Ciudad de Dios
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Esto es Brasil

El trailer puede asustar un poco y es probable que algunas personas hayan decidido no verla al considerarla un producto de poco interés, una simple exaltación de la violencia y la imagen frenética.El trailer cinematográfico (y el resto de elementos publicitarios) de Ciudad de Dios (Cidade de Deus, 2002), hacía hincapié en el aspecto formal de la película y en su trepidante acción (violenta). Las típicas frases sacadas de críticas publicadas en diarios y revistas especializadas (o no), acompañan las estimulantes imágenes sentenciando cosas como: “El montaje es una ametralladora”. Se está vendiendo estimulación sensorial pura y dura. En este sentido, esta primera toma de contacto con el filme puede asustar un poco y es probable que algunas personas hayan decidido no verla al considerarla un producto de poco interés, una simple exaltación de la violencia y la imagen frenética. Pues es una lástima y, si alguien que esté leyendo estas líneas se encuentra entre estas personas, le aconsejo que reconsidere su decisión, porque una vez se empieza a ver el verdadero producto se descubre que esconde mucho más.

Ciudad de Dios busca el alarde técnico, no cabe duda, pero lo que verdaderamente le importa es lo que está contando. La historia de una fabela –la más importante y violenta de Brasil– desde su nacimiento y durante una veintena de años (de los 60 a los 80), sirve para narrar los males de un país cuya terrible realidad se nos escapa a la mayoría de los que vivimos fuera de allí (en incluso a algunos que viven en el mismo país, aunque parece que estén en otro mundo). El problema es que hasta nosotros llegan poco más que las imágenes y la información de las agencias de viajes, y los reportajes sobre los Carnavales de Río de Janeiro. Tal vez hemos oído hablar de las fabelas, ¿pero alguien Se puede acusar a la película (en realidad, así se ha hecho) de cargar las tintas formalmente. sabe exactamente qué son y qué sucede en ellas? Difícilmente podríamos explicarlo al nivel de complejidad que lo hace Ciudad de Dios, que viene, pues, a llenar este vacío en nuestra conciencia social.

La historia (basada en hechos reales) goza de gran atractivo, gracias a personajes y situaciones sumamente interesantes. Las buenas interpretaciones y la vistosa forma de narrar acaban de aportarle toda su fuerza. Se puede acusar a la película (en realidad, así se ha hecho) de cargar las tintas formalmente. Personalmente, creo que muchos momentos se vuelven ciertamente excesivos en este sentido y que algunos de los recursos utilizados cantan por su gratuidad (también dan la sensación, a veces, de verse un poco obsoletos). Pero esto no debe privarnos de ver sus aciertos. Para decir sólo uno, la escena en que el pequeño Bené realiza una masacre en un hotel está mostrada con una frialdad brutal y sobrecogedora que habría firmado el mismísimo Michael Haneke. Además, tampoco encuentro aceptables las críticas a la película por ser de estética videoclipera o publicitaria (como Fernando Meirelles, director del filme, ha trabajado en publicidad, la etiquetación estaba cantada), como si esto fuera algo malo en sí mismo. Evidentemente, la película utiliza recursos empleados en la publicidad televisiva o en los videoclips (del mismo modo que en estos se emplean recursos cinematográficos). En buena parte gracias a esto (que, insisto, no es malo porque sí), se ha conseguido que la película Se ha llevado a consumir cine social a un tipo de público poco habituado a esta clase de discursos (creando con ello un concepto paradójico, el de “cine comprometido de masas”), y se ha puesto en la palestra el poco conocido tema de las fabelas de Brasil consiga notoriedad, cosa que pocas obras brasileñas obtienen, al menos en nuestro país. Y así, se ha llevado a consumir cine social a un tipo de público poco habituado a esta clase de discursos (creando con ello un concepto paradójico, el de “cine comprometido de masas”), y se ha puesto en la palestra el poco conocido tema de las fabelas de Brasil, con lo cual este país ha conseguido la atención que merece, precisamente ahora que nuevos aires políticos parecen abrir una pequeña brecha de luz por la cual se vislumbra (ojalá no nos decepcionen otra vez) un futuro… digámoslo menos desesperado.

Jordi Codó

CIUDAD DE DIOS

Título Original:
Cidade da Deus
País y Año:
Brasil, 2002
Género:
Drama
Dirección:
Fernando Meirelles, Katia Lund
Guión:
Bráulio Mantovani
Producción:
Wild Bunch
Fotografía:
César Charlone
Música:
Ed Cortês
Montaje:
Daniel Rezende
Intérpretes:
Matheus Nachtergaele, Seu Jorge, Alexandre Rodrigues
Distribuidora:
Vértigo Films

 

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