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Aunque la mayoría de
los socios fundadores de EN CADENA DOS vivimos a orillas del
Mediterráneo, en Valencia, tenemos un colaborador cuyo domicilio se
encuentra a orillas... ¡del Guadalquivir!, pero su espíritu es tan
mediterráneo como el nuestro. Cada mes os invita a acompañarle en el
análisis de un tema cinematográfico de actualidad.
JACK LEMMON SOY YO
Por
Juan
de Pablos Pons
Todo
empezó en Boston, un ocho de febrero de 1925. Su padre tenía una empresa
de bollería. Su físico normal y corriente. Estudió arte dramático en
la Universidad de Harvard. Combatiente en la Marina durante la Segunda
Guerra Mundial. Actuó como pianista en bares, intervino en la radio, en
el teatro y en televisión. Todo esto parece una trayectoria común a
muchos actores y cómicos. Sin embargo, estamos hablando de un genio. John
Uhler Lemmon III, conocido en todo el mundo como Jack Lemmon, ha sido uno
de los actores más brillantes y versátiles del cine norteamericano. Y ha
sido un actor genial porque por encima de los roles que le pedían los
guiones, su gran humanidad ha dado forma a un personaje que hemos visto en
múltiples películas y que se llama Jack Lemmon. Ha creado un tipo humano
que puede ser cualquiera de nosotros. Que nos simboliza. Una buena persona
que intenta llevar una vida tranquila, pero que la civilización moderna o
la condición humana de nuestra especie le enfrentan a problemas las más
de las veces bastante complicados. Sus personajes, siempre decentes, han
pasado a nuestro imaginario colectivo como la encarnación de la dignidad,
a pesar de todas las dificultades o incluso ante el fracaso.
La
filmografía de Jack Lemmon es impresionante. Desde sus inicios con el
director George Cukor en la comedia Una
rubia fenómeno (1954) con Judy Holliday. La serie de películas
realizadas con Richard Quine, Operación
Mad Ball, Me enamoré de una bruja, Cómo matar a la propia esposa y
La misteriosa dama de negro, son representativas de la mejor comedia
americana. Y las siete realizadas bajo la dirección de Billy Wilder: El
apartamento, Con faldas y a lo loco, Irma la Dulce, En bandeja de plata,
¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre?, Primera plana y Aquí, un
amigo, están sin ninguna duda entre las obras maestras del cine
contemporáneo.
El
director Billy Wilder, en el libro Nadie
es perfecto, se refiere a este gran comediante en los siguientes términos:
“Lemmon es un actor que por su naturaleza y su aspecto no podía ofrecer
mucha resistencia a un argumento. En Con
faldas y a lo loco pudo interpretar esta debilidad de un modo
maravilloso en contraste con Tony Curtis, que una y otra vez le impone su
voluntad, le abrocha el abrigo, lo convence para que le dé el collar de
diamantes, y tan pronto le hace creer que es una chica como que es un
hombre. Un actor como Lemmon necesita la farsa como oposición. O grandes
conflictos decisivos como en El apartamento.”
En
el año 1955 obtuvo su primer Oscar como mejor actor secundario, por su
trabajo en la película Escala en
Hawai. Películas como Días de
vino y rosas, El síndrome de China o
Salvad al tigre, mostraron la faceta dramática de este inmenso actor.
La terrible zarpa del alcoholismo, la dura hipocresía de las empresas
nucleares o la infelicidad de un empresario fracasado también las
sufrimos en el rostro de Jack Lemmon. Por la última, obtuvo en el año
1973 su segundo Oscar, ya como actor principal. Fue nominado en ocho
ocasiones. Dos años antes había realizado su única película como
director, Kotch (1971).
Sin
embargo, posiblemente todos le recordaremos siempre como el padre del
periodista norteamericano Charles Horman, secuestrado, torturado y
asesinado en las primeras semanas del golpe militar que derrocó en Chile
al gobierno democrático de Salvador Allende. La actuación de Lemmon como
el confiado ciudadano norteamericano que cree que los representantes de su
país le van a ayudar a encontrar a su hijo, y que progresivamente toma
conciencia del horror de lo que está sucediendo y de la complicidad de
sus compatriotas en las barbarie de un golpe militar, resulta conmovedora.
El film de Costa Gavras, Desaparecido,
ha pasado a la historia como un ejemplo paradigmático del valor del cine
para denunciar la injusticia que supone el uso de la fuerza para imponer
unas ideas sobre otras.
Con
Jack Lemmon hemos sido cómplices en la conquista de maravillosas mujeres
como Shirley McLaine, Lee Remick o Juliet Mills. Hemos comprendido la
inexplicable atracción de La extraña
pareja que desde 1968 formó con Walter Matthau. Pareja que lo fue en
el cine hasta en ocho ocasiones. También con Lemmon nos hemos involucrado
en algunas razones del transformismo en Con
faldas y a lo loco. Y hemos padecido la amargura personal de la
tragedia encarnada en la gente corriente con sus papeles escritos por
David Mamet (Gren Garry Glen Ross)
y Raymond Carver (Vidas cruzadas).
El
27 de junio de 2001 Jack Lemmon nos ha dejado para siempre. Felicia Farr,
su viuda, Shirley McLaine, Kirk Douglas y Billy Wilder entre otros le
despidieron en el mismo cementerio donde está enterrada Marilyn Monroe,
su compañera en Con faldas y a lo loco. Las agencias de noticias nos han contado que
en el último adiós fue recordada una frase que Lemmon utilizaba como
amuleto al ir a rodar una escena “tiempo mágico”, que ilustra la
ilusión con la que este maravilloso actor vivía su trabajo. Descanse en
paz, quien nos ha hecho vernos en la pantalla de cine, desconcertados por
los vaivenes de la vida, pero sobreviviendo siendo una buena persona. Lo
que él era en realidad.
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