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| 10, LA OBRA PERFECTAPor Luis Tormo
Es por ello que
10, la mujer perfecta, junto con su siguiente film, se convierte en su última
gran obra; es cierto que a partir de ahí realizó películas que provocaron la
risa y el éxito en taquilla (Micki y
Maude, Cita a ciegas, Una rubia muy
dudosa) o reflexiones amargas sobre el cine y la vida (S.O.B., Mis problemas con las
mujeres) pero ninguno de estos filmes se sitúa a la altura de la película
protagonizada por Dudley Moore. 10,
la mujer perfecta (este fue el título con el que se distribuyó en España,
en realidad el original es sólo 10)
significa en primer lugar la vuelta a ese tipo de comedia de los 60 que
combinaba elegancia y reflexión con modelos que van desde Desayuno con
diamantes (una obra de Edwards que ya es intemporal) hasta Dos
en la carretera de Stanley Donen. Es un ejemplo perfecto de lo que debe ser
la escritura de un guión, con una historia principal que nos cuenta la crisis
de un compositor (Dudley Moore) que cumplidos los cuarenta y tantos años es
incapaz de afrontar el compromiso sentimental que le ofrece su compañera (Julie
Andrews), lo que le obliga a huir tras un ideal de mujer representado por una
mujer joven y atractiva (Bo Derek). La película bascula en torno a este
argumento, evolucionando desde una primera parte basada en la risa (las escenas
con el vecino, la boda de Bo Derek, el cura, la visita al dentista, los policías,
etc.) con claros homenajes al personaje de Clousseau de la serie de la pantera
rosa y a las fiestas que aparecen en casi todos los filmes de Blake Edwards;
hasta una segunda parte más melancólica donde los personajes van expresándose
como son realmente, el protagonista asume su falta de madurez y en contacto con
Bo Derek compone su mejor música mientras la imagen de ésta se desvanece tras
servirle de inspiración. Esta historia
principal extiende su escritura a las subtramas, enlazándolas a lo largo de todo
el film, así asistimos a una historia similar que sólo aparece esbozada a través del personaje del letrista
homosexual (Robert Webber) o del resto de secundarios que aparecen en su huida
al hotel mejicano (el barman o la mujer solitaria) que no hacen más que
reforzar esa situación de soledad emocional, haciendo un repaso irónico a ese
tipo de vida mundana con referencias al alcohol y las fiestas (que se repiten a
lo largo de toda su filmografía, en éstas hay varias citas a Truman Capote). En
este sentido es significativo cómo empieza la película, con la música de
Mancini (uno de sus colaboradores más fieles y que ganó el Oscar a la mejor
banda sonora con esta película) y la escena de la fiesta sorpresa, definiendo
claramente lo que va a ser el film, con la importancia del paso de tiempo
representado en un plano donde la tarta de cumpleaños oculta a todos los
personajes, incluido el de Dudley Moore. Pocos planos y mucho contenido.
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