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| LA LEY DE LA CALLEPor Adolfo Bellido
No es difícil “sentir” (viendo esta película) la presencia de West side story o Rebelde sin causa en unos personajes que buscan salir de su pecera (no se puede olvidar que el título original es Rumble fish, un tipo de pez al que se hace alusión en el filme, que lucha, al verse reflejado, contra sí mismo). Coppola, para contar esta historia sobre la soledad (la segunda obsesión del filme, después del paso del tiempo, es la preocupación por no abandonar a los demás, por seguir manteniendo el concepto de grupo) ha trabajado con demasiadas ideas, algunas de las cuales están simbolizadas por los propios personajes. Un ejemplo claro sería la búsqueda del ideal, idealización del mito (“el chico de la motocicleta”) , transformado en un mito orientador, señalizador del camino que se debe seguir. El chico de la moto busca algo, no quiere “pasar”, no es un triunfador sino un derrotado que fácilmente es ensalzado por el propio sistema hasta que el sistema -cuando ya no le sirve- opta por destruirlo. Pandilleros que sueñan con ser jefes o con su jefe, que sueñan con alguien que logre salvarlos en el último momento (su llegada en las dos peleas/ataques). Sueño mucho más real y logrado que el planteado de forma onírica en otros instantes. Mirada sobre un mundo oscuro, donde el color y el sonido han desaparecido. Y he aquí un nuevo intento de unir realidad y símbolo: el chico de la moto es daltónico y casi sordo. Se funde así con el blanco y negro utilizado en el filme y con la negación a escuchar lo que sucede. Un mundo donde los personajes están encerrados, como el pez no pueden escapar de su pecera. La rebelión incluye la muerte. Aunque se va a producir el relevo y a lo mejor también la victoria. Un individuo muere cuando se rebela. Es sacrificado por el sistema. Sus ejecutores son los poderes dominantes. Cuando muera será sustituido por otro, por un nuevo mito que igualmente buscará la liberación, el encontrar el “mar” de la California soñada (el chico de la moto no ha encontrado un mar oculto siempre por la propia ciudad). El círculo se cierra. Tres generaciones han quedado plasmadas en la esperanzadora conciencia de un nuevo día .
Lástima del personaje narrador, que parece sacado de Rebeldes, lastima de los sueños dentro del ensueño, de querer dejar las cosas demasiado claras, porque sin esos “peros” el filme hubiera sido una obra excepcional. Con todo se trata de una película muy notable. Una de las más estimables, en su conjunto, del contradictorio Coppola. Publicado originariamente en la Revista del Cine Club COUL de Cheste: ENCADENADOS nº 20. Febrero 1985.
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