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No
se trata tanto de la resolución de un enigma provocado por la desaparición
del marido de Marie en una playa de Las Landas como del recorrido
emocional que este hecho le provoca. La desaparición de Jean no es el
tema de la película sino la exploración a través de la mirada de
Charlotte Rampling de una serie de sentimientos, de planteamientos ante lo
nuevo del vacío que ahora hay en su vida, de confrontaciones con el círculo
de sus amistades.
La
película comienza con la preparación de las vacaciones y se asiste al
ritual de las acciones cotidianas en el que vive la pareja formada por
Marie y Jean. En la playa, él desaparece mientras ella está distrída,
en dormivela, tomando el sol. La intencionalidad de la acción de Jean ha
quedado patente a través de sus gestos y de su mirada, sin ningún tipo
de comunicación verbal. Marie nunca va a acaeptar la muerte del marido. A
partir de aquí la falta de comunicación va a ser la tónica de la película:
lo que sucede, casi siempre sucede dentro del personaje Marie, apenas hay
explicitaciones; a veces la cámara proyecta sus alucinaciones —esa
presencia fantasmal del marido que, en un principio, no sabemos hasta qué
punto son reales— pero las palabras se quedan dentro de ella. Por lo
tanto, el espectador tiene que presuponer, como le pasa a la protagonista,
qué le pudo suceder a su marido, aunque lo importante es la actitud que
ella va a tener ante el hecho de su muerte o de su desaparición.
En
conversación con la madre de Jean descubre parcelas de su marido que ella
no conocía: el hecho de que tomase barbitúricos porque estaba deprimido,
la relación de intimidad y complicidad que mantenía con su madre. El
inicio de relación con Vicent le sirve para darse cuenta del peso de la
costumbre, de cómo la rutina crea un vínculo en las vidas más fuerte
que la transgresión. Las alucinaciones de Marie dejan de aparecer cuando
ella se hace cargo de su destino y del porvenir, es ella ante los despojos
del marido quien decide que viva como desaparecido al no reconocer sus
objetos personales como suyos. Ahora es ella quien controla la realidad,
su marido no es como dicen los otros o la policía, su marido es como ella
lo recuerdo o lo inventa.
Extraordinaria
interpretación de Charlotte Rampling con esa mirada que pasa de la
admiración al extrañamiento o la locura, del arrobamiento a la lejanía,
una mirada capaz de trasmitir los matices más íntimos de cualquier
sentimiento. La película tiene caídas en el ritmo narrativo, pero
mantiene el interés, sobre todo gracias a la interpretación de Charlotte
Rampling.
Daniel
Arenas
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BAJO
LA ARENA
Nacionalidad:
Francia
2000.
Director:
François
Ozon.
Intérpretes:
Charlotte
Rampling, Bruno Cremer, Jacques Nolot, Alexandra Stewart.
Género:
Drama.
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