|
Como
en el teatro lorquiano, estamos ante un drama de sexo que se encamina
inexorablemente hacia un final trágico. La tragedia se produce porque hay
unas fuerzas represivas siempre retrógradas, oscuras, opuestas a la vida,
que van contra la libertad de las personas para utilizar el sexo como les
venga en ganas: en este caso se trata de la relación que se entabla entre
un hombre norteamericano, casado, y una chica francesa que llega al
pueblo.
El
sexo aparecerá representado como lo solaz, la vida, lo que no hay que
ocultar, frente a lo oscuro, pecaminoso, represivo, nocturno. Así, en la
primera escena que cobra sentido a lo largo de la película, Lyle se pasea
y corre desnudo por los campos de maíz mientras con su mujer sólo se ve
en la casa, en el espacio cerrado, claustrofóbico y muchas veces
nocturno. El hecho de que Juliette sea francesa no es irrelevante, porque
ella es la extranjera, la de costumbres licenciosas que viene a alterar la
paz del pueblo donde se mueren de deseo y frustración las gentes que lo
habitan. El añadido de extranjera permite que los del pueblo sigan
considerándose los puros, los guardianes de unas costumbres donde ocultar
sus deseos insatisfechos.
Siempre
que aparece un tema de sexo, lo que se está conculcando es la libertad.
Sexo y libertad van unidos. En este pueblo de Illinois, en la América
profunda, se tiene miedo a la libertad, porque la libertad les pone
delante cuáles son sus carencias y sus miedos. Pero las personas que no
son libres no pueden permitir que otras lo sean; porque les da miedo, de
alguna manera las señalan, desestabilizan su mundo, lo ponen en
evidencia. Este es el juego y el drama de la película.
En
un principio vemos unos comportamientos extraños entre Lyle y Amy, un
matrimonio joven pactado entre las familias; también entre el escritor
que acaba de publicar con éxito su primera novela y la chica francesa que
lo acompaña en su visita al pueblo. Luego, poco a poco, la cosa va
derivando de la acogida entusiasta en el pub, a una caza del hombre, Lyle,
que ha sido capaz de liarse con una francesa y poner en evidencia a todo
el pueblo.
Las
escenas de sexo de la película son convincentes. Elodie Bouchez y Jean-Marc
Barr interpretan muy bien a esas dos personas que no han encontrado
satisfacción en sus parejas y de pronto descubren toda la fuerza, sobre
todo Lyle, y las posibilidades de un cuerpo. La película, pese al
previsible final, no deja de atraparte por la interpretación de los
personajes que le dan esa fuerza agónica y extraña; y la amenaza, a
pesar de su evidencia, no deja de afectarte como espectador.
Daniel
Arenas
|
TOO
MUCH FLESH. (DEMASIADA
CARNE)
Nacionalidad:
Francia
2000.
Director:
Jean-Marc
Barr.
Intérpretes:
Rosanna
Arquette, Elodie Bouchez, Jean-Marc Barr. Ian Brennan, Ian Vogt.
Género:
Drama.
|