz que enumeraba a los
principales técnicos e intérpretes de la película. La imagen que se
mostraba, en esos momentos, era la de unos tejados repletos de antenas de
televisión: ansia, o necesidad apremiante, de mirar.
Pero
no deseo aquí hablar de la película del director francés como
reflejo-crítico de un mundo cercano, ni siquiera deseo ahora discursear
sobre la desinformación a la que estamos sometidos ante la avalancha de
imágenes (contradictorias) que nos bombardean sin piedad. Algo
aparentemente ilógico, pues deberíamos ser capaces de acceder con mayor
facilidad a la información. No es así. Basta con “mirar” lo que
recibimos para darnos cuenta de esa enigmática y oscura realidad.
Lo
que me interesa destacar, en este momento, del mundo de Fahrenheit
es el impresionante despliegue visual que señalizan las imágenes de
aquella obra. Un mundo, aquel, que está en el hoy: en cualquier ambiente
aparece la “dominación” de las imágenes atrayentes, envolventes. Las
paredes, en la película y en la novela, eran una gran pantalla. Los
sistemas más sofisticados de imagen y sonido eran utilizados por los
habitantes de aquel futuro imperfecto. Un mundo que se identifica con el
de aquí. Para bien o para mal las casas, los cines, los sitios de ocio
son invadidos por impresionantes imágenes audiovisuales. Y eso que
estamos aún en los comienzos de la gran revolución del audiovisual.
Durante
el último año el sistema rey del momento (¿definitivo?) ha conseguido
extenderse ampliamente. Es el mundo del DVD, que se ha impuesto con el
acompañamiento de las grandes pantallas televisivas de formato panorámico.
Todo ello se genera como resultado del apogeo de lo digital. El número de
títulos editados en DVD en este año ha aumentado en un 92% con respecto
al año anterior mientras que las ventas durante el primer semestre del año
subieron en un 236%. Al mismo tiempo las ventas de películas en VHS
descendió en un 32 %. Muchas películas se lanzan antes en DVD que en
VHS, y en caso de editarse al mismo tiempo la cantidad de copias de ambos
sistemas es parejo.
Los
días del VHS están contados. Pasará igual que cuando el sistema Beta
fue prácticamente barrido por el VHS. Un DVD no se queda exclusivamente,
además, en un sistema reproductor de películas. Da mucho más juego,
como por ejemplo (en varios casos) el poder
coordinarse con el ordenador, la consola de juegos o simplemente
convertirse en un reproductor de música. Un aparato, pues, con muchísimas
prestaciones.
Por
lo que se refiere a la lectura de películas, el DVD tiene muchísimas
ventajas con respecto al VHS. Estamos en el campo de lo digital tanto en
lo que se refiere a la imagen como al sonido. Bien es verdad que en muchos
casos no se saca ni a una, ni a otro la mitad de sus verdaderas
prestaciones. Un televisor diminuto, rectangular, un sonido defectuoso no
dejan apreciar todo lo que el sistema DVD puede dar de sí. Con cuatro o
cinco altavoces, con la obtención de un sonido Dolby (en las “casas”
más selectas, podría ponerse en los letreros del CD igual que aparece en
los letreros de las películas al proyectarse en sala) tendremos casi,
casi el cine en casa.
De
todas las maneras, nosotros seguimos prefiriendo ver el cine en una sala.
Quizá somos de otra época y, por eso, nos cuesta adaptarnos al concepto
de individualidad que se genera con el nuevo sistema casero. Preferimos lo
colectivo, lo social, a lo individual, a lo particular. Pero los locales
de proyección dejarán de ser, también, lo que hoy son. Y no a muy largo
plazo. La película en “celuloide” real, tal como pasa por el
proyector en la sala, será muy pronto sustituida por una especie de
ordenadores, el cual recibirá, simplemente, la señal que se le envía
desde un estudio central y que se puede corresponder con la propia
productora. De esa forma miles de salas distribuidas a lo largo y ancho
del mundo podrán dar a conocer al mismo tiempo un filme (o como se quiera
llamar entonces). Cuando eso ocurra no habrá ningún obstáculo para
“saltar” a la proyección casera: el salón de estar o una habitación
cualquiera convertidas en una sala de exhibición.
El
DVD ha triunfado a escala mundial. Incluso uno de sus “peros” ha sido
subsanado: ya existen aparatos grabadores. ¿Qué más se puede pedir? Los
DVDs se someten también a la ley de la demanda más inmediata ofreciendo,
además de la película, múltiples extras. El precio de venta es aún
caro. Un CD no tendría que serlo más que una cinta de VHS. De hecho hay
países donde son muy parecidos los precios entre ambos formatos. Hoy,
también, va aumentando progresivamente el espacio de alquiler de los CD
en las tiendas de vídeo. El mayor obstáculo, siguen siendo, como en el
VHS, los diversos sistemas de reproducción: las llamadas zonas. Los
lectores con mayor número de prestaciones, y por tanto los más caros,
pueden leer los DVDs de cualquier país. De no ser así los CD de Zona 1
(América) no podrán ser leídos en la Zona 2 (Europa) y viceversa.
Lo
que no nos gusta de algunos DVD es su discutible sentido del humor. Y es
que no podemos entender la razón por la cuál algunos extras se
encuentran “escondidos”. Sólo descubriendo la “llave” (el código,
el enigmático enigma...) se puede acceder a esa información. Algo que
nos suena a tomadura de pelo a formar de perder un tiempo precioso. Quizá
lo agradezcan gente ociosa, aficionado a los juegos tipo ordenadores, a
los “enganchados” a estos artilugios.... Nosotros nos apeamos de ese
tren. No nos interesa. El cine y su mundo es algo muy distinto al que se
pretende vender con ese, poco gracioso, jueguecito.
El
mundo de la imagen sigue en expansión. El cine con toda su grandeza está
invadiendo, para bien y para mal, nuestras casas. No es una historia de
ciencia ficción. Sí es, por el contrario, una historia de este tiempo
que nos ha tocado vivir.
Adolfo
Bellido López
(director
de EN CADENA DOS).
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