El pianista
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Una mirada reflexiva

Lo que hay debajo de la película no son los hechos, sino la necesidad de comprenderlos.En Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1944) un figurante que sale en la obra de Hamlet, que se representa en Varsovia, expresa su deseo de poder interpretar un  monólogo de la obra: “¿Acaso no tengo ojos, manos sentidos, pasiones… nutrido con los mismos alimentos, herido por las mismas armas…si nos herís, sangramos, si nos envenenáis, morimos (…)”. Posteriormente, cuando los alemanes invaden Polonia, este figurante, entre las ruinas de la ciudad y los carteles de deportación de los judíos a los campos de concentración, repite el mismo fragmento mientras ve desfilar a las tropas nazis.

Polanski utiliza estas mismas palabras en el momento en que el hermano del protagonista, mientras espera el viaje final que le conducirá con toda su familia al campo de concentración, recita este fragmento mostrando la desesperación y, sobre todo, la impotencia ante la incomprensión de los hechos terribles que se han ido sucediendo. Porque lo que está por debajo de El pianista no son los hechos sino la necesidad de comprensión de los mismos, el filme de Polanski no es una película histórica si no una reflexión sobre las personas que vivieron esos tiempos.

No era fácil para el director polaco afrontar el reto de El Pianista pues por un lado, estaba sujeto al formato de “relato basado en autobiografía” y por otro lado, el mismo fue testigo de los acontecimientos que se sucedieron en el gueto de Varsovia, y por eso el comienzo tiene una forma similar a muchos filmes que han tratado el periodo nazi, es decir, el espectador asiste a la escalada de agresión que se va produciendo con la comunidad judía y donde los protagonistas viven la contradicción de negar los hechos para aceptarlos a posteriori, así brindan con alegría cuando los ingleses y los franceses declaran  la guerra a Alemania pensando que sus penalidades van a acabar, se niegan a tener que ponerse los brazaletes con la estrella y a continuación vemos como ya pasean por la calle con ella, etc. Esta parte inicial del filme es la que se acerca más a la vision que esta ahora hemos tenido del holocausto ( veasé el ejemplo de La lista de Schindler) y donde vivir o morir es fruto de cualquier golpe del destino (la elección al azar de unos prisioneros en una cola para ser asesinados o el que al protagonista le salve el que le reconozca un colaboracionista en la cola para ir camino a los campos de concentración).

Desde su escondite y su soledad, este pianista es testigo de la crueldad que se extiende a su alrededor.Ahora bien, donde la película comienza a distanciarse de otros filmes es precisamente a partir del momento en que Szpilman (Adrien Brody) se queda solo y aislado en el gueto. Pasamos entonces a asumir el punto de vista de alguien que desde el escondite en se encuentra es testigo de la crueldad que se extiende a su alrededor. Este hombre, que se valía del soporte familiar y de su arte se ve, de pronto, vagando por la ciudad, casi a merced del destino (el azar le salva de ser llevado al campo de concentración) y comienza una odisea en la que desfilarán por delante de la pantalla las miserias humanas que se derivan de este conflicto. Además, Szpilman no aparece representado precisamente como un héroe, de hecho, lo único que le queda es vagar por los restos de la ciudad negado de cualquier gesto positivo. Es por ello significativa la escena en que se reconoce como un cobarde por asistir al levantamiento de unos pocos rebeldes en el gueto y limitarse a ver como se suceden los hechos desde su ventana. Su heroicidad viene de su afán de supervivencia individual en un caos cada vez mayor, donde acaba absolutamente solo y en el cual el único objetivo es conseguir lo necesario para sobrevivir, eliminando poco a poco todo su pasado (la práctica de su arte tiene que ser vivida en la imaginación).

Y es en toda esta parte donde se reconocen muchos de los temas que aparecen en la filmografía de Polanski pues el encierro y el aislamiento en los diferentes lugares por donde pasa terminan conduciéndole a una situación de locura, donde resulta difícil distinguir la realidad de lo que no lo es. Todo ello, como suele pasar en sus filmes, va encadenándose y crea una espiral cada vez más alucinante, pasando ante sus ojos los diversos acontecimientos  y que culmina, al final, con un enorme plano grúa que se eleva mostrando el resultado final: toda la ciudad como una sola ruina en uno de los planos más desesperanzadores que hemos visto últimamente y que contrapone ese gran plano general a una planificación basada, hasta ese momento, en planos cercanos..

El aislamiento acaba conduciendo a la locura y resulta difícil para este pianista distinguir la realidad e imaginación.El pianista se convierte, además, en una denuncia no solo de la barbarie nazi sino también de toda la maldad que la guerra trae consigo, dejando claro que en ambas partes pueden haber buenas y malas personas, y que muchas veces depende del uniforme que uno tenga la obligación de vestir en ese momento. Así, el oficial alemán que con su ejercito en retirada encuentra a Szpilman le salva de la muerte (no denunciándolo y suministrándole comida) tras devolverle también la capacidad de interpretar su música en la preciosa escena en la que el pianista, antes de abrir la lata de comida, interpreta su pieza preferida en un viejo piano, o también la paradoja de estar a punto de morir cuando es tiroteado por los propios libertadores que le confunden con un almena debido al abrigo (otra vez la importancia del uniforme).

Luis Tormo

EL PIANISTA

Título Original:
The Pianist
País y Año:
Alemania, Francia, Holanda, Polonia, Reino Unido, 2002
Género:
Drama
Dirección:
Roman Polanski
Guión:
Ronald Harwood
Producción:
Heritage Entertainment, Studio Babelsberg
Fotografía:
Pawel Edelman
Música:
Wojciech Kilar
Montaje:
Hervé de Luze
Intérpretes:
Adrien Brody, Emilia Fox, Frank Finlay, Thomas Kretschmann, Maureen Lipman
Distribuidora:
DeA Planeta

 

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