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El 30 de
Enero de 1972, trece irlandeses fueron asesinados por un comando del
ejercito británico: este es el acontecimiento sobre el que Paul
Greengrass vierte una mirada llena de espíritu re-fundacional.
Hablamos
de fundar (también podríamos hablar de (re)construir) porque el
realizador, con una pericia fuera de lugar, desgaja un hecho,
definitivamente, mal historiado. Dicho de otro modo, Greengrass pretende
impartir una lección de historia y hacer frente a un cúmulo de preguntas
(hasta la fecha sin respuesta) tales como: ¿por qué los soldados de la
corona británica recibieron condecoraciones por aniquilar a población
civil? ¿por qué nadie asumió responsabilidades después de la masacre?
Bien es
cierto que toda re-escritura de la historia debe ser sometida a un
riguroso examen, pues uno, por más afines que le resulten las premisas
ideológicas sobre las que ésta se configura, no puede dejarse embaucar
inocentemente.
LA
‘TELEDIARIZACIÓN’ DE LA HISTORIA
La puesta
en escena a la que el director somete
los acontecimientos no puede ser más que calificada de eficaz: el
empleo constante de la cámara en mano otorga a los acontecimientos
filmados, por una parte, un tono semi-documental, mientras que, por otra,
nos permite emparentar al filme con ciertas tendencias del cine británico:
un cine socialmente crítico y pretendidamente realista.
Siendo
poco sutiles podríamos decir que Greengrass elabora un excelente
telediario: las opciones elegidas en la puesta en escena permiten al
espectador fabricar una asociación (por otra parte nada descabellada) con
los noticiarios actuales, unión a todas luces buscada por el realizador
que pretende inyectar altas dosis de verismo en sus imágenes.
Al
contrario que Oliver Stone en sus dos películas más televisivas (JFK
y la maltratada Asesinos Natos), Greengrass, en lugar de desmontar
y poner en evidencia el discurso televisivo, se aprovecha de sus recursos
para construir su historia, a sabiendas de la familiarización del
espectador con el lenguaje de la pequeña pantalla. Estrategia que resulta
del todo contundente pues, tras el último conflicto en Irak, uno observa
cómo los telediarios ficcionalizan la historia según convenga, así que
¿por qué no intentar lo contrario?
LA
DEMOCRATIZACIÓN DE LOS PUNTOS DE VISTA
Los
acontecimientos ocurridos en Derry son encarados desde las ópticas de
distintos personajes: Ivan Cooper, cabeza visible del movimiento por los
derechos civiles y organizador de la manifestación (pacífica) que tuvo
lugar ese día; el general Ford y sus subalternos, el general McLellan y
el inspector de policía, encargados desde la comisaría de policía de
que todo transcurra según lo previsto; Gerry, un joven que acaba de salir
de la cárcel (donde había sido encerrado por incidentes con la policía)
y que participará en la manifestación; y, por último, un grupo de
soldados del ejercito británico que atiende tras un muro por si se
produce algún disturbio y debe intervenir.
Sobre
todos ellos se lanza una mirada carente de sentimentalismo y complacencia:
no se construye un drama, se narra, con pulso firme y alto sentido del
ritmo, un hecho.
Los
cuatro puntos de vista son sometidos a un riguroso trabajo de montaje que
en ningún momento permite que las dos partes del conflicto lleguen a
compartir cuadro: ni siquiera en las secuencias del tiroteo aparecen
juntos las víctimas y los verdugos. Así, los cuatro puntos de vista se
convierten en dos bloques (británicos, irlandeses) que a su vez se
dividen en dos (pacíficos, violentos): divisiones internas que concluyen
en una explosión de conflictos.
Por eso
no podemos hablar de una visión simplista que reduce las historias a la
dicotomía buenos/malos, sino que sólo podemos hablar de situaciones de
conflicto donde los de los mismos bandos están enfrentados entre sí: los
irlandeses odian a los británicos porque están ocupando su país, los
británicos odian a los irlandeses porque sus grupos armados matan a su
gente; a su vez hay irlandeses (los comandados por Ivan Cooper) que
promueven una solución pacífica al conflicto, pero hay otros que optan
por una vía violenta (ciertos miembros del IRA que aparecen en plena
manifestación, o los amigos de Gerry que la emprenden a pedradas contra
las fuerzas del orden); en el bando británico existen soldados que desean
fervientemente matar irlandeses, pero otros, como un general y el
superintendente, piden calma para resolver las cosas de un modo más
civilizado.... En resumen: ya quisiéramos un telediario donde todas las
partes que toman parte en un incidente hablaran por igual.
MÁS
MÉRITOS Y UN BORRÓN
Las
bondades de este filme sometido a la eutanasia de las carteleras
comerciales no termina aquí: además de relatar un episodio mal contado
hasta la fecha, observamos las idas y las venidas de unos personajes que
jamás se pierden, ni entre los espasmos de los movimientos de cámara ni
entre las vicisitudes del conflicto.
Las conversaciones entre Cooper y su mujer sobre los problemas que le
acarrea el ostentar un cargo de tan alta responsabilidad y la
imposibilidad de labrarse un futuro que alcance más allá de mañana; las
charlas de Gerry con su novia, los debates entre los tres altos cargos
policiales.... todo ello visto a hurtadillas (como espiando), por los
huecos que deja una puerta entreabierta, a través de una ventana.
Greengrass toma cierta distancia (en todo momento) respecto de los
acontecimientos y tal vez por eso su narración resulte más eficaz que
otras mucho más estilizadas. Todo ello sobrevolado por una mirada sobria
que inunda hasta los momentos más trágicos (la secuencia del hospital),
huyendo de la lágrima fácil e irreflexiva, siendo más fordiano que
schindleriano.
Ahora
bien, la inclusión del personaje del soldado de ‘buen’ corazón que
finalmente miente para salvar a sus compañeros resulta, a todas luces,
demagógica e innecesaria, porque todos sabemos cómo se han desarrollado
los incidentes (y, además, caer en el error de decir que hasta el más
noble de los ingleses mentiría para salvar a los suyos y hundiría más a
los irlandeses, no resulta de recibo).
Enric
Albero
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Título:
Bloody Sunday
Título
Original: Bloody Sunday
País y año:
Irlanda, Reino Unido, 2002
Género: Drama
Dirección: Paul
Greengrass.
Interpretes:
James Nesbitt. Tim Pigott-Smith. Nicholas Farrell. Gerard McSorley.
Guión:
Paul Greengrass.
Producción: Mark
Redhead.
Música: Dominic
Muldoon.
Montaje: Clare
Douglas.
Distribuidora:
Alta Films
Calificación: No
recomendado menores de 13 años.
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