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Como cualquier
revista que se precie, la nuestra también tiene su sección dedicada a
las bandas sonoras. Habitualmente correrá a cargo de Juan Francisco Álvarez, un mozo con muy buen oído... como
podréis comprobar en cuanto se quite los cascos y atienda las llamadas
telefónicas que le piden, insistentemente, su crónica musical para este
número.
LA
MÚSICA DE JOHN CARPENTER
Por
Juan
Francisco Álvarez
Actualmente
se prodiga mucho en el séptimo arte la doble faceta compositor-director.
Si bien en algunos casos ésta se debe a una falta de presupuesto que
impide buscar un compositor que realice la banda sonora de la película,
en otros casos se debe a la iniciativa del director de que nadie mejor que
él puede componer una música que se adapte perfectamente a sus imágenes.
Ni un caso ni el otro justifican que ambas facetas recaigan en la misma
persona, pues ya lo reza un famoso dicho “zapatero a tus zapatos”.
Sin
embargo, muchos han sido y son los directores que por unas razones u otras
han compuesto la música de sus películas: Charles Chaplin, Clint
Eastwood, Woody Allen, Mike Figgis, Frank Laloggia (La
dama de blanco), Dick Mass (El
ascensor), Al Festa (Fatal
Frames), Alejandro Jodorowsky (El
topo), Cyril Collard (Las noches
salvajes) y cómo no, también en nuestro país se encuentran Antonio
Pérez Olea que dirigió y compuso la música de sus propios cortometrajes
o nuestro famoso director novel Alejandro Amenábar (Abre
los ojos, Tesis, Los otros).
Como
compositor, John Carpenter reconoce en unas declaraciones: “Yo era el compositor más rápido y barato que pude conseguir”.
Y el hecho de ser a la vez director y compositor hace que su música sea
funcional y nada brillante, únicamente compone la música que sus imágenes
necesitan sin ningún tipo de alarde ni concesión. Y por supuesto lo más
económica posible, con lo que no encontramos ni grandes orquestas ni
portentosos intérpretes, sino sintetizadores y música electrónica que
pierde todo su interés si se escucha fuera de las imágenes que acompañan.
A pesar de todos estos peros, hay que reconocer que su música se adapta
perfectamente a las imágenes y está muy por encima de la música que de
estas características (música de sintetizadores para películas de
terror) se realiza en nuestros días. John Carpenter sabe que no es un
buen compositor y reconoce sus limitaciones, pero desde su modesta posición
no ha renunciado con el tiempo a perfeccionar su labor musical e ir
introduciendo nuevos conceptos en sus partituras. Carpenter no ha
compuesto música de cine para otros directores (a excepción de la música
para las secuelas de su aclamada Halloween)
y sí que ha recurrido a otros talentosos compositores (Ennio Morricone,
Jack Nitzsche, etc) por él admirados, cuando el presupuesto o las
pretensiones se lo han permitido.
La música
de John Carpenter se caracteriza por crear unas atmósferas llenas de
misterio y terror con una base rítmica bastante repetitiva, fundamentada
la mayoría de las veces en un esquema de pocas notas que se repiten una y
otra vez, con ligeras variaciones. Todo esto, sin orquesta, sin papel
pautado, sino directamente con un teclado, un video y monitor para ir
montando al mismo momento que se va componiendo el acompañamiento
musical.
John
Carpenter se inició muy pronto en el cine rodando sus propios
cortometrajes, muy a pesar de los deseos de su padre, violinista y
profesor de música en la Western Kentucky University, que esperaba que su
hijo se dedicase a la música. De hecho, éste inició sus estudios
musicales en la escuela de su padre y llegó a formar un pequeño grupo
musical –Couple
de Ville – junto con Tommy Lee Wallace y Nick Castle. Tocaban en
numerosas fiestas canciones pegadizas y el rock de la época, sin embargo
John se alejó de este mundillo para centrarse más en el cine. Pronto pasó
a escribir, dirigir y componer la música de sus cortometrajes. Con tan
solo 22 años consigue el oscar por su cortometraje La
resurrección de Bronco Billy y le supuso un gran empujón para
lanzarse a dirigir su primer largo, Dark
Star (Estrella Oscura), pero
la falta de presupuesto hará que sea él mismo el que componga la música
para este film. Compone una partitura con música electrónica (con un
teclado repite un leitmotiv de dos notas) llena de numerosos efectos de
sonido y con ciertas pinceladas country, presentes sobretodo en la única
canción presente en el film. Esta banda sonora posee una descuidada edición
en compacto que se hace insufrible ya que incorpora diálogos, efectos y
la cochambrosa música de John Carpenter.
