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Cuando
el cine empezaba a existir, hace ya más de un siglo, creaba en los
primeros espectadores una actitud de casi incrédula admiración por el
espectáculo que presenciaban. Y éste es, a mí modo de ver, el mejor
elogio que se puede hacer a esta segunda parte del famoso relato de J. R.
R. Tolkien que se estrena con el nombre de Las dos torres: un espectáculo por todo lo alto que deja boquiabierto al
espectador y que además -este es otro mérito- en ningún momento lo
entontece; todo lo contrario: le ofrece un montón de ocasiones para
reflexionar sobre la vida humana y las cuestiones más fundamentales de la
sociedad en la que vivimos.
No
vamos a contar el argumento, pero sí diremos que en esta segunda parte
–en mi opinión, mejor que la primera- la comunidad que acompañaba a
Frodo en el difícil viaje de transportar el Anillo del Poder se ha
disuelto por la fuerza. Formando pequeños grupos, cada uno se va a
enfrentar a distintos retos y peligros para conseguir un objetivo común:
ayudar a Frodo Bolsón a llevar al anillo a la destrucción y acabar así
con su amenaza: corromper y destruir la voluntad de los hombres. Frodo y
su amigo Sam se encuentran con Gollum, el que fuera otrora un hobbit
y ahora un ser corrompido por la ambición de poseer el anillo. Y es
precisamente este personaje uno de lo muchos felices hallazgos del filme.
Esta criatura que mueve al espectador a la repulsión y a la compasión se
convierte en el fiel trasunto de la naturaleza humana, dividida entre el
bien que aspira y el mal que desea.
En
este sentido, la segunda parte de El señor de los anillos mejora
en la anterior en su discurso reflexivo y ahonda en el perfil de sus
personajes, indicándonos mejor cuáles son sus motivaciones y por qué
van sucumbiendo a la tentación del poder que el anillo representa. La película
tiene entonces mucha resonancias de Shakespeare (la historia de la ambición
alrededor de un rey, el rey hechizado que recuerda el Parsifal de
Wagner o el bosque que se mueve y que señala al final de Macbeth),
mientras la puesta en escena de las colosales batallas recuerda al cine de
Kurosawa. Por otro lado, los
decorados arquitectónicos y el vestuario recuerdan el arte prerrafaelista
o modernista. En fin, que esta trilogía de películas basadas en el texto
de J. R. R. Tolkien, además de un entretenimiento es una verdadero
compendio de historia del arte literario, musical y pictórico.
La
abundantes tomas aéreas que resaltan los maravillosos paisajes, además
de recordarnos que estamos ante el mundo de la fantasía mitológica, nos
avisan del rico lenguaje connotativo que este relato contiene. El filme se
dota además de un diálogo prodigiosamente escrito, donde la poesía
brilla por doquier y con escenas magistrales como son los soliloquios en
doblete de Gollum o los consejos que le da el mago Gandalf a Frodo. Aunque
en algún momento la película parece desmayarse en su tenso ritmo –los
pasajes de los árboles animados- el espectáculo se convierte en todo
momento en algo totalmente increíble.
José
Luis Barrera
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Título
Original:
The Lord of the Rings: The Two Towers
País y Año:
EE.UU., 2002
Género:
Aventuras
Dirección:
Peter Jackson
Guión:
Peter Jackson, Frances Walsh, Philippa Boyens
Producción:
New Line Cinema, The Saul Zaentz Company, WingNut Films
Fotografía:
Andrew Lesnie
Música:
Howard Shore
Montaje:
John Gilbert
Intérpretes:
Liv Tyler, Bernard Hill, Brad Dourif, Ian McKellen, Sean Astin, Elijah
Wood, Viggo Mortensen, John Rhys-Davies, Christopher Lee, Hugo Weaving,
Miranda Otto, David Wenham, Andy Serkis, Billy Boyd, Cate Blanchett
Distribuidora:
Aurum
Calificación:
Todos los públicos
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