Mario Camus (1935-2021)

  19 Septiembre 2021

La imprescindible memoria

camus-0«¿Dónde están las lumbres
de un corazón tan fuerte,
tan hondo de ternura
que llegue en todo su latido al cielo?»

Claudio Rodríguez, A las estrellas.

La trayectoria artística de Mario Camus (Santander, 1935-2021) ha brillado con luz propia en el cine español de los últimos sesenta años. Este genial cineasta acaba de fallecer a los 86 años.

Hablar de Mario Camus supone hablar de un director sólido y reconocible, que sobresale en la adaptación de obras narrativas hispánicas. No se entiende la filmografía de Camus sin apreciar su pasión por la literatura realista española de los años 50 y las figuras de Cela, Delibes, Aldecoa, Matute, Fernández Santos, etc. Muchos españoles y ciudadanos del resto del mundo han conocido las novelas de estos escritores gracias a sus largometrajes.

La enorme cultura literaria de Camus, que ha reconocido ser un «lector insaciable», su respeto por los originales narrativos, han facilitado la creación de filmes honestos y de una calidad a menudo sobresaliente.

Aunque inició Derecho, Camus cambió pronto esta carrera por los estudios en la Escuela Oficial de Cinematografía en Madrid, licenciándose en dirección con el cortometraje El borracho (1962). Sánchez Noriega ve en este primer trabajo fílmico las claves del universo creador del director cántabro, «ahí están todos los temas que él desarrollará, los protagonistas de sus historias no son héroes, son más bien perdedores, antihéroes, personas que se convierten en víctimas de las circunstancias, de la ambición de otros, o de conflictos de todo tipo».

Camus formó parte de la generación denominada Nuevo Cine Español, integrada por figuras esenciales de la cinematografía española, que orientarán por nuevos rumbos el cine español a partir de los años 60: Carlos Saura, Basilio Martín Patino, Miguel Picazo, José Luis Borau, Julio Diamante, Manuel Summers, entre otros.

Precisamente, Camus colaborará con Daniel Sueiro y Saura en el guion de la primera película del cineasta aragonés, Los golfos (1959), largometraje que se considera el punto de arranque del NCE. Este movimiento cinematográfico español, que quiere abrir nuevas vías en el séptimo arte hispánico, recibe la influencia de Berlanga y Bardem, así como de las Conversaciones de Salamanca (1955), pero pretende tener un sello propio.

Las preocupaciones sociales y una actitud crítica contra una dictadura que llevaba ya más de dos décadas se perciben en sus películas, que no dejan de tener un aliento poético. Esta corriente cinéfila presenta puntos en común con otros artistas pertenecientes a otras disciplinas en los 50-60: las narraciones de Ignacio Aldecoa o José Manuel Caballero Bonald; la poesía de Ángel González o José Agustín Goytisolo; el teatro de Lauro Olmo o José María Rodríguez Méndez. En todos ellos, aunque en diversos estilos, se aprecia un malestar por la falta de libertades y una preocupación por las desigualdades socioeconómicas.

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Hagamos un repaso de la filmografía de Camus. En vez de seguir un orden cronológico relativo a la fecha de sus trabajos, nos vamos a guiar por los períodos de la historia de España que aparecen en sus películas y series. Al igual que ocurre con Galdós y Barea, Camus profundiza en los acontecimientos históricos que han ido marcando a España como país. Se trata de una memoria necesaria para saber las señas de identidad españolas en su devenir temporal. A través de sus creaciones audiovisuales, efectuamos un recorrido de más de doscientos años.

La Guerra de la Independencia (1808-1814) fue tratada por Camus en la serie televisiva Los desastres de la guerra (1983), con guion de Jorge Semprún, Rafael Azcona y Eduardo Chamorro, y en la que Francisco Rabal haría de Goya, para repetir en el papel del artista de Fuendetodos en Goya en Burdeos (1999), de Carlos Saura.

La franja que va de 1869 a 1875 (Monarquía de Amadeo de Saboya, I República e inicio de la Restauración) enmarca temporalmente a Fortunata y Jacinta (serie de TVE, 1980), basada en la obra maestra de Galdós, escrita en 1887, punto culminante del ciclo galdosiano de las novelas españolas contemporáneas.

