Juana la loca
Principal ] Arriba ] La fuga ] El pacto de los lobos ] [ Juana la loca ] Moulin Rouge ] Visionarios ]

 

Juana la loca

Nuevamente el amor y los celos como motor de una película en la que Aranda explora los sentimientos y la pareja.No hay ningún cambio respecto al anterior cine de Aranda en este su primer filme, si así se puede llamar, histórico (aunque también lo era Libertarias) o, preferiblemente, de época (también se acercaba a ese concepto La novia ensangrentada). Como en los suyos anteriores, el amor (la pasión amorosa, más bien) y los celos (una consecuencia de aquello) son el soporte de la película, su razón de ser.

Poco o nada queda de la anterior (y en su momento exitosa) película que trataba el mismo tema –los amores entre Felipe el Hermoso y Juana la loca-: Locura de amor dirigida por Juan de Orduña al comienzo de los años cincuenta e interpretada por Aurora Bautista (un papel que significaba su inicio en el cine) y Fernando Rey. Ahí también, en el papel de la mora amante de Felipe, aparecía una jovencísima Sarita Montiel. En el filme de Orduña había ampulosidad, “cantaba” el cartón piedra y la exagerada interpretación acercaba la película a una estrambótica obra teatral. Aranda ha huido de ello y ha querido centrarse de la manera más simple posible a las relaciones entre los dos amantes. La tragedia de Juana  de Aranda es mucho más palpable, lógica, intensa y humana que la dibujada por la Juana de Orduña.

Existe una escena idéntica en ambos filmes que muestra la forma distinta de acercarse al tema por ambos realizadores. Me refiero a la secuencia que muestra la entrada de la reina en las cortes castellanas. El travelling de seguimiento de Juana entrando en la sala, en Orduña, es sustituido, en Aranda, por un plano estático y desde el extremo opuesto al de su entrada. Al triunfalismo en el primer título le sustituye ahora una gran contención. Pero esa contención, el evitar el carácter exagerado o grandilocuente, concede a la película una gran frialdad. Es una marca de fábrica de Aranda cuyo defecto consiste en impedir desatar la pasión amorosa de sus protagonistas. Una forma de distanciamiento, pero que a veces se vuelve tanto contra esta película como contra otras del director.

Juana está vista como una mujer fuerte, dolida por no poder imponer (al ser mujer) muchas de sus querencias. Se resiste a estar en un segundo plano. Mientras puede toma la iniciativa. Sí se marca el dolor ante la marcha de su país y el temor hacia lo desconocido, pero no se da, sin embargo, el proceso por el cual se va sintiendo reina de diferentes países (ante las muertes casuales, sólo marcada la de su hermana mayor, que asolan a su familia y que la llevan a un destino que ignora).

Hay un instante (curiosamente me recuerda aquel en que la protagonista saluda al hombre al que desea en La reina Kelly) realmente espléndido en idea, pero no suficientemente matizado, en el que se muestra ese deseo a dos. Es el momento en que Juana es presentada a Felipe. El simple hecho de “caérsele” de las manos a Juana el papel que lee (en su llegada) a Felipe es la clara oferta de su entrega como mujer. Lo que ocurre a continuación (y que se adecua a un planteamiento histórico) es la lógica consecuencia de ese acto.

Ciertos detalles muestran igualmente la gran fortaleza (y en otros la sensibilidad) del personaje de Juana, como el del nacimiento de su hijo, el futuro rey Carlos, en una excusado y viéndose obligada a romper con sus dientes el cordón umbilical (hecho histórico), o el corte de pelos que inflige a una de sus damas de honor, al saberla amante de su marido.

