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Quizá
aconsejaría al espectador que se acercara a ver Vanilla sky
que la contemplara en estado virginal, sin el recuerdo y prejuicio de
saber que ésta es un remake de la exitosa película de Alejandro
Amenábar Abre los ojos. Saldría más satisfecho del cine y quizá
la entendería algo más. Porque pese a sus parecidos argumentales y sus
semejanzas de imágenes, son dos películas bien distintas. Y hay que
recordarlo: Vanilla Sky es una película americana –más sintética,
más narrativa-, Abre los ojos es un filme europeo, más reflexivo,
más analítico.
Un
joven (Tom Cruise) ya maduro y atractivo, rico y heredero de una gran
fortuna, se dedica a la vida alegre. Mantenerse joven, divertirse y
conquistar mujeres es su mejor ocupación. Sin embargo, su insatisfecha
vida (simbolizada en su deseo de ver el cielo de color vainilla como
aparece en los cuadros de Monet) se pone al descubierto cuando en la
fiesta de su cumpleaños aparece una bailarina española (Penélope Cruz)
que le roba el corazón. En esa misma noche un accidente cambiará
definitivamente el rumbo de su vida.
La
preocupación obsesiva por la pérdida de la juventud (algo que
seguramente puede preocupar a su actor principal) el no querer envejecer
que tienta al hombre a vender su alma al diablo (mito de Fausto), el mito
de Narciso que embelesado en su propia belleza hallará la muerte (de ahí
el exhibicionismo de Tom Cruise en toda la película y la ocultación de
su rostro deforme en una máscara) y la sensación de que en el mundo
dominado por las más sofisticadas técnicas nosotros somos piezas
inconscientes del engranaje de malévolas maquinarias que nos dominan a su
antojo, son algunos aspectos que, aunque no del todo desarrollados –una
lástima- aparecen en el filme que tiene por otro lado aspecto de videoclip
en muchas de sus secuencias, una primera parte algo repetitiva y un final
con excesivos subrayados, por el empeño insistente en resolvernos la
clave del confuso enigma en que quiere basarse la intriga del filme. Cosa
que por cierto no se consigue y que la espectador deja bastante
indiferente. Y así, al público se le informa, primero verbalmente de lo
que le ha pasado a nuestro “pobre” protagonista y luego con imágenes
de un flash-back se nos vuelve a mostrar: algo ridículo y
superfluo. ¿Será que el espectador americano es menos sutil o
inteligente que el español? Sea como fuere, también en la versión
original, la confusión del guión no era manca.
Volviendo
a la comparación con el filme original, esta versión nueva copia casi
literalmente planificación y puesta en escena de la cinta española. Una
banda sonora con una selección de magníficas canciones (es lo que más
gustó a este cronista) adorna su transcurso. Y una curiosa variante: en Abre
los ojos, la primera novia de Noriega le pregunta antes del accidente
de coche: ¿Crees en Dios? Y el protagonista contesta categóricamente:
¡No!. En Vanilla sky se hace la misma pregunta y... Tom
Cruise no contesta, eludiendo la respuesta. ¿Será porque el ateísmo o
el agnosticismo no es políticamente correcto en los Estados Unidos de América?
También en la temática sexual se deja entrever un claro discurso
reaccionario: las aventuras eróticas con la chica de ocasión se
convierten en algo infernal, siniestro y sumamente peligroso. Cameron Diaz
que encarna a la mujer “mala”, tiene momentos de mirada satánica.
Mientras que la relación amorosa con la buena pareja se presenta de un
modo totalmente positivo, casi angelical. De hecho, la sonrisa y los
gestos ingenuos de Penélope Cruz son arrebatadores. Por cierto, a nivel
interpretativo, es lo único que nuestra compatriota hace en la película.
José Luis Barrera
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VANILLA
SKY
Título
Original:
Vanilla Sky
País y Año:
Estados Unidos, 2001
Género:
THRILLER
Dirección:
Cameron Crowe
Guión:
Cameron Crowe
Producción:
Cruise-Wagner Productions, Vynil Films
Fotografía:
John Toll
Música:
VV.AA.
Montaje:
Joe Hutshing, Mark Livolsi
Intérpretes:
Tom Cruise, Penélope Cruz, Cameron Diaz, Jason Lee
Distribuidora:
Universal Pictures Spain
Calificación:
No recomendado menores de 13 años
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