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Una familia
burguesa marcha de vacaciones. Tensión en el ambiente. Los personajes se
encuentran “cansados” y “hartos” de su continuada cotidianidad. Un
matrimonio, que se soporta a medias, que se echa en cara muchas cosas,
discute. Con ellos sus hijos, dos niños pequeños, una rémora para el
disfrute, libertad y apogeo de la pareja. ¿Podrá el amor hacia ellos o
el personal egoísmo? ¿Qué viso de futuro tienen las (mediocres)
relaciones de nuestros personajes? ¿Hacía donde caminan? A su entorno
familiar cercano hay que unir otro más amplio dado por los familiares de
él (sus padres, su hermano) y de ella (aquí inexistentes), que piensan
que sus hijos mayores aun siguen siendo pequeños, les protegen y les
piden parte de su tiempo. Quizás desean separarles de su otro/nuevo (¿futurible?)
camino familiar. En este último sentido probablemente sea más
significativa, aunque mucho peor y vulgar
película y también más divertida, la reciente Los
padres de ella (salvando lo horterada de algunas de sus situaciones).
Bien, pues ahí tenemos al matrimonio y sus dos hijos
(representativos en su pequeño entorno de “cualquier” matrimonio
burgués actual) lanzados hacia su vacío descanso. Su nerviosismo procede
a lo mejor de las múltiples frustraciones que les han llevado a ser como
son. Una cosa son los (sus) sueños (cada vez más apagados) y otras las
realidades. Ni siquiera se puede encontrar un status económico (bastante
tienen con sacar adelante a lo suyos, hipotecar su casa de vacaciones) que
les permita vivir “bien” (su coche no tiene aire acondicionado).
Cuando nuestros personajes paran en una
gasolinera toda su vida va a cambiar. Hemos asistido a una realidad, unas
inquietudes y ahora nos planteamos como llegar al “otro” lado, como
ser otros, alcanzar el status añorado. La visita al urinario y el
encuentro (simbólico, claro) con el viejo amigo Harry orientará el nuevo
cambio de vida, el paso de la cotidianidad vulgar a la posesión de una
riqueza. No importa de qué manera. Lo moral se transforma en inmoral
desde una total amoralidad. Lo único importante es lograr cosas aunque
para ello haya que dejar el camino sembrado de cadáveres. Cuando el
“viejo” y “desconocido” amigo Harry se presenta al frustrado
Michael, éste no conoce a aquel. Le ignora quizás sin darse cuenta que
siempre ha formado parte de su vida. No es más que la realidad de su
propio inconsciente. La realización plantea el encuentro de forma clara y
eficaz. El espejo refleja la figura de los dos hombres. Es la metáfora
del espejo. La presencia del otro yo, de ese que parecemos desconocer pero
que está agazapado en nuestro interior.. De esta forma la película
deriva hacia un planteamiento psiconalítico que no hace más que reflejar
la lucha de alguien contra si mismo, del yo contra el opuesto. Michael
tiene una vida vulgar, tiene familia, vive de un sueldo, su mujer es un
claro reflejo del “ama” de casa que cuida de la casa, de los hijos.
Michael se ve obligado a trabajar sin descanso (pero sin poder dar rienda
a sus verdaderos gustos como, en ente caso, escribir), y va...tirando,
mientras que Harry (su doble) es rico, no tiene obligaciones, es libre, no
tiene familia, su acompañante (no su mujer) es un ejemplo de
mujer-objeto. El doctor Jeckyll ve como van apareciendo los rasgos ocultos
de Hyde (Harry empieza por H al igual que Hyde).
La película cruel, simpática y amoral va descubriendo como Hyde se va
apoderando de Jeckyll hasta el punto que el final (cierre del círculo con
el principio) prueba el triunfo de aquel respecto a éste. La vuelta a
casa en un compendio de “felicidad” al indicar el cambio producido.
Los ecos de Patricia Higsmith y del cine de Chabrol se cuelan por las imágenes,
aderezadas por una cierta mirada hitchconiana. Dominik Moll, para mi un
desconocido, filma con precisión. Ha co-escrito un meritorio guión y lo
ha (mejor) dirigido sin fisuras. Sabe (en la mejor tradición del cine clásico
norteamericano) exponer y mostrar datos antes de que salte una sorpresa
como ocurre con la presencia, desde el comienzo, del pozo (y donde van a
parar varios cadáveres) profundo que trata de tapar/cerrar (elemento además
con un claro componente metafórico).
Hay ironía. Se adecua lo real a lo imaginario y metafórico. Hay
un divertido ejemplo en ello como es la presencia de los “huevos” que
Harry come y que se cierran con el primer relato imaginativo de Michael.
Si, por el contra, los personajes de los padres de Michael
(denostados por su mujer) están muy bien trazados (luego eliminados como
forma de alcanzar una “libertad”) no se puede decir lo mismo de la
sorpresiva e ineficaz aparición de su hermano (también, claro está, será
eliminado).
Este director demuestra, con su segunda película, tener mucho cine
en las venas, saber lo que es rodar bien –y eficazmente- una serie de
secuencias. Citaré, como ejemplo, sólo una realmente admirable: el
instante en que Michael recibe la llamada notificándole la muerte de sus
padres. El movimiento de cámara partiendo de la cabeza de Harry, que
oculta todo lo que pasa detrás, es realmente admirable (en función además
de la idea primaria del filme).. La secuencia final –discutible en
forma- explicita lúcidamente el tono irónico empleado en la construcción
de la obra.
Y dentro de la serie
de elementos positivos presentes en esta admirable obra –una gran
sorpresa- no podemos menos de referirnos a la gran actuación de Sergio López,
una interpretación de un actor con visos de “ayer” que no se dedica a
recitar diálogos sino a potenciar el personajes con gestos, miradas. Algo
que (parece) no estila en el cine actual.
Mister
Arkadin
Daniel Arenas
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Harry, Un Ami Qui Vous Veut Du Bien
Nacionalidad:
Francesa, 2000.
Drección:
Dominik Moll.
Guión:
Dominik Moll y Gilles Marchand.
Intérpretes:
Sergi López, Laurent Lucas, Mathilde Seigner, Sophie Guillemin
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