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Aunque la mayoría de
los socios fundadores de EN CADENA DOS vivimos a orillas del
Mediterráneo, en Valencia, tenemos un colaborador cuyo domicilio se
encuentra a orillas... ¡del Guadalquivir!, pero su espíritu es tan
mediterráneo como el nuestro. Cada mes os invita a acompañarle en el
análisis de un tema cinematográfico de actualidad.
EL CINE COMO
INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD
Por
Juan
de Pablos Pons
Más
allá de una aparente simplicidad, la representación de la vida en clave
realista por parte de artistas como pintores o cineastas, puede llegar a
reflejar una visión profunda, poética, sea ésta dramática o amable
respecto de la propia realidad. Bajo este principio cabe acercarse a un
filme de porte modesto como In the
bedroom (En la habitación). Parece que esta expresión, utilizada por los
pescadores de Maine, lugar donde transcurre la historia, describe la
situación que se produce cuando varias langostas caen atrapadas en las
cestas de pesca, y se atacan entre sí hasta matarse. Y por tanto,
pretende ser una expresión metafórica de lo que la película así
titulada nos presenta.
Se
trata de una maravillosa película, dirigida por el debutante Todd Field,
que propone al espectador un recorrido por los recovecos más siniestros
del alma humana, cuando ésta se encuentra abrumada por el dolor más
devastador. El dolor que surge de la angustia y la desesperanza,
consecuencia de una situación contra natura, como es la muerte violenta
de un hijo. Un dolor imposible de superar por los padres que sufren una
tragedia de esta magnitud. No es un tema nuevo en el cine. Resulta todavía
cercana la propuesta de Nanni Moreti con La
habitación del hijo. Sin embargo, la película de Todd Field la
supera en concisión y precisión narrativa.
Como
afirma Ángel Fernández Santos en su crítica periodística de El País sobre esta película norteamericana, nada hay más
embrutecedor y envilecedor que el dolor humano. Y ese es el proceso
destructivo que narra En la habitación.
Un proceso que sufren la madre y el padre del hijo asesinado de una manera
absurda. Cada uno afrontándolo de diferentes maneras, desde el
ensimismamiento o el desahogo con los amigos. Primero tratando de
canalizar el dolor y la angustia, y después buscando expulsar y librarse
del odio hacia el asesino de su hijo, reforzado por la incapacidad de la
sociedad y sus instituciones para aplicar la justicia esperable.
Estamos
hablando de gente corriente. Un médico y una profesora de música que
viven con su único hijo en un pequeño pueblo en la costa de Maine. La
tragedia desencadenada por el asesinato de su hijo de apenas veinte años,
a manos del ex-marido de su novia nos anuncia el recorrido hacia el lado más
sórdido del alma que de una manera muy dolorosa realizan los padres del
muchacho. La relación de éste, un tanto desequilibrada, con una mujer
mayor que él, separada y con dos hijos pequeños, y vista con cierto
recelo por sus progenitores, es el desencadenante de un drama doméstico.
El inmenso dolor de los padres se transforma en desolación e ira cuando
la Justicia reduce la pena del asesino y le concede la libertad
provisional. La circunstancia de que todo esto ocurra en una pequeña
población, Camdem, hace factible encontrarse con el asesino de su hijo en
cualquier lugar, lo que fuerza aún más a los padres a una situación
insostenible que, finalmente desencadena un desenlace sorprendente y
brutal.
La
película se apoya en un excelente guión, escrito por Rob Festinger y el
propio director, que desarrolla la historia de manera realista, precisa,
sin concesiones a la galería y sin posicionarse a favor o en contra de
los diferentes personajes. Los diálogos son extraordinarios porque nos
permiten conocer los procesos que sufren todos los sujetos de la historia,
sus sentimientos y sus dramas. Especialmente, los de la madre, el padre y
la novia del hijo. El guión toma como base un relato corto de André
Dubus titulado The Killings (Los asesinatos),
que narra la terrible experiencia que sufre un matrimonio maduro, con una
plácida vida desarrollada en el medio rural, cuando su hijo es asesinado.
La dureza del relato es trasplantada a la pantalla donde se nos presenta
una situación que no tiene salida. No hay respuestas que expliquen de
manera lógica, inteligible, lo que ha sucedido. Es una historia que nos
pone en alerta sobre la fragilidad del equilibrio que con esfuerzo
logramos en la vida. Es un equilibrio que puede romperse en unos segundos.
Película
alejada de los esquemas actualmente manejados por la industria de
Hollywood, responde a las claves del cine independiente norteamericano.
Esto implica que la falta de medios económicos ha exigido a sus
responsables elaborar un producto basado en valores como el equilibrio
narrativo, la entrega de sus excelentes intérpretes, la poesía de sus imágenes
realistas o la fuerza de sus propuestas.
Estamos
hablando de la ópera prima de su director Todd Field. En realidad
conocido como actor, su biografía es bastante común a la de otros muchos
actores y actrices norteamericanos. Nacido en Oregón hace 38 años,
primero se trasladó a Nueva York, y después a Los Ángeles. Desempeñó
diferentes actividades y durante un tiempo trabajó en Canadá en
programas televisivos. Debutó con Woody Allen en Días
de Radio a finales de los ochenta. Ha trabajado en películas de corte
comercial como Twister y The Haunting (La
guarida). Y lo podemos recordar en Eyes
Wide Shut, a las órdenes de Stanley Kubrick, en el papel del pianista
de la fiesta a la que acude Tom Cruise, y que facilita a éste el acceso a
la orgía en una extraña mansión.
En
la habitación es un tipo de filme en el que resulta fundamental la
aportación de sus intérpretes. Sissy Spacek y Tom Wilkinson como Ruth y
Matt Fowler, los padres del hijo asesinado y Marisa Tomei en el papel de
Natalie, la novia del hijo, aportan un valor fundamental a la credibilidad
de una historia tan brutal y a la vez tan doméstica. Sus trabajos basados
en la contención; en dotar de significado a los tremendos silencios
forzados por el dolor; en transmitir a través de sus miradas el horror de
su drama insuperable, resultan conmovedores y profundamente humanos. Es su
capacidad para reflejar las reacciones de personas corrientes, no
preparadas para afrontar una situación terrible y cruel la que nos
conmueve.
Película
más europea que americana por su concepción y profundidad de
planteamientos, multipremiada con merecimiento, es sin duda junto con Gosford Park (Robert Altman) y El
hijo de la novia (Juan José Campanella), de lo mejor que nos ha
venido últimamente del otro lado del Atlántico.
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