Francisco Caudet identifica a Jacinta con la burguesía y a Fortunata con el pueblo. Juanito Santa Cruz, perteneciente como Jacinta a las clases acomodadas, juega con una y otra mujer. Las variaciones sentimentales del triángulo protagonista ocurren en relación con los sucesos sociopolíticos de esta época decimonónica.

En la serie de Camus, Ana Belén y Maribel Martín encarnan de manera extraordinaria a Fortunata y Jacinta, en una magnífica recreación del Madrid del siglo XIX. Siguiendo fielmente a Galdós, el personaje de Fortunata va ganando en importancia en cada capítulo, hasta convertirse en el eje central de la serie.

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Dos de los personajes secundarios, Plácido Estupiñá y Evaristo Feijoo, serán interpretados con acierto por Manuel Alexandre y Manolo Zarzo, que repetirán bajo las órdenes de Camus en La forja de un rebelde diez años más tarde, dando vida a don Justo y a Eliseo (Zarzo también participará en La colmena, como Consorcio López, y en Los santos inocentes, en el papel de médico).

De 1907 a 1939 (Monarquía de Alfonso XIII, Guerra de Marruecos, Dictadura de Primo de Rivera, II República y Guerra Civil) será el tiempo que vertebra La forja de un rebelde (1990), la adaptación de la trilogía narrativa autobiográfica de Arturo Barea, que el autor de Badajoz escribiese en su exilio francés e inglés, en el período de 1938 a 1945.

La durísima posguerra (tres días de 1943) en la ciudad de Madrid, que recoge Camilo José Cela en La colmena (1951), brindará a Camus la posibilidad de crear una de sus películas mayores en 1982, mostrando su maestría en la dirección de unos actores muy brillantes (José Sacristán, José Bódalo, Victoria Abril, Concha Velasco) interpretando a los variados personajes de la novela.

Camus ganó con esta película el Oso de Oro (1983) en el Festival Internacional de Cine de Berlín.

La resistencia guerrillera a la dictadura franquista, llevada a cabo por los maquis en el norte de España durante los años 40 y 50, constituirá la temática de Los días del pasado (1977), con Pepa Flores, de maestra en un pueblecito, y Antonio Gades, de veterano luchador antifascista, en los papeles principales.

Se trata de un excelente largometraje que abrirá el camino para otras propuestas cinematográficas en torno a la vida de los maquis, tal es caso de Silencio roto (2001), dirigida por Montxo Armendáriz.

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Las humillaciones que sufren unos campesinos por unos señoritos en un cortijo extremeño a principios de los 60, que simbolizan las injusticias desarrolladas contra la población pobre en el conjunto de España durante la dictadura, le proporcionarán a Camus la materia de la que, desde nuestro punto de vista, es la cima de su arte, una auténtica joya del cine español, Los santos inocentes (1984), basada en la novela homónima de Miguel Delibes, escrita en 1981, y que constituye a su vez la obra cumbre del narrador vallisoletano.

Camus viajó a Valladolid para pedirle a Delibes, amigo personal suyo, que accediese a que la novela se transformase en largometraje. Las prodigiosas interpretaciones de Paco el Bajo y Azarías, a cargo de Alfredo Landa y Paco Rabal, obtuvieron la Palma de Oro en el Festival de Cannes (1984).

En algunas ocasiones, Camus ha contado una anécdota que le ocurrió años después en un restaurante parisino. Allí vio en una mesa al insigne actor inglés Dirk Bogarde, que había sido el presidente del jurado del Festival de Cannes cuando Rabal y Landa ganaron los premios. Bogarde estaba cenando solo, en actitud reflexiva. Debió darse cuenta de la presencia de Camus en el local. Cuando se marchó, le hizo entrega a un camarero de una nota para Camus. Cuando el director santanderino vio el papel no pudo menos que emocionarse con su contenido: «Milana bonita».

La Transición democrática (1975-1978) y el terrorismo de ETA y los GAL durante los años 80 han formado parte del corpus de Sombras en una batalla (1993) y La playa de los galgos (2002).

La caída del muro de Berlín (1989) y el desmembramiento del bloque comunista inspiran Después del sueño (1992), mientras que el consumismo de la sociedad contemporánea y la búsqueda de la fama encuentran su reflejo en Adosados (1996).

