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Como cualquier
revista que se precie, la nuestra también tiene su sección dedicada a
las bandas sonoras. Habitualmente correrá a cargo de Juan Francisco Álvarez, un mozo con muy buen oído... como
podréis comprobar en cuanto se quite los cascos y atienda las llamadas
telefónicas que le piden, insistentemente, su crónica musical para este
número.
LA
MÚSICA DE KUROSAWA
Por
Juan
Francisco Álvarez
El
gran maestro japonés Akira Kurosawa cuenta en su haber treinta y una películas
dirigidas entre los años 1943 y 1993, y desde un principio quiso contar
con un compositor para la música de las mismas. Si por algo se ha
caracterizado Akira Kurosawa es por una gran fidelidad a sus compositores.
Básicamente toda su filmografía se debe única y exclusivamente a cinco
grandes compositores japoneses. Algunos de ellos trabajaron hasta sus últimos
días, como es el caso del gran amigo del maestro Fumio Hayasaka.
Sus
tres primeros filmes: La leyenda del
gran judo, La más bella y La nueva leyenda del gran judo, contaron con el compositor Seiichi
Suzuki, que dio a sus partituras un aire clásico pero lleno de
maravillosos leitmotivs que nos
recuerdan las incipientes imágenes del que llegaría a ser un virtuoso de
los sentimientos y gran conocedor del género humano. Un ejemplo muy
clarificador de esto se encuentra en La
leyenda del gran judo, cuando Sugata observa cómo florece una flor de
loto revelándole el secreto del judo. La música que le acompaña es
dulce y tierna, las cuerdas de los violines le dan un aire bucólico a la
secuencia, y tanto la música como los maravillosos paisajes que vemos
contrastan con la dramática historia que aquí nos cuenta el maestro
Kurosawa. Sin embargo, en La más
bella la música no ejerce un gran papel en la película y sólo
subraya determinadas acciones de ésta, y para La
nueva leyenda del gran judo, Seiichi Suzuki simplemente se molesta en
hacer unas pequeñas variaciones a los temas de la primera o simplemente
insertar estos sin más.
Para
Los que construyen el porvenir,
Akira Kurosawa cuenta con un desconocido Noburu Ito, al que únicamente le
ofrece esta oportunidad. Será el compositor Tadashi Hattori quien le
suceda y componga tres películas más del maestro, concretamente: Los
hombres que caminan sobre la cola del tigre, No
añoro mi juventud y Un domingo
maravilloso. En la primera, la música ejerce un papel premonitorio,
ya que los diferentes leitmotivs
se escuchan segundos antes de que tenga lugar la acción o que aparezca el
personaje con el que se identifican. Además se incluyen algunas canciones
tradicionales japonesas y toda la música está en consonancia con la
tradición nipona, algo que se repite en todos los filmes del maestro, sea
quien sea el compositor. Para No añoro
mi juventud el compositor dotó a la partitura de un amplio catálogo
de ambientes y matices musicales de lo más variado, además vuelven las
canciones, y el protagonista de la historia Yukie interpreta también en
determinados momentos a clásicos como Chopin y
Moussorgski (Cuadros de una exposición). Esta tendencia de Akira Kurosawa a
insertar piezas clásicas en sus filmes, la repite también en Un
domingo maravilloso, y en sus últimas películas.
Con
Duelo silencioso, Kurosawa
contará con la participación del que es conocido por todos como el
compositor de las películas de Godzilla, Akira Ifukube, que aquí pasará sin pena ni gloria, con
una composición nada interesante y en la que en algunos pasajes se abusa
de la percusión tradicional japonesa.
Es
justamente el momento en el que el cine de Akira Kurosawa se vuelve más
maduro y comprometido con la Naturaleza, el Ser Humano y los Sentimientos,
cuando conocerá a uno de los compositores que mejor han sabido
interpretar su obra, Fumio Hayasaka. Trabajará con el maestro en ocho de
sus películas, hasta la llegada de una muerte prematura por tuberculosis
en 1955 después de componer Crónica
de un ser vivo, cuya partitura tuvo que concluir Masaru Sato. Para El
ángel ebrio compone una partitura a medio camino entre la música del
western y la música tradicional japonesa, incluso se permite introducir
algunas notas de jazz, tan de moda en tiempos de posguerra. La guitarra es
la gran protagonista de la música de esta historia donde también hay
lugar para algunas canciones y otros cortes con influencias occidentales.
