La gran mentira
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 LA GRAN MENTIRA
 O BROTHER

Oh brother, whwew art thou?. Nacionalidad: Norteamericana, 2000. Dirección: Joel Coen. Guión: Joel y Ethan Coen. Argumento: “La Odisea” de Homero. Intérpretes: George Clooney, John Tuturro, Tim Blake Nelson, Charles Durning, John Goodman, Holly Hunter.

           ¿Cara o cruz? Ese es el dilema cuando se acude a ver una película de los hermanos Coen, encumbrados a la gloria desde aquella primera película llamada Sangre fácil -y que, sin saber la razón, vuelve a reponerse estos días. Los Coen o la división de pareceres. Los Coen y el sin sentido. No sé con certeza porque su obra -en muchos momentos- me recuerda a la escasamente presentable de Sam Raimi (curiosamente les rindió a su estimable Fargo un directo o indirecto homenaje en Un plan sencillo). Pero es que ambas “carreras” son de personas tan creídas de si mismo, de su validez, de su importancia, que resultan cargantes. O quizás lo único que pretenden es tomarnos el pelo, reírse desde su “saber” de nuestra “ignorancia”. Y de ellos es la gloria, claro. Para fastidio y vergüenza del cine. Los Coen, objetiva y sinceramente, sólo han hecho una obra estimable y casi, casi grandiosa -le sobran sus innecesarias marcas de fábrica-, Fargo. Lo demás son refritos impertinentes o tomaduras de pelo de alto voltaje. Es el caso de Arizona Baby, la capriana El gran salto, la translación a imágenes -ignorado su origen- de un Hammett -Muerto entre las flores- o la vulgaridad anárquica de El gran Lebowski. Interés tenía Barton Fink, pero más por la idea que por el desarrollo. Su idea de meternos en el cerebro de un guionista para plasmar un guión se quedaba a medias tintas ante los innecesarios subrayados o la ridiculez de algunos de sus momentos -el productor haciendo arrastrar a uno de sus subordinados como si de un perro se tratara-.

            Fargo me sorprendió. Una gran sorpresa. Era como si sus juegos personales de críos mal educados hubieran dado paso a una inteligencia escondida o reprimida. Su obra siguiente, El gran Lebowski nos devolvía a los bromistas hermanos capaces de ir enlazando sobre el propio plató una estupidez tras otra. Unas bromas que creo no resisten el más ligero y objetivo análisis. Con Oh brother¡ dicen “arremeter” sobre (contra) La odisea. Parece ser que el indicarlo da una cierta aureola cultural. Nada menos que tomar a Homero y trasladarlo al hoy. Algo que no tuvieron la deferencia -quizás por peor literato y además comunista- de concederle a Hammet (Muerte entre las flores). Aunque luego afirmen no conocer la narración de Homero. Quizás vieran algunos de los Ulises cinematográficos (los Coen, eso si, han visto mucho, mucho cine), y de ellos se sirvieran para contar una absurda historia donde las referencia a Homero están en el nombre del protagonista, Ulises, en algunos episodios concretos -Polifemo, el Oráculo, las sirenas- y en recorrer un largo -y aburrido- camino hacia “casa”. Los Coen pertenecen a ese extraño grupo vitoreado de directores postmodernos como Almodóvar, Gus van Sant, Myrick y (a la par) Eduardo Sánchez, Lynch, Dahl, Rodriguez, o nuestros Medem, Gil, David Trueba, Alex de la Iglesia, Fernando León, Ulloa, Segura... No quiere decir que alguna vez no den en la diana, pero por lo general su obra es poco digna de ser tomada en serio (salvo en casos muy particulares). Sólo hay un postmoderno realmente válido y moderno (a pesar de algún desliz). Naturalmente es Tim Burton. 

            Los chistes en este estúpido Oh Brother! se suceden y repiten hasta la saciedad. El fijador y las redecillas de un estupendo Clooney, parodiando a Gable, terminan por aburrir. Como en la mayor parte de su -admirado por algunos- cine se entra a saco en otras películas. Desde el título (completo) del film que hace alusión a la película que Sullivan (Joe McCrea) iba a rodar en  Los viajes de Sullivan (la secuencia del cine al que acuden los presos es la más viva referencia a aquel inolvidable filme de Preston Sturges) hasta las alusiones al Aleluya de King Vidor los homenajes o refritos pasan con una lentitud parsimoniosa y floreada por la pantalla. Algunos críticos han aclamado la película como (¡Oh mon Dieu!) un musical. Si por eso se entiende la introducción de música y canciones o la pretenciosa “coreografía” de la reunión del Klus-Klus-Kan, apañados estamos. Eso es, como máximo una película, con canciones, de unos señores que no se sabe porque cantan así y gustan tanto. Como tampoco se entiende que hacían en la cárcel de donde se escapan por necesidades del guión. Todo lo demás, depresión, chanchullos políticos son elementos metidos con calzador para, quizás, dar enjundia a lo que nada ofrece.

            Los amigos actores -o fetiches- de algunas de sus películas están presentes normalmente en papeles episódicos (Durning, Hunter, Goodman...) o semi-principales (Turturro). Clooney parece tormarse la película por libre. Es su interpretación una de las pocas cosas positivas de un filme mediocre e insulso. Voy a permitirme un juego tan bobo e ingenuo como el de los Cohen fijándome simplemente en su título español -más corto- con admiración y el ingles con interrogación. ¡Los COEN! ¿Los Coen?. ADAPTACIÓN LITERARIA. LA DEPRESIÓN. ELECCIONES. Mr. Arkadin