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La
personalidad de Michael Moore, director y guionista de este documental
sobre la violencia producida por el uso de las armas de fuego en EEUU, se
evidencia en una crítica sarcástica y demoledora que explora en los
entresijos de la Norteamérica profunda. Ya conocíamos el estilo personal
de este director empeñado en denunciar las miserias económicas de una sociedad basada en los principios neoliberales de la
productividad a ultranza y en los beneficios económicos por encima de
todas las cosas. Lo hizo en Roger
& Me sobre las terribles consecuencias de la reconversión de la
General Motors y también puso en evidencia a las grandes multinacionales
y a los estados que permiten la explotación de menores en sus sucursales
del Tercer Mundo, en The Big One.
En
este caso arremete contra un argumento muy arraigado en algunos sectores
de la sociedad estadounidense: puesto que el Estado no garantiza la
seguridad de los ciudadanos y se están perdiendo los valores
tradicionales, hay que recurrir a las armas amparándose en los derechos
individuales contemplados en la Constitución. Pero Michael Moore muestra
en este documental la falacia de este argumento y desvela las auténticas
razones de tanta violencia. Así, deja en evidencia a las grandes empresas
armamentísticas, como la Loockheed de Denver, que fundamentan sus
negocios billonarios en el mercado de los conflictos bélicos contemporáneos,
desde Vietnam a Oriente Medio pasando por los Balcanes; arremete contra el
sistema educativo y social de los EEUU, que privatiza los recursos públicos,
favorece a los ricos y abandona a los ciudadanos más desfavorecidos. Y,
sobre todo, acusa a los medios de comunicación, y especialmente a la
televisión, de nutrir sus informativos con las noticias más truculentas
sobre delincuencia, asesinatos y muertes, para así alimentar el miedo de
los teleespectadores. Porque, según Michael Moore, ésta es la verdadera
enfermedad de los EEUU, lo que explica la extrema violencia de la sociedad
y el excesivo número de muertes por armas de fuego: el miedo a lo
diferente, sobre todo a los negros y los inmigrantes, de una sociedad
mediocre, poco culta, que repite tópicos como argumentos y no está
suficientemente informada.
En
la película no podía faltar la Asociación Nacional del Rifle cuyas
manifestaciones e intervenciones son un dramático contrapunto a los
documentos gráficos y sonoros de las masacres sucedidas en las últimas décadas,
provocando de esta forma la
indignación y la emoción de los espectadores. La entrevista a su líder
y mentor, Charlton Heston, que cierra el filme, es patética: sus
respuestas son manidas y rápidamente neutralizadas por el entrevistador,
sus razones infantiles y sus silencios significativos. Al final acaba
marchándose y huyendo de la cámara. Lo mismo sucede con la intervención del cantante de rock
Marilyn Manson, que hace un lúcido análisis de los intereses económicos
de las empresas y medios de comunicación que se sirven de la violencia
para vender sus productos. Precisamente sus palabras derriban otro tópico,
el de atribuir a la música o a los videojuegos la culpa de las muertes y
de la violencia social. Finalmente, el espectador tiene claro que la
sociedad estadounidense es una sociedad enferma y que el miedo a la
diferencia o a los cambios ha
estrangulado los principios de la libertad, la igualdad de oportunidades y
la democracia. Se nos muestran con claridad las deficiencias de una
sociedad ultraconservadora, cercana al ideario republicano y a la derecha
más rancia. El mensaje del filme está muy dirigido por la ideología de
su director. No podemos decir que es absolutamente objetivo, pero tiene la
virtud de ser muy claro y didáctico. Por eso es muy recomendable para un
público ingenuo o poco informado e incluso para los colegios. El
espectador previamente convencido disfrutará de la complicidad con el
director y tal vez aplauda.
El
título remite al instituto de enseñanza media de Columbine (Littleton,
Colorado) en el que dos adolescentes, después de asistir a su clase de
bolos, asesinaron a una veintena de personas, entre alumnos y profesores.
El director insiste en que no es una película sobre este deporte tan
popular en EEUU, ni sobre este episodio en concreto. También aparecen
otras masacres como las producidas por los hermanos Nichols y se muestra
la mentalidad de estados como el de Utah
donde las armas son obligatorias. Es una reflexión sobre lo que el miedo
les hace a las personas.
Desde
el punto de vista formal no hay ninguna novedad. El filme es un documental
clásico en el que Michael Moore guía al espectador a través de
entrevistas, fragmentos documentales y comentarios personales.
La estructura del guión es muy simple y sirve al objetivo que
persigue su director: la violencia, la sangre y la muerte, contenidas en
los sucesos mostrados, en violento contraste con las palabras de los
defensores de las armas y la vacuidad de sus argumentos. La respuesta de
Charlton Heston es muy ilustrativa. A la pregunta de por qué tiene armas,
contesta “porque tengo derecho a tenerlas”. Nada que añadir.
Gloria
Benido
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Título:
Bowling for Columbine
Título
Original: Bowling for Columbine
País
y año: Reino Unido, Canadá, EE.UU., 2002
Género:
Documental
Dirección:
Michael Moore.
Interpretes:
Michael Moore. Marilyn
Manson. Charlton Heston. Chris Rock. Matt Stone.
Guión:
Michael Moore.
Producción:
Michael Moore. Kathleen Glynn.
Música:
Jeff Gibbs.
Montaje:
Kurt Engfehr.
Distribuidora:
Alta Films
Calificación:
No recomendado menores de 13 años.
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