Principal Arriba
Una carta a Patino El castillo de la pureza Berta-Paraísos-Octavia Canciones para después... Canciones para después... 2 Queridísimos verdugos Caudillo Madrid La seducción del caos Andalucía, un siglo... Octavia Gracias, Basilio
| | GRACIAS,
OTRA VEZ, BASILIO
Por
José
Luis Hernández Marcos
Creo
que el cineclubismo fue para ti lo primero y lo más importante de tu carrera,
el primer hito de tu futuro profesional. A su lado fue una muy breve etapa de
poco más de dos años sustanciosos, preñados de todo. Desde que creaste el
Cineclub Universitario de Salamanca, hasta tu triunfal marcha a Madrid para
ingresar en el I.I.E.C., una vez finalizadas las “Conversaciones Cinematográficas”
de Salamanca.
Inventaste
el cineclub Universitario salmantino cuando nadie sabía lo que era un
cineclub, ni siquiera los que hacían el cineclub de Zaragoza, que era el más
importante cuando tú iniciaste el nuestro. Te sirvió de referencia, eso sí,
pero hiciste algo tan diferente que, en muy poco tiempo, lo situaste en lo más
alto de lo que en aquellos tiempos (mediados de los años cincuenta) era
posible. ¡Ya era mérito! Y, por si no fuera suficiente, abordaste aquel
“Curso de Estudios Universitarios de Cine” (por primera vez entraba el cine
en la Universidad) y el concurso de guiones. ¿Cómo lograste que una productora
entrara en la aventura invirtiendo su dinero? Con ese entrenamiento te lanzaste,
y nos lanzaste, a la organización de las “Primeras Conversaciones Cinematográficas
Nacionales” que hicieron temblar muchos cimientos, a veces incluso culturales,
alcanzando tal resonancia, que el francés Georges Sadoul llegó a mencionarlas,
como hito notorio, en su importante Historia del Cine. Por fin tu cine, el cine
que amabas, el cine español que te dolía y al que, con otros compañeros de la
Escuela, intentaste dignificar, limpiarlo de ramplonería, inyectarle
inteligencia.
Ahora
dicen que has decidido “jubilarte”. Es la segunda de tus dos más
importantes despedidas. La primera fue para empezar tu andadura quijotesca en el
Madrid de la Escuela de Cine junto a otros mesetarios como se os llama. La
segunda es esta amenaza de dejar el cine después de tu brillante e
inclasificable Octavia. ¿Te das cuenta de ambas están unidas a
Salamanca? En otra ocasión, a raíz del homenaje que te ofrecieron los amigos
valencianos de Cinema Jove y de la Filmoteca de la Generalitat Valenciana,
escribí que siempre te marchas, pero siempre regresas a Salamanca. A Salamanca
regresaste para hacer tus Nueve cartas a
Berta; para ayudar en la creación
de la Filmoteca (posiblemente una de las mejores de España) cediendo tu colección
de aparatos de cine; para colaborar en el montaje de Las edades del Hombre; para
los rodajes de Los paraísos
perdidos y ahora Octavia...
Dicen
que dices que te vas. ¿Por qué? ¿Para hacer qué? ¿Podrás vivir sin el
cine? Muchos, más de los que parece, deberían abandonar y no lo hacen. Tú has
demostrado lo que sabes. Que eres uno de los más modernos realizadores españoles.
Tu honestidad a lo largo de tu ya larga trayectoria vital es manifiesta. Lo
mismo tu amplísima formación cultural nada común, tu profesionalidad, tu
independencia... Si estás decidido a dejarlo, tus seguidores lo lamentaremos.
Tu “gloria de concluir” no puede ser sólo por el cine que has hecho o que
has ayudado a hacer, sino también por las semillas de inquietud que sembraste.
Porque ¿se sabe que tú sacudiste la apatía cultural la ciudad salmantina
desde la Universidad? ¿Qué creaste, dirigiste y empujaste al que fue el
cineclub más importante de España durante varios lustros? ¿Qué conseguiste
que pudieran celebrarse las “Primeras Conversaciones Nacionales de Cine” ¿Qué
tus “nueve cartas” fueron la mejor descripción de la Salamanca tradicional,
universitaria y rural, señora y provinciana, como tú la viviste? ¿Cómo
podremos olvidar aquel cine tuyo, siempre comprometido, como Canciones para
después de una guerra, Queridísimos verdugos o Caudillo;
incluso esa serie realizada para Canal Sur de TV que se tituló Andalucía,
un siglo de fascinación, tan poco conocida y que merecía una seria
distribución?
Sí.
Seguro. Estoy seguro de que todo eso se sabe y, prueba de ello son las
zancadillas con las que mucha veces intentaron arrinconarte los envidiosos, o
resentidos, que de todo hubo. A mí me basta con saberlo yo. Y porque lo sé y
junto a ti viví muchos de aquellos momentos irrepetibles, me apena tu renuncia.
No nos dejes sin tu cine. Estoy seguro de que lo pensarás y, otra vez, regresarás.
Vuelve a Salamanca, es decir a tu cine. La “gloria” a la que te invitaban
las viejas piedras salmantinas del pórtico de San Boal todavía tienen sus
puertas abiertas.
Desde
Salamanca, con devoción de amigo y cinéfilo, espero confiado y, como en otra
ocasión te dije: ¡gracias, Basilio!
|