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DOBLE CORAZONADA

Por Israel L. Pérez

 

"Cotton Club" y "One from the heart" acaban siendo en muchos momentos las dos caras de una misma moneda.Se abre el telón, la luna, las nubes, y junto a los neones de la ciudad empieza One from the heart (Corazonada, 1982). Un fondo gris, y una elegante  tipografía ascendente iluminada por un estelar foco indica, Cotton Club (1984). La cámara sigue unas huellas, un rastro que nos desliza entre lujosos carteles luminosos (en los que se incluye el genérico), hasta introducirnos en una destellante e idílica Las Vegas; la música nos canta los peligros del amor. Suena la música de un local, se oyen los aplausos del público; entre intérpretes  y técnicos, asistimos a la actuación de las famosas chicas Cotton Club, estamos en 1928, Harlem. Francis Ford Coppola desvela la representación, muestra el artificio con dos películas tan diferentes pero con tantas cosas en común. Dos musicales nada convencionales.

Cotton Club, tiene la música como leitmotiv, todos los personajes giran en torno a ella, y sus vidas fluyen con su banda sonora: Sandman (G. Hines) y Angelina (L. McKee) se conocen allí; o Dutch (J. Remar) que muere a ritmo del zapateado de Sandman en un montaje paralelo. Las actuaciones sobre los escenarios se suceden continuamente como ambiente de una época y de un lugar concreto. Musical por la gran cantidad de números que alberga, pues se trata de mostrar lo que sucedía en un tiempo y lugar concreto, sobre y tras el escenario. Esas actuaciones son consecuencia de los personajes, están al servicio de la historia. Tanto que hasta que Sandman bailando salva la vida de Dixie (R. Gere), al patear la pistola con la que Dutch le iba a matar.

Hay elementos de los géneros clásicos hollywoodenses: del musical y del negro. La temporalidad recreada ya remite (Harlem en el 28 o Broadway 1930) momento propicio para la mafia. Las secuencias de montaje solapan con sus encadenados el dinero, la violencia, la música y el alcohol haciendo que avance el relato, enlazándolo o procurando las elipsis pertinentes. Y un número final que nada tiene que ver con los anteriores, difiere totalmente en su concepción, ya que proviene del musical clásico. En el escenario, comienza el último baile con una estación de tren como tema central; vemos al publico disfrutando de espaldas; en el contraplano -sobre el escenario- con uno de los bailarines de espaldas estamos en una estación –lugar en el que tendría que verse al publico-, es el comienzo del final, donde se condensa la esencia del filme. De esta forma crea el espacio imaginario del musical, siendo en este contraplano imposible donde se nos cierra el relato contándonos, entre aplausos, lo que les depara a los personajes: Sandman y Angelina se han casado, Frenchy (F. Gwynne) y Owney (B. Hoskins) se despiden jocosamente… Volviendo a la representación para concluir con ella (la película), con un travelling de alejamiento del lugar de la representación y ver de nuevo al público.

El rodaje de "Corazonada" estuvo rodeado de innovaciones técnicas. Con su fracaso Coppola tuvo que dejar los delirios de grandeza para tiempos mejores.En Corazonada también encontramos elementos del género musical estrictamente dicho, en dos situaciones puntuales. Frannie (T. Garr) ha acudido a su cita con Ray (R. Julia); estando en un salón éste toca el piano y canta, ella le responde las frases; al dejar de hacerlo la música se convierte en un tango, mientras lo bailan, un nuevo cambio los traslada a un lugar de ensueño, una nocturna terraza tropical de Bora Bora. Mientras tanto Hank (F. Forrest) busca desesperadamente a Leila (N. Kinski), hasta el punto de identificarla en la cara formada por unas luces de neón, que de repente en su imaginación (y en la pantalla) se convierten en ella, y entre destellos se pone a cantar. Son dos sueños, dos ideales buscados y pretendidos.

Al igual que ocurre con Cotton Club no estamos ante un musical al uso, aquí no son los protagonistas los que cantan, las canciones provienen de un fondo imaginario, donde dos cantantes en off (T. Waits y C. Gayle) son los alter ego de los protagonistas y siguen en paralelo sus acciones. Una fórmula de disociación que confronta a los personajes con sus dobles. Como por ejemplo, cuando Hank toma conciencia de su última posibilidad de recuperar a Frannie y se va en su búsqueda al aeropuerto. Mientras vemos esto, la música nos/le dice: “te va a costar mucho salir de ésta, Júnior”. O la que podría ser la escena antimusical por excelencia, cuando llega Hank al aeropuerto y va a cantarle. No empieza ninguna música, ni la gente de alrededor baila, al contrario, la gente le mira y se ríe porque canta mal.

Dos contextos musicales para encontrar el amor, para buscarlo o recuperarlo. El Cotton Club es el lugar de la seducción y la perseverancia, pues tanto Dixie –que esta dentro y fuera de él- como Sandman –desde los camerinos- no lo consiguen hasta el final. La música y el baile aproximan progresivamente a las dos parejas, siendo capaz incluso de salvar las barreras raciales de la época, o de unir a la vez que separar familias. En Corazonada acompaña a los protagonistas, a modo de Pepito Grillo, en busca de la ilusión perdida, con momentos de pausa alegre como el carnavalesco cuatro de julio. El aburrimiento, la monotonía y el paso del tiempo rompen la pareja, una corazonada reúne a Hank y a Frannie. La ilusión, la alegría y el empeño son insuficientes, la corazonada intrínseca a un local junta dos parejas. 

Entre estos dos filmes, dos películas también comparables se interponen entre ellas, rodadas prácticamente de manera simultánea y estrenadas en 1983. La ley de la calle y Rebeldes separan dos musicales tan parejos. Las casualidades, o no, quisieron que Hank ensaye con la trompeta y que Dixie sea trompetista. O que una sea la conquista del amor y la otra una ruptura por el aburrimiento de una relación. De esta forma casual, o no, podríamos considerar, si invertimos las fechas de los estrenos, que Corazonada es un posible futuro de la vida de Dixie y Vera. Pero esta es una hipótesis un tanto extremista. Dejémoslo como está, y pensemos que es un flash-back.

En Las Vegas llueve, un regreso inesperado, lágrimas, un abrazo. El perdón. “Siento haberte roto el corazón” (nos dice la canción). En el Cotton Club, el escenario representa un imposible -sólo para nosotros-, todo es alegría, el público asistente aplaude al finalizar, fundido a negro. En Las Vegas amanece, luce el sol y la cámara se aleja de la vida de esa pareja; se cierra el telón. En Harlem, Dixie y Vera, al fin juntos, emprenden un viaje, no se sabe hacia donde, quizás hacia Las Vegas.

 

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