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Si
es verdad que todo artista no hace a lo largo de su trayectoria sino
reiterar la misma obra, J. Sayles es el ejemplo de ello. Una vez más,
sobre el fondo de la corrupción económica, lanza una mirada a unos
personajes desorientados y que han trasladado las fronteras que pueblan
sus anteriores obras al interior de la comunidad en la que habitan.
Con
una sintaxis coral, que va recomponiendo poco a poco el puzzle en el que
ha quedado disgregada la vida de una pequeña comunidad de Florida, vuelve
a hablarnos de un mundo de apariencias huecas y realidades mucho más
crudas sobre el que es capaz de construir los sólidos personajes a los
que nos tiene acostumbrados, y a través de los cuales se vislumbra un
mundo perdido e irrecuperable.
Pero
Sayles parece haber llegado a un punto en el que cada vez resulta más difícil
conservar una referencia idealizada. La
tierra prometida es una película sobre la nostalgia de un pasado
supuestamente mejor, pero a diferencia de otras obras suyas, el
protagonismo ahora no es tanto aquello perdido y que no se podrá
recuperar, sino el sentimiento mismo de pérdida y la falsedad que éste
encubre. En cierto modo todos los personajes viven la añoranza de un
pasado que da sentido a su presente, como esa fiesta absurda de los
piratas que remite al origen de una comunidad, pero si se profundiza un
poco en él se descubre que su esplendor es sólo supuesto, y que nada
autoriza a pensar que fuese mejor que el incierto presente que los
personajes viven. El arranque de la película, con el barco pirata en
llamas, no deja opción a la esperanza, y múltiples detalles, como el
fugaz recuerdo del racismo o la idealización de un deportista de segunda
fila hablan, de la crudeza de un tiempo sin referentes válidos.
La
tierra prometida
no es una película reivindicativa, pues nada hay que reivindicar. La
cacería en que se ha convertido la compra de terrenos no es sino la
consecuencia lógica de una sociedad que siempre llevó en sí misma el
germen de la corrupción, que ahora no hace otra cosa que expresarlo en su
más perfecta dimensión.
Y a
través de todo ello, como casi siempre en las películas de Sayles,
asistimos a la construcción de unos personajes sólidos, creíbles,
complejos. Es cierto que la trama especuladora que vertebra el relato
resulta un tanto plana, resuelta de modo precipitado y sin la atención
que sería necesaria, pero también lo es
que el interés del director parece estar en otro sitio, y es en él
donde brillan los momentos más interesantes de la película.
Marcial
Moreno
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Título:
La tierra prometida
Título Original: Sunshine State
País y año: EE.UU.
, 2002
Género: Drama
Dirección: John Sayles.
Interpretes:
Timothy Hutton. Edie Falco. Angela Bassett. Jane Alexander.
Guión:
John Sayles.
Montaje:
John Sayles.
Distribuidora:
Columbia Tristar FilmsColumbia Tristar Films
Calificación:
Todos los públicos.
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