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Un
presidiario que ha pasado gran parte de su vida en la cárcel, cuando está
apunto de salir de ésta, recibe la noticia de la muerte en extrañas
circunstancias de su hija. Una vez en la calle viaja hasta Los Angeles
para investigar qué es lo que en realidad ha ocurrido con su hija. Allí
se enfrentará a un productor musical y ex amante de su hija, que dirige a
todo un grupo de cueles asesinos.
Pero nadie le podrá hacer desistir de su empeño: vengarse
desenmascarando a los asesinos de su hija.
Cuando
pensábamos que la promesa que parecía abrir hace ya algunos años el
canadiense Steven sorderberg se había cerrado, dado su deriva hacia el
cine más descaradamente comercial ( por ahí anda la reciente Erin
Brocovicth) hemos visto este film que hace renacer la esperanza de un
cineasta que parece recuperar el firme pulso de su primera película
(aquella. para mí. sobrevalorada “Sexo,
mentiras y cintas de vídeo”. Y es que El halcón inglés
se nos muestra como un filme hecho con libertad e independencia y donde
Sorderberg ha guiado todos los elementos con pulso seguro, dando rienda
suelta a su inspiración de cineasta que quiere hacer el cine que le
gusta. Y así El halcón inglés, sin ser un experimento
cinematográfico minoritario y genial, sí es un una película más que
interesante, que retoma algunas ideas recurrentes del cine de su director.
Un
film que se ve con agrado y se sigue con interés dado su enmarcamiento en
el género del cine negro, con el aliciente de estar interpretado por dos
viejas glorias del cine de hace varias décadas, Terence Stamp y Peter
Fonda, que convierten la película a decir de su director
en “un film de venganza muy sencillo con mucho bagaje de los
60”y como un homenaje nostálgico de un cine que ya no se hace. Pese a
la cortante violencia que respira toda la cinta, el autor de “Sexo,
mentiras y cintas de vídeo” no ha abusado de acciones violentas,
tiroteos por doquier y persecuciones espectaculares. Ha montado el film,
rodado con la libertad de una cámara en mano, mezclando los tiempos
narrativos y convirtiendo el film en una especie de puzzle, donde el
espectador tiene que encajar el presente con el pasado y el futuro sin
mucho esfuerzo. Este experimento, en cierta medida domesticado, merma en
algo la tensión e intriga de la narración. De todos modos es un film
inteligente y a ratos apasionante, que se sale de la mediocridad
estandarizada de este tipo de películas y que hace esperar todavía del
genio que parecía ya apagado de su director.
José
Luis Barrera
Daniel Arenas
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USA, 2000.
Director: Steven
Sordeberg.
Guión: Lem Dobbs.
Fotografía: Ed Lachman.
Música: Sara Flack.
Intérpretes: Terence Stamp, Peter Fonda, Lesley AnnWarren, Joe
Dalessandro.
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