| U-571
U-571 (U-571). Nacionalidad:
Norteamericana, 2000. Director:
Jonathan Mostow. Guión: Sam Montgomery, David Ayer y J. Mostow. Argumento:
J. Mostow. Intérpretes: Mattew
McConaughey, Bill Paxton, Harvey Keitel
Un hecho real sirve de base a esta película: los aliados se
apropiaron de la maquina alemana de mensajes en clave. Un suceso que tuvo
lugar en la II Guerra Mundial y cuyos actuantes fueron los alemanes y...
los ingleses. La película, es americana, claro está, por lo que cambia
la nacionalidad de los marineros heroicos y los sustituye por americanos.
Parece ser que las autoridades británicas han protestado. Quizás por eso
existe ya una segunda película que habla de la máquina “Enigma”,
-nombre de la nueva cinta y del aparatito de marras- que desapareció
posteriormente y ha sido encontrada hace poco. Son cosas, esos cambios,
fortuitos o intencionadas, que para nada se interponen en la nulidad o
validez de un filme.
Realmente este U-571 intenta rememorar las películas “clásicas” de submarinos
de los años 40 o 50. Poco nuevo bajo el sol -o bajo el agua-. Inmersión,
periscopio arriba, cargas de profundidad, boquetes de agua, disparos desde
las torpedoras de ropas, utensilios o cadáveres para engañar al
enemigo... Cosas de otros tiempos de cine más dinámico y aceptable -al
menos en su medianía- que el de ahora, y donde incluso lo previsible
resultaba acogedor. Mucho ha cambiado la producción -y los gustos (?)-
desde aquellos Destino Tokio, Tiburones de
acero, El diablo de las aguas
turbias... hasta el hoy. Las “aventuras” por tierra, mar o aire se
han hecho más incongruentes, pesarosas o con personajes más complejos
(en apariencia). Lo bueno de esta segunda obra de Mostow -la primera fue Breakdown- es que mantiene las características propias del cine
norteamericano clásico. Sabe -casi siempre- donde poner la cámara,
utilizar la pantalla ancha, contar con rigor y sin torpeza de la manera más
efectiva las secuencias, lograr un buen ritmo narrativo, dominar el
formato de la gran pantalla. Es decir, Mostow, parece conocer -y rendir
tributo- al cine clásico, y hacer una película eficaz y lo
suficientemente honesta para no engañar a nadie. Y, ante todo, saber que
frente a su película se va a encontrar gente -e incluso jóvenes- no
aquejados de infantilismo, ni estupidez. Por supuesto no es El
submarino de Petersen, pero tampoco es un producto horrendo dominado
por el espectáculo y los fuegos de artificio.
Lo peor son algunos de sus trucos de guión. Digamos que -aunque
incomprensible- está bien introducido el soldado americano de procedencia
alemana. Algo que no chirría tanto como la fantasmal presencia de un
tercer submarino (alemán) que aparece en el lugar de los hechos sin que
nadie se de cuenta. Giro dramático demasiado forzado y despistante, al
comienzo, para el espectador. Tampoco se entiende mucho como un submarino,
que no puede moverse de su sitio, posteriormente sea capaz de superar la
barrera de inmersión. Errores de guión que son superados por una eficaz
realización con momentos conseguidos como la llegada de los americanos en
la lancha al submarino alemán o la lucha a torpedos entre los dos
submarinos (igual que si se tratara de un duelo en el oeste). La acción
importa más que el problema del protagonista frustrado por no haber sido
ascendido al puesto de mando del submarino, aunque el filme trate, con su
cambio -¿acaso ser más inhumano?- de propiciar el propio viaje del
submarino hacia la salvación y el cumplimiento de su (deber) misión.
Bien rodada, asumiendo los convencionalismos de este tipo de cine,
su visión nos lleva a pensar en que Mostow será capaz, probablemente, y
mientras siga moviéndose en las fronteras de este cine intemporal, de
convertirse en un director cuya obra sea digna de ser seguida. Esperemos
confiados su tercer filme. II GUERRA MUNDIAL. SUBMARINOS. Adolfo
Bellido .
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