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| DOBLE CORAZONADAPor Israel L. Pérez
Cotton Club,
tiene la música como leitmotiv, todos los personajes giran en torno a ella, y
sus vidas fluyen con su banda sonora: Sandman (G. Hines) y Angelina (L. McKee)
se conocen allí; o Dutch (J. Remar) que muere a ritmo del zapateado de Sandman
en un montaje paralelo. Las actuaciones sobre los escenarios se suceden
continuamente como ambiente de una época y de un lugar concreto. Musical por la
gran cantidad de números que alberga, pues se trata de mostrar lo que sucedía
en un tiempo y lugar concreto, sobre y tras el escenario. Esas actuaciones son
consecuencia de los personajes, están al servicio de la historia. Tanto que
hasta que Sandman bailando salva la vida de Dixie (R. Gere), al patear la
pistola con la que Dutch le iba a matar. Hay
elementos de los géneros clásicos hollywoodenses: del musical y del negro. La
temporalidad recreada ya remite (Harlem en el 28 o Broadway 1930) momento
propicio para la mafia. Las secuencias de montaje solapan con sus encadenados el
dinero, la violencia, la música y el alcohol haciendo que avance el relato,
enlazándolo o procurando las elipsis pertinentes. Y un número final que nada
tiene que ver con los anteriores, difiere totalmente en su concepción, ya que
proviene del musical clásico. En el escenario, comienza el último baile con
una estación de tren como tema central; vemos al publico disfrutando de
espaldas; en el contraplano -sobre el escenario- con uno de los bailarines de
espaldas estamos en una estación –lugar en el que tendría que verse al
publico-, es el comienzo del final, donde se condensa la esencia del filme. De
esta forma crea el espacio imaginario del musical, siendo en este contraplano
imposible donde se nos cierra el relato contándonos, entre aplausos, lo que les
depara a los personajes: Sandman y Angelina se han casado, Frenchy (F. Gwynne) y
Owney (B. Hoskins) se despiden jocosamente… Volviendo a la representación
para concluir con ella (la película), con un travelling
de alejamiento del lugar de la representación y ver de nuevo al público.
Al
igual que ocurre con Cotton Club no
estamos ante un musical al uso, aquí no son los protagonistas los que cantan,
las canciones provienen de un fondo imaginario, donde dos cantantes en off
(T. Waits y C. Gayle) son los alter ego de los protagonistas y siguen en
paralelo sus acciones. Una fórmula de disociación que confronta a los
personajes con sus dobles. Como por ejemplo, cuando Hank toma conciencia de su
última posibilidad de recuperar a Frannie y se va en su búsqueda al
aeropuerto. Mientras vemos esto, la música nos/le dice: “te va a costar mucho
salir de ésta, Júnior”. O la que podría ser la escena antimusical por
excelencia, cuando llega Hank al aeropuerto y va a cantarle. No empieza ninguna
música, ni la gente de alrededor baila, al contrario, la gente le mira y se ríe
porque canta mal. Dos
contextos musicales para encontrar el amor, para buscarlo o recuperarlo. El
Cotton Club es el lugar de la seducción y la perseverancia, pues tanto Dixie
–que esta dentro y fuera de él- como Sandman –desde los camerinos- no lo
consiguen hasta el final. La música y el baile aproximan progresivamente a las
dos parejas, siendo capaz incluso de salvar las barreras raciales de la época,
o de unir a la vez que separar familias. En Corazonada
acompaña a los protagonistas, a modo de Pepito Grillo, en busca de la ilusión
perdida, con momentos de pausa alegre como el carnavalesco cuatro de julio. El
aburrimiento, la monotonía y el paso del tiempo rompen la pareja, una
corazonada reúne a Hank y a Frannie. La ilusión, la alegría y el empeño son
insuficientes, la corazonada intrínseca a un local junta dos parejas.
Entre
estos dos filmes, dos películas también comparables se interponen entre ellas,
rodadas prácticamente de manera simultánea y estrenadas en 1983. La
ley de la calle y Rebeldes separan
dos musicales tan parejos. Las casualidades, o no, quisieron que Hank ensaye con
la trompeta y que Dixie sea trompetista. O que una sea la conquista del amor y
la otra una ruptura por el aburrimiento de una relación. De esta forma casual,
o no, podríamos considerar, si invertimos las fechas de los estrenos, que Corazonada es un posible futuro de la vida de Dixie y Vera. Pero
esta es una hipótesis un tanto extremista. Dejémoslo como está, y pensemos
que es un flash-back. En
Las Vegas llueve, un regreso inesperado, lágrimas, un abrazo. El perdón.
“Siento haberte roto el corazón” (nos dice la canción). En el Cotton Club,
el escenario representa un imposible -sólo para nosotros-, todo es alegría, el
público asistente aplaude al finalizar, fundido a negro. En Las Vegas amanece,
luce el sol y la cámara se aleja de la vida de esa pareja; se cierra el telón.
En Harlem, Dixie y Vera, al fin juntos, emprenden un viaje, no se sabe hacia
donde, quizás hacia Las Vegas.
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