Después
vendría Asalto a la comisaría del
distrito 13, en la que compone dos únicos temas que se repiten
insaciablemente en toda la película creando esa atmósfera claustrofóbica
y delirante, pero que poseen una factura más madura que su anterior
composición. Supondría el inicio de un estilo propio que repetirá
constantemente a lo largo de toda su filmografía. En esta ocasión estuvo
ayudado en la composición por el ingeniero de sonido Dan Wyman.
Con su
siguiente película, Halloween,
vino el reconocimiento del público en su labor de director, aunque también
como compositor, a pesar de que su partitura no es ninguna proeza. El tema
principal está inspirado según Carpenter en un ejercicio de bongos
propuesto por su padre en 1961 con un ritmo de 5/4, y básicamente se
trata de la repetición obsesiva de cuatro notas al piano. Nuevamente se
repiten las constantes de su música: sintetizadores, uno o dos únicos
temas, repetición hasta la saciedad, atmósferas tenebrosas y obsesivas y
la colaboración nuevamente de Dan Wyman.. Todo ello no ha impedido que se
haya convertido su tema principal “Halloween’s Theme” en un tema
mundialmente conocido y presente en numerosas recopilaciones de temas de
terror.
Carpenter
accedió después de este portentoso éxito de público, a una obra de
encargo, Elvis (1979), y tal vez
por este motivo y porqué se contó con mayor presupuesto, se buscó al
compositor Joe Renzetti (especialmente conocido por su partitura para Poltergeist III) para componer la música de este film.
Con
La Niebla (1979), Carpenter
realiza una de sus mejores partituras hasta el momento, sintetizador y
piano son capaces de crear angustia y pánico en el espectador. Temas como
“Matthew Ghost Story”, “Reel 9”, “Walk to the lighthouse”,
rozan la perfección en la sincronía de música e imágenes. La edición
en compacto de esta banda sonora apareció con cuatro años de retraso
respecto a su estreno cinematográfico, aunque posteriormente en el 2000
hemos tenido la oportunidad de saborear nuevamente esta música en una
versión expandida gracias a la casa Silva Screen.
En 1980,
con 1997, rescate en Nueva York,
John Carpenter iniciaría una prolífica colaboración con Alan Howarth,
en la que Howarth siempre aparecerá a la sombra de John Carpenter, hasta
que finalmente continuará su carrera en solitario.
Alan
Howarth era hasta entonces un ingeniero de sonido
que trabajaba en películas de la serie de Star Trek o La caza del
octubre rojo, y que ejerce sobre John Carpenter buenas influencias y
así permite una mayor madurez musical en las ideas de éste, creando
composiciones cada vez más logradas y de mayor calidad.
