Bandits
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Bandits

Había un buen material para lograr una película irónica... pero Levinson nunca ha sabido hacer este tipo de cineBarry Levinson divide sus películas en biográficas (así fue su estreno profesional con Diner), melodramáticas (unas de “escape” hacia lo policíaco, otras hacia la sensiblería) y de humor. Probablemente las biográficas sean las más interesantes. Gano el Oscar por un melodrama repleto de buenos sentimientos, Rain man. En el medio se puede poner lo que se desee. Olvidaba decir que de vez en cuando (bueno casi siempre) le da por inundar la banda sonora de sus pelis con música más o menos cañera. Era lo que ocurría en uno de sus más estimables filmes, Good morning, Vietnam.

Ah, el susodicho Levinson, quizás por el síndrome Oscar, se cree un director bueno, respetable  y moderno. Sólo se lo cree él. En verdad puede llegar a destrozar, por una realización equivocada, hasta el guión más preciso. Por ejemplo, carece del más elemental sentido del ritmo. Algo que, en esta su nueva película, se sufre ampliamente.

Bandits intenta (sin conseguirlo) ser un policíaco cómico. Se trata de unir Bonnie and Clyde con Dos hombre y un destino o (en el engarce narrativo: unos ladrones cercados por la policía en un banco) con Tarde de perros, sin olvidar... Jules y Jim. Tamaño disloque termina por no ser sino un total disparate. El filme se mantendría dentro del absurdo, pero eso aquí infiere falta de ideas, de saber ordenar y canalizar unas situaciones. El comienzo de los recuerdos (la unión-amistad de los dos protagonistas) es difícilmente admisible. La huida de la cárcel no es graciosa. Simplemente es demencial.

Y es una pena porque material había para conseguir una película irónica, humorística. Algo que nunca ha sabido comunicar Levinson en su cine. Sus filmes desean recrear, sobre el guión, situaciones brillantes. Se trata de eso, de situaciones. Y nada más. No hay una línea de paso de unas a otras. Se olvida la idea primaria para continuar con otra. Se arregla convencional, e inexplicablemente, cada episodio. Para remate el tiempo y el espacio marchan por su lado.

Además de su carencia de sentido humorístico, Levinson se empeña en una narración "moderna" que añade confusión al espectáculoEsta historia de dos individuos dispuestos a reírse de la sociedad “opresora” carece de gracia y de interés. Los dos miembros que se unen a la pareja tampoco sirven más que para hacer bulto (la inclusión de un quinto al final, una jovencita, es un añadido inconsistente, pero necesario para el forzado acabado). Los dos miembros son la mujer aburrida del orden “burgués” y deseosa de situaciones “fuertes” (se supone que en ello también se incluye la relación a dúo con los dos amigos) y el experto en conducción y, por arte del guión, especialista cinematográfico. Algo que tiene su sentido en el final. No puede ser gratuita (en eso se reconoce la gran tradición narrativa del cine norteamericano) su presencia. Su “triunfo”, equivalente al “oscar”, por su papel siempre ensayado será lo que lleve al sorprendente (y forzado) final.

Las historias de compinches no son nada nuevo en el cine. Normalmente se utilizan para rentabilizar, con dos actores de primera línea, la película. Hemos citado Dos hombres y un destino pero podría incluirse en el bombo cualquier título de la serie Arma letal o cualquier otro parejo. Un  planteamiento que viene de tiempos pasados y  cuyos orígenes quizás sean anteriores a los filmes de “el gordo” y  “el flaco”. Más, fijándonos en la “peli” interpretada por Newman y Redford que en cualquiera otra, habrá que decir que ninguno de los dos actores que aquí parecen tienen enjundia ni como personajes, ni como contrapunto. Se sabe muy bien a cual de los dos, el listo y el bruto (Willis o Thorton) le corresponde el papel. Es decir, los actores se limitan a ser los estereotipos de siempre, de forma que se dedican a representar sus tópicos esquemas representativos de actores.

Levinson, no contento con ser un negado para comunicar cualquier sentido humorístico, se dedica a presentar una equivocada narración moderna. Confunde modernidad con gratuidad o “todo es válido” y sálvese quien pueda. Así le cunde al muchacho: insólitos, equivocados y desproporcionados juegos de cámara, montaje alucinado y toques de musical (por eso ya dicho de que a Levinson le gusta embotarnos con música) dignos del más mediocre de los realizadores. Para remate, es incapaz de filmar la película con determinantes puntos de interés. Se trata de un filme totalmente plano. Nada destaca en las dos horas y pico que dura esta embrollada historia. Y es una lastima, porque algunas situaciones (y algunos personajes) eran factibles, como punto de partida de una historia (al menos) medianamente divertida.

Mr. Arkadin

BANDITS

Título Original:
Bandits
País y Año:
EE.UU., 2001
Género:
COMEDIA
Dirección:
Barry Levinson
Guión:
Harley Peyton
Producción:
Empire Pictures, Hyde Park Entertainment, MGM
Fotografía:
Dante Spinotti
Música:
Christopher Young
Montaje:
Stu Linder
Intérpretes:
Bruce Willis, Cate Blanchett, Billy Bob Thornton
Distribuidora:
Buena Vista Internacional
Calificación:
No recomendado menores de 13 años

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