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En
esta página haremos un pequeño análisis de algún libro o cualquier otra publicación vinculada con el mundo del
cine que, por sus especiales características, nos anime a recomendarla a
todos vosotros... aunque no todo lo que se publica es igualmente
recomendable. Además, seguimos incluyendo el listado de los libros
publicados en los últimos meses, listado que iremos actualizando en cada
número, para manteneros al día sobre las últimas novedades literarias
en materia cinematográfica.
a) Conversaciones
con Billy Wilder.
b) Novedades
literarias.
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SI
EL VASALLO FUERA IGUAL AL SEÑOR
Título:
Conversaciones con Billy Wilder
Autor:
Cameron Crowe
Editorial:
Alianza Editorial
Madrid,
2000.
Cameron
Crowe dice que es director de cine. Si eso consiste en ponerse delante de
una cámara y decir “rueden” y “corten”, sin duda lo es, pero lo
que no es, al menos de momento, es un buen director de cine: su obra
carece de inventiva y se basa en la copia más o menos implícita. El más
claro ejemplo sería la versión americana de Abre
los ojos de Amenábar. Eso si, Crowe, cuenta, y se jacta de ello, de
tener buenas amistades, esas que consiguen abrir muchas puertas. Una de
ellas es la de Tom Cruise. Apoyándose en él pudo Crowe llegar a Wilder.
Lo mareó con preguntas y más preguntas durante días y días para poder
publicar un (amplio) libro de entrevistas con el gran director
norteamericano, al tiempo que el propio entrevistador se permitía un
cierto autobombo contemplativo. Sería algo así como “pasen y vean la
vida y obras de uno de los directores más geniales. Lo que nunca se dijo
sobre él y yo (Cameron Crowe) logré descubrir”.
A
Crowe para mostrar sus (probadas) credenciales como entrevistador le
bastaba exhibir los no muy lejanos tiempos en los que escribía (y
entrevistaba) a las grandes figuras de la música rock. De eso, de sus
inicios juveniles en el periodismo musical, hablaba (al menos trataba de
hacerlo, el que lo consiguiera es otra cosa) su filme más o menos
autobiográfico titulado Casi
famosos.
Reportero,
crítico y entrevistador musical, cineasta son algunos de los oficios de
Crowe. Parecen cartas precisas (y de cierta garantía) para poder
enfrentarse con la (interesante sobre el papel) tarea de trasmitir las
palabras de Wilder. Estamos ante un género (la entrevista) literario que
en el campo cinematográfico ha conseguido estupendos y sabrosones libros.
La mayor parte de ellos, al igual que aquí,
fueron posibles al (excelente) entendimiento entre dos realizadores
cinematográficos. Ambos, entrevistador y entrevistado, lo eran. Citemos
los casos de los entrevistadores Jim McBride o Peter Bogdanovich hablando
con Howard Hawks, Orson Welles o John Ford. Uno de los mejores libros, un
clásico, de este “género” es sin duda “El cine según Alfred
Hitchcock” de François Truffaut.
Crowe
está claro donde quiere llegar, lo malo es que se queda a medias. El
material que leemos comprende largos días de conversaciones con el
maestro sobre tal o cual cosa, algunas (bastantes) de ellas son inútiles
por superfluas cuando no nos encontramos con exaltaciones incomprensibles
del ego de Crowe. La verdad es que no entendemos (a no ser que se traté
de propagar la “amistad” entre la familia Wilder y Crowe) a que viene
tanta minuciosidad en explicar que tal conversación tuvo lugar durante
una comida en tal sitio famoso o bien se efectuó en la casa de Wilder
mientras saboreaban deliciosos platos. Si así se quiere “humanizar”
el libro se ha errado en el método utilizado.
Tampoco
entendemos el afán de Crowe por “explicar”, al propio Wilder, como
eran algunos momentos de las mismas películas de las que trata de saber
cosas. Tampoco el entrevistador pierde la ocasión de introducir en sus
preguntas una serie de reflexiones sobre su (poco interesante) obra,
aunque al menos, eso si, nos enteramos que en Jerry
Maguire (publicitado por activa o por pasiva ya que el libro fue
escrito en el mismo momento en que Crowe rodaba su filme) había tomado
unos planos de Avanti.
Hay
otro fundamental error en el libro y es que exclusivamente accedemos a un
material en bruto. Falta un montaje que ordene las preguntas del maestro,
que oriente al lector fuera del peloteo constante de pregunta y repuesta.
Falta, pues, hilvanar el discurso... Tal como nos llega es un caos. Nadie
pone en duda que lo dicho por Wilder sea interesante. Lo es tanto lo
conocido (y como lo cuenta una y otra vez aquí y en otros libros) como lo
que hasta ahora desconocíamos, pero para llegar a la pregunta clave, a un
momento logrado, tenemos que pasar por varias preguntas/respuestas que
nada dicen. Crowe ha creído que seguía haciendo entrevistas (a músicos)
para una revista, olvidando que estaba escribiendo un libro. De ahí su
gran error. De todas maneras, queda dicho, resulta interesante y divertido
por la personalidad del entrevistador, aunque lo nuevo, lo realmente
novedoso que cuenta Wilder ni siquiera, probablemente, llegue a alcanzar a
la tercera parte de estas “conversaciones”.
La
mejor edición de este libro, la recomendada, es la que no es de bolsillo.
No ocurre como con el libro de Truffaut en el que tanto la edición de
bolsillo como la ilustrada son importantes. Ya está dicha la razón. Lo
mejor de “Conversaciones con Wilder” es el material gráfico de primer
orden y muy abundante que acompaña al texto (varias fotografías proceden
del archivo personal de Wilder). De eso carece el libro de bolsillo.
Es más caro, sin duda, pero es que sus imágenes son muy
superiores a su texto.
Lastima
que tan gran entrevistado estuviera a merced de tan pobre entrevistador.
Crowe tenía todo a su favor, pero, una vez más, demostró no estar a la
altura de sus proyectos.
Mr.
Arkadin.
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