Juntos
componen: 1997, rescate... (con
las mismas características musicales suscritas hasta la fecha: música
funcional y atmosférica, tema principal de fácil retención y repetido
insaciablemente con variaciones o sin ellas, una canción, sintetizadores,
etc..), Christine (banda sonora
plagada de numerosas canciones rock de la época seleccionados por el
propio Carpenter, y una pobre música incidental compuesta por ambos, que
no vería una cuidada edición sin las canciones hasta mucho más tarde), Golpe en la pequeña China (música rock con ciertos toques
orientales muy en la línea del film y que suponen un progreso musical
sustancioso respecto a sus primeros trabajos ya que en este caso se cuenta
con numerosas melodías y una amplia versatilidad de registros frescos y
novedosos), El príncipe de las
tinieblas (la música rinde homenaje al gran James Bernard y su música
para las películas de la Hammer, posee leitmotivs para diferentes
personajes, coros, variadas melodías, atmósferas tenebrosas creadas a
partir de gritos, susurros, viento, chirridos metálicos, etc y en
definitiva una banda sonora de una calidad depurada) y por último ¡Están
Vivos! (última colaboración entre ambos hasta la fecha en la que
nuevamente se recupera la ausencia de melodía, proliferación de efectos
de sonido, ritmos acentuados
y repetitivos, etc)
Aunque
Carpenter no dirigió las numerosas secuelas que se originaron de Halloween, sí que estuvo presente en la composición de algunas de
ellas y en otras lo estuvo indirectamente pues se usó nuevamente su tema
principal del primer título. En Halloween
II, aquí llamada Sanguinario,
Howarth y Carpenter emplean de nuevo los temas
principales de la primera, añadiendo pocas novedades temáticas en
la música. Ahora bien, en este caso se reutiliza más el “Laurie’s
theme”, en vez del archiconocido “Halloween theme’s”. Después
realizarían juntos también, Halloween
III, con una música particularmente desconcertante, bastante atonal
(sin melodía) y que nada tiene que ver con las dos primeras, pues ni
siquiera utiliza los temas de estas.
Las tres
siguientes secuelas, Halloween IV
, Halloween V y Halloween VI poseen música de Alan Howarth en solitario, pero se
emplea el tema compuesto por Carpenter para Halloween.
Con Halloween H20, ya no aparece
para nada Alan Howarth y, aunque se sigue usando el tema de John Carpenter
(y por ello sigue apareciendo en los créditos), posee música de un
inspirado John Ottman y música adicional de Marco Beltrami. Y en el último
título de la saga hasta la fecha, Halloween:
The homecoming, se vuelve a utilizar el tema de Carpenter pero posee música
de Danny Lux.
No hay
que pasar por alto el excelente trabajo que realizó Alan Howarth en sus
colaboraciones con Carpenter, pues fue él quien depuró y sofisticó la música
de Carpenter y así ayudó a este a conseguir una técnica que se
demuestra en la madurez de sus trabajos posteriores.
Carpenter
continuo su faceta de compositor en solitario o con la ayuda de algún
otro colaborador/a.. En Body Bags,
una película para la televisión, Carpenter realizó la música junto con
Jim Lang, pero ello no le privó de volver una y otra vez a los mismos tópicos
carpenterianos: música rock, muchos efectos de sonido, música oscura,
siniestra y tenebrosa. Con Jim Lang, Carpenter volvería a trabajar una única
vez más y fue en su siguiente proyecto, En
la boca del miedo. Esta película arranca con un tema muy contundente
y rockero que roza el heavy total y que nos anticipa lo que será su música
durante todo el film, una sucesión de temas de rock sinfónico creando
una atmósfera de terror, misterio y suspense propia de los escenarios
concebidos por H.P. Lovecraft.
Casi al
mismo tiempo se vio inmerso en la realización de El
pueblo de los malditos y para su banda sonora recurrió a la ayuda de
su amigo Dave Davis. Juntos componen una partitura para una pequeña
orquesta con la presencia como no de los sintetizadores. En este caso la música
deja de ser tan atmosférica y tenebrosa y pasa por tener una dulce melodía,
una tierna nana y algún que otro tema más desarrollado musicalmente.
Pero también están presentes los temas violentos, oscuros y terroríficos
para ilustrar los fatales desenlaces del film.
Carpenter
volvería a la carga con una secuela de 1997,
rescate en Nueva York, esta vez con el título de 2013, rescate en L.A. Para su música llama a Shirley Walker, quien
ya le realizó la partitura de Memorias
de un hombre invisible, pero esta vez firman juntos la partitura. La música
de una y otra película no tienen nada en que parecerse, y en esta secuela
incluso se las da más de western la película y ello hace que en algunos
casos su música se asemeje a la de un spaghetti western. Entre Carpenter
y Walker se establece una mutua compenetración y realizan una brillante
partitura, bastante espectacular y muy diferente hasta las entonces
realizadas por Carpenter. Sin embargo, esta colaboración les durará
poco, pues para su nuevo proyecto, Vampiros, éste decide nuevamente trabajar solo y en esta ocasión,
donde realiza una película bastante más comercial que todas las
anteriores, realiza una partitura más fresca, dinámica y elaborada que
todas las anteriores. Vuelve a utilizar los coros y la guitarra, y su música
presenta ciertas tonalidades más cercanas al blues y country americano
que al spaghetti western ya que de nuevo este film recuerda mucho en su
concepción a un western.
