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LA AMBIGÜEDAD DEL ARTE(Víctor o Victoria) Por Carlos Losada
Inspirada en
una película alemana del mismo título –bastante mediocre- de 1933, entonces
Edwards tenía diez años, nos introduce en el mundo del cabaret y del
gangsterismo a través de un personaje paradigma del conflicto entre el ser y la
existencia. Tody (un Robert Preston excelente y memorable) nos lleva de la mano
hasta la secuencia magistral del restaurante de la ensalada con la cucaracha,
con plano general exterior del restaurante viendo la reacción de sus
comensales, para engarzar con la transformación de Victoria en Víctor, como la
cosa más natural del mundo y su debut como cantante Víctor/Victoria, una Julie
Andrews arrebatada y cómplice de las sutilezas humanas, juega su rol sin
complicaciones hasta que llega King, un James Gardner mejor que nunca, del que se
enamora, poniendo en juego el entramado de las relaciones humanas, con sus
apariencias y sus grandezas, sus miserias y sus sumisiones, generando de paso
las situaciones más hilarantes y al tiempo más inteligentes entre dos seres
humanos. Llega a su cenit en la naturalidad con la que Squash, un Alex Carras en
estado de gracia, le muestra sus inclinaciones y le hace ver que las
apariencias, a veces, son meros arquetipos del inconsciente.
Esa idea de la
ambigüedad del arte, y de la cámara, la puesta en escena, las secuencias, la
planificación de las canciones, las elipsis, los sobreentendidos, los guiños,
se encargan de decirnos que todo ser que piensa y vive tiene que adentrarse en
su mundo, y en el de los demás, desde la tolerancia y la reflexión, desde la
inocencia y la picardía, para desentrañar de qué estamos hechos y porque
somos como somos. Hay una canción,
a cara descubierta, que lo dice todo. “Crazy world”. Y hay otra, antología
del disparate, “Lady from Sevilla”, que resume, por decirlo así, hasta dónde se puede llegar cuando se juega con el arte desde las raíces humanas
hasta las implicaciones sociales. Blake Edwards crea con Víctor o Victoria una pieza insustituible en la historia del cine: las imágenes también son ambiguas cuando tienen la necesidad de contarnos ese poso de misterio que rodea nuestras relaciones con los demás; y que lo son cuando quien lo narra tiene en cuenta que la vida es tan ambigua o más que el arte
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