En El perro rabioso nos
encontramos con una partitura muy rica en temas y contenidos que nos
sumerge de lleno en las investigaciones policíacas del film. El
Escándalo y El idiota
cuentan con partituras de desigual calidad, mientras que en la primera
encontramos numerosas canciones y música de corte muy americanizado, en
la segunda utiliza en abundancia composiciones de Moussorgski. Pero el
reconocimiento y maestría en el plano cinematográfico y musical les vino
a ambos por títulos como Rashomon,
Vivir y Los siete samuráis,
que cuenta con una de las partituras más celebradas de Hayasaka. Si bien
con El ángel ebrio, ya dieron
ambos la nota, fueron estos tres títulos los que más destacaron de su
trabajo en conjunto.
Para
Rashomon, Kurosawa le pide a su
buen amigo Hayasaka que componga un bolero al estilo del bolero de Ravel.
Después de un primer intento sin resultados, este compone una excepcional
pieza que estará a buen seguro en la memoria de cualquiera que haya visto
esta película. Música e imágenes se funden maravillosamente en perfecto
trabajo de compenetración director-compositor. En Vivir, Watanabe, el protagonista, descubre la vida nocturna de la
mano de un novelista, y la música se apoya en la mayoría de sus cortes
en el tema principal que es una melancólica canción llamada “Life is
so short”.
Los siete samuráis
supone el punto más álgido en la carrera de ambos, y es el film por el
que Kurosawa empezará a ser conocido en le resto del mundo. La música
tiene la particularidad de poseer temas para cada uno de los caracteres,
así los campesinos y los samuráis tienen música, pero no así los
bandidos. La música que acompaña a los samuráis se asemeja a una marcha
procesional de Semana Santa con una alta carga de trompetas y resto de
metales. Un tema de los que no se olvidan, pues aunque no tan pegadizo
como el de Elmer Bernstein para Los siete magníficos, posee su belleza y particular concepción
japonesa.
Masaru
Sato era el alumno más aventajado del maestro Hayasaka y Akira Kurosawa
después de que el joven Sato de 27 años terminara la partitura de su
maestro para Crónica de un ser vivo,
no dudó en ofrecerle sus siguientes trabajos. Desde Crónica
de un ser vivo en 1955 hasta Barbarroja
diez años después, son un total de nueve las colaboraciones entre ambos:
Los bajos fondos, El trono de
sangre, La fortaleza escondida,
Mercenario, Los canallas duermen en paz, Sanjuro,
e Infierno de odio.
La
partitura para El trono de sangre posee una música siniestra, tenebrosa, con una
flauta estridente rompiendo la monotonía, y unos coros solemnes de difícil
digestión. Los bajos fondos
tiene la particularidad de ser la única película de Akira Kurosawa sin música,
ya que si exceptuamos unos acordes de Kabuki al principio y final del
film, la música está totalmente ausente y sólo aparece una divertida
canción a capella a mediados
del metraje y que tiene su repetición al final. Masaru Sato compone una
divertida partitura para La
fortaleza escondida; otra más triste, oscura
y de escasa calidad para Los
canallas duermen en paz, y una copia en cuanto a esquemas y
tonalidades de Vivir y El
perro rabioso de su maestro Hayasaka, para Infierno
de odio. Sin embargo dos de sus trabajos más reconocidos son Mercenario (Yojimbo) y Barbarroja.
Yojimbo
cuenta con un tema que es sarcástico y fúnebre a la vez, más o menos
como el personaje que interpreta Toshiro Mifune en esta película. Un
samurai precursor del Clint Eastwood de los filmes de Leone, y que hasta
en el apartado musical rezuma aires de western con cierta ironía musical.
A ésta le siguió su secuela, Sanjuro, en la que Sato se vuelve más cómico e introduce otros
instrumentos (armónica, saxofón y trompeta) y un nuevo tema principal más
hilarante si cabe. No obstante, estos dos temas forman parte de la tarjeta
de visita de Masaru Sato,
como los más agradecidos y brillantes dentro de su vena más cómica. Barbarroja es un trabajo más lírico, menos atonal y de ambientes,
con menos percusión y metales que en sus trabajos anteriores, y que tiene
momentos de gran brillantez. En el film también se intercalan piezas de música
clásica de Brahms, Beethoven, y Haydn. Esta sería la última colaboración
entre ambos, estamos en 1965.