Y por último,
en su último film Ghosts of Mars
regresa a la composición acompañado en este caso de Anthrax.
Pero a
pesar de toda esta carrera como director y compositor, también es justo
destacar y mencionar todos los demás compositores que han pasado por
algunas de sus obras, ya sea de películas en las que Carpenter corría a
cargo de la dirección, como otras en las que se contaba con un guión
suyo o figuraba como productor.
Entre 1997,
rescate en Nueva York y Christine
realizó La Cosa y para este fantástico remake
de un clásico del cine recurrió al gran maestro Ennio Morricone.
Morricone supo adaptarse muy bien al universo sonoro de Carpenter y crea
una partitura que es más carpenteriana que morriconiana. Se trata de una
composición de atmósferas, muy sencilla, con una melodía muy repetitiva
y basada en pocas notas, tal y como el propio Carpenter hubiese realizado.
Sin embargo y a pesar de la admiración del director por el compositor, no
tuvo ningún reparo en recortar la música de Morricone y dejarla en unos
escuetos pasajes atmosféricos en los que no se llega a apreciar la
totalidad del funcional trabajo del italiano. A pesar de todo esto, en el
compacto se puede llegar a apreciar la banda sonora en su totalidad.
Posteriormente
y entre Christine y Golpe
en la pequeña China, realiza Starman
una película un tanto sensiblera de ciencia ficción para la que recurre
al notable compositor Jack Nitzsche, muy dado a la música de
sintetizadores, que compone una partitura muy por debajo de sus
posibilidades y que nuevamente parece que se adapte a las exigencias del
director y no a las propias posibilidades del compositor. Esta partitura
tiene algún tema bastante espectacular pero en el resto de temas destaca
por su frialdad.
Y por
tercera vez recurre a otro compositor (en este caso compositora) para una
película un tanto atípica, se trata de Memorias
de un hombre invisible. Shirley Walker, una eterna segundona en el
mundo de la música de cine, excelente conductora y orquestadora que ha
trabajado a las ordenes de Carmine Coppola, Danny Elfman y Hans Zimmer,
realiza aquí una composición muy sinfónica para gran orquesta y aunque
no es excesivamente espectacular demuestra su gran valía. Además este
trabajo le valió para que Carpenter se fijase en ella y la volviese a
llamar para ayudarle en la composición de
2013, rescate en L.A. tal y como ya hemos comentado.
Además
de estas tres películas de Carpenter, este también estuvo presente en
los guiones muchas otras películas y telefilmes, entre las que
destacamos: Ojos de Irvin Kershner (con numerosas canciones y partitura de Artie
Kane), Black Moon de Harley
Cokliss (con partitura del genial Lalo Schifrin), y El diablo de Peter Markle (con partitura de un primerizo William
Olvis).
Entre los
filmes en los que ha ejercido como productor ejecutivo destaca El experimento Filadelfia de Stewart Raffill que contó con una gran
partitura del incomprendido, pero no por ello inferior, compositor Ken
Wannberg.
Con todo
ello vemos que el universo sonoro de John Carpenter ha ido de menos a más,
pero sin que con ello se le pueda considerar un excelente compositor. Sí
es un buen director de películas de terror, pero como compositor y a
pesar de las numerosas doctrinas y colaboraciones con las que ha contado,
deja mucho que desear. Eso si, como bien decían sus palabras al principio
de este artículo, no hay compositor que le salga más económico y que
sepa qué quiere para cada momento como él. Su música, es innegablemente
funcional, responde muy bien a las imágenes que debe acompañar, pero está
muy por debajo de la calidad que se le podría exigir.
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