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La última película de Camus, la magnífica El prado de las estrellas (2007) aborda varios temas de actualidad: la incertidumbre vital de los jóvenes, el confinamiento de personas mayores en residencias, el urbanismo feroz que no respeta la naturaleza; y varias cuestiones recurrentes en toda la carrera de Camus: el paso del tiempo, las conflictivas relaciones familiares, el contraste del mundo rural con el mundo urbano, el deporte como fuente de valores personales (en este filme, el ciclismo; en Young Sánchez, de 1963, el boxeo, ambas disciplinas muy admiradas por el director).

Precisamente, El prado de las estrellas se abre con una reflexión de T. S. Eliot, «La única sabiduría que podemos adquirir es la sabiduría de la humildad. La humildad es interminable», que enlaza con la visión del cine que defendió Mario Camus, un trabajo cooperativo en el que nadie debe creerse por encima del resto, «las películas las hacemos cincuenta, sesenta personas, desde el último eléctrico al hombre de sonido, es un trabajo mancomunado, de equipo, muy solidario», afirmó el cineasta cántabro.

En cuanto a la relación de Camus con los actores, el director solía referirse a una frase de John Ford, «para trabajar bien con los actores, lo que hay que hacer es elegirlos bien». En la asignación de papeles, Camus ha mostrado su inteligencia y conocimiento de los intérpretes españoles, no ya sólo en los papeles protagonistas, también en los secundarios.

Dentro de estos pongamos los ejemplos de María Luisa Ponte encarnando a doña Lupe, la tía de Maxi, en Fortunata y Jacinta (1980), Cesáreo Estébanez en el papel de Ángel, un socialista del pueblo madrileño, lleno de sabiduría popular con toques graciosos, en La forja de un rebelde (1990), o José Manuel Cervino como Tasio, veterano entrenador de ciclismo que guía a una joven promesa de este deporte, en El prado de las estrellas (2007).

Todos se adaptan formidablemente a sus personajes y cuentan con la versatilidad, calidad interpretativa y experiencia necesaria, al haber trabajado con algunos directores fundamentales del cine español: Luis García Berlanga, Fernando Fernán-Gómez, Pilar Miró, José Luis Garci o Antonio Mercero.

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Según Camus, la mejor manera de dirigir a los actores era «tener fe en ellos, creer en ellos, tratar de rodearles de un ambiente agradable donde ellos puedan dar el máximo. Yo creo que los actores españoles son formidables todos. El problema es darles el papel adecuado».

En las series de TVE de la envergadura de Fortunata y Jacinta y La forja de un rebelde, además del acierto en la elección de protagonistas, impresionantes Ana Belén y Maribel Martín, y de gran mérito la labor de Antonio Valero, el grupo de actores secundarios se antoja clave para componer esos frescos históricos de los siglos XIX y XX, basados en dos magnas novelas de orientación realista que intentan captar la realidad en sus múltiples manifestaciones. Camus reconoció que «sin los actores no somos nada».

Si Camus dirigió obras densas, en las que las historias sentimentales ocurren en contextos sociopolíticos complicados, se debe a que ha percibido en las novelas o en los guiones, de elaboración propia o en colaboración, una potencialidad expresiva en seres y ambientes que se podía transmitir por medio de imágenes. «Se tiene a sí mismo como un narrador de historias, donde prima la construcción de personajes y del desarrollo dramático del conflicto, por encima de la voluntad estilo», precisa Sánchez Noriega.

La estética de Mario Camus es realista y realistas son la mayor parte de textos literarios sobre los que ha trabajado. Pero realista no quiere decir reproducción automática de realidad, sino que existe un aliento poético en sus películas y series, al igual que ocurre en los originales narrativos.

Hay poesía en la sensibilidad de Azarías hacia los pájaros, en la resistencia de Fortunata ante las adversidades o en el cariño de Arturo hacia la higuera en Marruecos. Asimismo, rebosan ternura las escenas del colegio en Los días del pasado (1977), donde los niños se identifican con los ríos de España, o la nostalgia de la infancia y el respeto de los mayores de Alfonso en El prado de las estrellas (1977).

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En el tratamiento sobrio de las tramas, humano, sin estridencias, a la vez que, en la defensa de la dignidad de los más humildes, se aprecia la influencia de Ignacio Aldecoa (1925-1969), amigo personal de Camus, que llevó al cine los siguientes relatos del escritor vasco, siendo el autor que más ha adaptado: Los farsantes (1963), Young Sánchez (1963), Con el viento solano (1965) y Los pájaros de Baden-Baden (1975). El propio Aldecoa visitó en varias ocasiones el rodaje de Con el viento solano. Así evocaba Camus al escritor vitoriano: «Compartió generosamente muchas horas con nosotros. Siempre era el humor, la risa, la sabiduría del que sabe todo y la inocencia del escolar que descubre un mundo nuevo […] Se reía con todas las ganas. Cuánto le recuerdo y cuánto se nota su falta».