A
partir de aquí las películas del maestro se hacen más de rogar y se
distancian cinco años entre ellas. La próxima sería Dodes’ka-den
en 1970, a la que pondría música Toru Takemitsu, compositor conocido por
sus trabajos para el director Masaki Kobayashi. La película cuenta con
muy poca música a pesar de su largo metraje, pero el tema principal-leitmotiv
es muy alegre y emotivo, construido con amplia variedad de instrumentos
(un xilófono, una armónica, unas panderetas, unas maracas, una flauta,
una guitarra y una trompeta) y aparece al principio, en el nudo argumental
y en el desenlace de la historia. Toru Takemitsu repitió con el maestro
en la épica Ran en 1985, para
la que construyó una partitura más grandilocuente con un estilo Kabuki
bien claro. Las cuerdas estridentes y los sonoros tambores inician y
terminan cada corte musical. El tema principal está bien diferenciado del
resto y se puede escuchar en todo su esplendor en las escenas de las
batallas. Aquí el maestro no dudo en dotar a ciertas escenas de eso que
muy pocos directores saben hacer bien, el silencio.
Pero
entre estas dos únicas colaboraciones de Toru Takemitsu con el maestro
Kurosawa, nos encontramos con la magnífica cinta Dersu
Uzala, en la que el maestro cuenta con un staff extranjero, y el
compositor no lo es menos, pues en este caso se trata de un desconocido
Isaac Swarts. Las aventuras de Dersu y Arseniev cuentan con una majestuosa
música de situaciones, y que mayoritariamente es triste y desprovista de
matices, al igual que la Taiga y su gélida condición. Sin embargo en
algunos momentos puntuales surgen notas que ilustran situaciones más cómicas
como las fotografías de Dersu con los soldados o más dramáticas como
los momentos de acecho del tigre Amba, la muerte. También los coros
adquieren su protagonismo de mano de los soldados rusos en sus acampadas
nocturnas, en momentos de soledad, y en la muerte de Dersu.
Otra
película de gran importancia y repercusión en la filmografía de
Kurosawa rodada entre las dos colaboraciones de Toru Takemitsu, fue en el
1980 Kagemusha, cuya música se
debe a Schinichiro Ikebe, con el que el maestro Kurosawa terminaría su
filmografía. En esta epopeya feudal nipona, encontramos una música
cuidada, con numerosos tintes folclóricos y la percusión tradicional
haciendo mella en la totalidad de los temas. Cuenta con un tema principal
precioso, que recuerda el estilo sinfónico de John Barry para Bailando
con lobos. En él, metales y cuerdas dirigen la música hacia las
fortalezas de los señores de la guerra. Los pasajes más tranquilos
cuentan con música dulce donde las cuerdas de un arpa y las notas de un
oboe, nos encandilan hacía los hermosos parajes aquí fotografiados. Un
solo de trompeta nos recuerda la concepción de western nipón de esta película.
Una buena obra para un principiante Ikebe, que sirvió para que el maestro
contase nuevamente con él en Los
sueños de Akira Kurosawa. Aquí cada sueño cuenta con su propia música
diferenciadora de las otras. Encontramos acordes de Kibaku, unos con voces
de niños y más alegres, otros más misteriosos y otros más dramáticos.
Una partitura de lo más variada que cumple con el objetivo de ilustrar
los diferentes sueños aquí relatados.
En
Rapsodia en agosto no hay casi música
original y se escucha muy brevemente en contadas ocasiones. Kurosawa
utiliza aquí a Ikebe básicamente para que le realice las mezclas de la música
clásica que quiere incorporar. Anteriormente ya hemos comentado que iba a
ser la tónica habitual en las últimas películas del maestro, y así,
aquí incorpora música de Shubert y Vivaldi.
En
su última película, Madadayo,
vuelve a repetirse las mismas circunstancias que en la anterior y hay muy
poca música original, aunque en este caso son numerosas las canciones que
se incorporan, incluso una que utilizó por primera vez en el film Un domingo maravilloso, una de sus primeras películas, como si
supiese que iba a ser su última película y quisiese rendirse una auto
homenaje. También aparecen los clásicos, esta vez son “Las cuatro
estaciones” de Vivaldi en los títulos de crédito finales.
Y
para cerrar, simplemente comentar que la película After
the rain, con guión de Akira Kurosawa, rodada en 1999 por
Takashi Koizumi, contó con la música de Masaru Sato y fue esta su
última composición antes de morir, en el que también rindió un
profundo homenaje al maestro y compuso una brillante partitura, llena de
hermosura y pasión.
La
mayor parte de estas composiciones se pueden encontrar ahora fácilmente en sendas cajas
recopilatorias que reúnen en un total de once compactos las obras que
estos grandes autores realizaron para el maestro Kurosawa. Aunque también
se pueden encontrar varios compactos recopilatorios de las obras más
importantes del maestro nipón.
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