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Una
película con regusto a la primera de Mamet. Aquella interesante La
casa del juego. O a cualquier otra de timos, de estafas. No hace mucho
se estrenó Nueve reinas,
discutible filme argentino, pero con momentos (y con actorazos) muy
logrados. Su problema estribaba (como en tantos otros títulos semejantes)
en el imposible y desconcertante final. Podíamos recordar también cosas
como El golpe. Títulos en los
que se trata de enfollonar la trama al máximo y regalarnos los
sorprendentes finales. En algunos casos puede haber razones concretas para
llegar a ese término. Otros sólo están imbuidos de una gran falsedad
para atraer a espectadores amantes de las
sorpresas (mentirosas).
Esta
cosa de Estafadores no se sabe
muy bien de qué va, cuál es la razón (la sinrazón) de su trama, de su
existencia. Tampoco se entiende demasiado bien cuál es el objetivo máximo
de la estafa. O de las sucesivas (y continuadas) estafas. No se explica
nada en demasía. Se trata de un discurso a media voz. Así no se pueden
hacer las cosas. Si no se entiende muy bien la razón de una trama
enormemente plana, el final, lindando con lo imposible resulta ídem. ¿Cómo
entender que unos expertos en estafas se dejen estafar tan limpiamente? ¿Cuál
es la estafa realizada a los estafadores menores (el pez chico y el
grande) aparte de trabajar gratis? ¿Cómo explicar que la chica diga que
se debe casar (y el “chico” pique) por asunto de “papeles”? ¿Es
posible entender que el gran engañador telefónico se deje enternecer por
una señora dispuesta a invertir todo su dinero? Problema, este último,
de conciencia para un personaje sin escrúpulos, pero encauzado hacia la
“humanización” de unos seres que ni siquiera resultan mínimamente
interesantes.
Película
plana, lineal, gris (todo lo que acontece está tratado de igual forma: no
hay una sola trama, o apunte, dominante) que apunta cosas (o pretende
apuntarlas) en su corrección insoportable. Podía haber resultado
interesante hablar de las estafas telefónicas en las que se ofrecen miles
de regalos. Pero, ni resulta “tragable” tal como se da en pantalla (¡santa
ingenuidad americana!), ni tampoco se explica demasiado la estafa, ni el
aguante de los posibles estafados (con llamadas de más de una hora,
insultos y “levantamientos” de voz para los incautos escuchadores). El
colmo de la “inteligencia” directora se encuentra en el montaje en
paralelo entre las ardientes relaciones del protagonista con la chica (una
demasiado seria Julia Ormond) y sus ascendentes ventas. De una vulgaridad
elemental. Ingenuidades de principiante. No es lo mismo hacer cine que
hacer teatro.
Existen
personajes despistantes. Su inclusión no se entiende demasiado bien
(aparte de no aclarase demasiado cómo son ninguno de los participantes en
el poco simpático juego). Es el caso del amigo del protagonista. La
verdad es que no se sabe cuál es su papel en el filme. A qué se debe la
“excesiva” preocupación que genera en él. Hay planos y movimientos
de cámara equívocos que tratan de explicar o sugerir sin sentido.
Acumulación de efectos, personajes, situaciones que no consiguen que la
película despegue o que nos resulte novedosa.
Se
ve sin demasiado esfuerzo debido al trabajo de los intérpretes (¿acaso
no sabemos que Ed Harris es un buen actor?), pero al final queda en el
espectador un gesto de incredulidad. ¿Ha pretendido, tal tontería,
quedarse con nosotros? ¿Hemos sido estafados? ¿Se ha cerrado así el círculo?
Una
primera obra sin demasiado
interés. Una de esas películas cuya razón de existencia no se
entiende demasiado bien. Y menos por qué se distribuyen por estos lares.
Mr.
Arkadin
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ESTAFADORES
Título
Original:
Prime Gig
País y Año:
EE.UU, 2001
Género:
THRILLER
Dirección:
Gregory Mosher
Guión:
William Wheeler
Producción:
Independent Pictures
Fotografía:
John A. Alonzo
Música:
David Robbins
Montaje:
James Y. Kwei
Intérpretes:
Vince Vaughn, Julia Ormond, Ed Harris,
Wallace Shawn, Stephen Toboloswky, George Wendt
Distribuidora:
Araba Films
Calificación:
No recomendado menores de 13 años
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