El director cántabro admiró la poesía de Claudio Rodríguez (1934-1999), de su misma generación, con el que a su vez compartió amistad. La lírica del poeta zamorano posee algunos de los rasgos aplicados a la narrativa de Aldecoa, aportando al cine de Camus el gusto por la palabra sencilla, el cuidado de los diálogos, el respeto por el medio ambiente y la estimación de la solidaridad como valor central en las relaciones humanas.

Que a Camus le preocuparon las historias se demostró en su participación en el guion de prácticamente todos sus trabajos cinematográficos, ya sea solo o en colaboración. En los 60, 70 y 80, cultiva, con frecuencia, el guion basado en textos literarios de narradores españoles. Desde los 90, son más abundantes los guiones propios, aunque sigue realizando adaptaciones de novelas como La ciudad de los prodigios (1999), basada en la obra de Eduardo Mendoza de 1986. Su pasión por la escritura se ha manifestado también en la publicación de dos libros de relatos.

Carlos Saura ha afirmado que «Camus era, por encima de todo, un escritor de gran talento». No debemos olvidar que Camus no solo compuso guiones para sus películas o series, sino que los escribió para proyectos de otros directores. Nos hemos referido ya a Los golfos (1959), de Saura. Encontramos destacable su participación en los guiones de Luces de bohemia (1985), de Miguel Ángel Díaz, Más allá del jardín (1996), de Pedro Olea, y Roma (2004), de Adofo Aristarain; y es muy significativa su presencia en los guiones para tres películas de Pilar Miró: Werther (1986), Beltenebros (1991, firmado el guion con la directora madrileña y Juan Antonio Porto, el guionista de La forja de un rebelde; una magistral adaptación de la novela de Muñoz Molina escrita en 1989, con una figura emblemática del cine europeo, Terence Stamp, encabezando el reparto) y El pájaro de la felicidad (1993).

Mario Camus ha fallecido este sábado, 18 de septiembre de 2021. Vive su cine y, dentro del mismo, unas cuantas películas imperecederas, auténticas cimas de la cultura española. Una filmografía realizada con corazón y sabiduría. Si existe otra vida, Mario correrá a abrazarse con sus amigos Claudio, Ignacio y Miguel, y hablarán de nuevo sobre la naturaleza castellana y extremeña, sobre los pájaros y sobre los animales que pueblan los campos y los caminos, y quizá conozcan allí, en un futuro mundo ignoto, a un joven ciclista de nombre Jorge, que a finales de los 90 me hizo un regalo hermoso, sencillo e inolvidable: ver a su lado Los santos inocentes.

«Entonces sonó la campana
y se volvió.
Estaban esperándole»

Ignacio Aldecoa, Young Sánchez.

Escribe Javier Herreros Martínez

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Recursos audiovisuales consultados

«La forja del exilio», Informe Semanal, TVE, 31-3-1990.

«El cine de Mario Camus», De Película, nº 91, TVE, 1984. Entrevista de José Ruiz.

Entrevista de José Luis Sánchez Noriega, profesor de Historia del Cine de la UCM, octubre 2007. Contenido extra (DVD 2) de la edición especial para coleccionistas de Los santos inocentes (1984), TVE, Suevia Films, 2007.

El País, entrevista de Diego Galán, 6-4-2015.

Recursos digitales 

Serie de televisión Fortunata y Jacinta 

Recursos bibliográficos 

Aldecoa Ignacio, Con el viento solano, prólogo de Mario Camus, Madrid, Bibliotex, 2001.

Aldecoa, Ignacio, Cuentos, ed. Josefina Rodríguez de Aldecoa, Madrid, Cátedra, 1977.

Camus, Mario, 29 relatos, Villanueva de Villaescusa, Valnera, 2010.

Peréz Galdós, Benito, Fortunata y Jacinta, vol.I, ed. Francisco Caudet, Madrid, Cátedra, 2009.

Rodríguez, Claudio, Poesía completa (1953-1991), Barcelona, Tusquets, 2001.

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