Hay muchas buenas ideas, pero algunas mal resueltas, como los gritos de Juana en el patio del palacio al sentirse engañada mientas la lluvia cae sobre ella. Quizás a ese instante le falte intensidad dramática. Pilar López de Ayala actúa bien, pero le falta intensidad en los momentos “fuertes”. No sabe, entonces, dar el registro adecuado, quedándose en una medianía. No es quitar méritos a la actriz. Pienso que puede ser una de las grandes intérpretes de nuestro cine. Pero hoy está en camino, no lo es todavía. El papel de Juana le viene grande a pesar de haber conseguido una aceptable caracterización. Actriz procedente de la televisión, de series para jóvenes, ya había destacado en el extenso reparto de Besos para todos. Hay que esperar, en el futuro, bastante de ella.

Lo más interesante de la película es pues Juana y su pasión amorosa. Por el contrario, no termina por introducirse claramente  en la historia toda la situación política. El enfrentamiento entre la corte flamenca y la corte castellana con sus intrigas, sus juegos palaciegos y políticos, apenas está dibujado. Por cierto, que el segundo de Felipe el Hermoso está interpretado por Giuliano Gemma, un actor imprescindible en los spaghetti-western de los años sesenta-setenta.

Tampoco resulta convincente la historia de la reina con Eloy Azorín (flojo e increíble en su papel), el soldado de la corte, con el que al parecer vivió amores Juana en sus juegos de la niñez. De todas formas, el recuerdo de aquellos viejos tiempos (época en la que Juana fue feliz) da pie al flash-back que es toda la película: el hacer girar la vieja peonza de sus juegos infantiles (giro por otra parte que engloba sin parar la vorágine de su vida) la conduce (desde su prisión en el castillo de Tordesillas) al encuentro con el ayer. Una bella forma de introducirnos en el pasado. Lastima de esa voz en off impersonal que trata de aclarar sucesos o hechos de la vida de Juana.

Algunos “historiadores” metidos a analistas cinematográficos tratan de ver las insuficiencias históricas del filme, como si una película debiera suponer una lección de historia. Algo incomprensible en una obra artística que es ante todo creación. En aras de ellos, entre otras muchas peregrinas afirmaciones, se ha llegado a criticar el mal uso de los idiomas. Nada menos, se dice, que todos los personajes de aquí y de allá hablan en español. Así, continúan, se olvidan de un tema importante como es el encuentro de Juana en una corte cuyo idioma desconocía. Bien, eso sería otra película. El idioma, hablar este u otro o que todos los intérpretes, aunque de, y en, distinto país, hablen el mismo, no es más que un convencionalismo artístico. Una crítica tan absurda que, su defensa, nos llevaría a atacar a Shakespeare porque sus amantes veroneses hablasen en inglés. Los caprichos de esos escribidores inquisidores que proclaman tamañas insensateces parecen demostrar su ignorancia artística. Una vena que sacan cuando les viene en gana. Según eso habría que defender que en Cleopatra (la grande, la excelente obra de Mankiewicz) se hablara latín por parte de los romanos, mientas que Cleopatra y sus súbditos deberían hablar en su foráneo lenguaje.

Juana la Loca es, pues, un filme irregular, profesionalmente impecable. Ambientación, fotografía, interpretación y música (otra gran partitura de José Nieto) se juntan para ofrecer una digna película fiel temática y estilísticamente (con sus pros y contras) a la obra de Vicente Aranda.

Adolfo Bellido                

JUANA LA LOCA

Título Original:
Juana la Loca
País y Año:
España, 2001
Género:
DRAMA
Dirección:
Vicente Aranda
Guión:
Vicente Aranda
Producción:
Enrique Cerezo PC, Production Group, Take 2000
Fotografía:
Paco Femenía
Música:
No tiene
Montaje:
Teresa Font
Intérpretes:
Pilar López de Ayala, Daniele Liotti, Manuela Arcuri, Eloy Azorín, Rosana Pastor
Distribuidora:
Warner Sogefilms
Calificación:
No recomendado menores de 13 años

Volver al SUMARIO Página ANTERIOR Página SIGUIENTE Ir a la ÚLTIMA PÁGINA