Cocoon (1985), de Ron Howard

  21 Julio 2021

 

Obra hecha con amor, oficio y mensaje

cocoon-0A veces yo mismo soy muy severo con el cine de los años 80; cierto es que no fue una década excesivamente brillante, pero dio sus frutos interesantes con directores grandes como Kubrick, Kurosawa, Brian de Palma, Steven Soderbergh, Nagisa Oshima, en fin, o el mismo Ron Howard que dirige este film, un director con oficio que prosigue hoy día en pleno su andadura, habiendo estrenado recientemente una película con Amy Adams como protagonista, Hillbilly Elegy (2020), una elegía rural bien recibida para los tiempos que corren… y ahí está, bien pasadas ya las seis décadas y poniendo el cuerpo.

En esta entrañable película, Cocoon, un grupo de personas mayores que viven en una institución de lujo, por cosas del azar descubren que los baños que se dan en una piscina cubierta aledaña a su establecimiento, a la cual acceden furtivamente, les proporciona una vitalidad y una energía que no tenían desde su juventud. Incluso ahora, tras esos baños tan rejuvenecedores, practican sexo, bailan hasta altas horas, conducen el auto como si tuvieran veinte años, pasean con gran agilidad, dejan de lado sus enfermedades que remiten y todos los quebrantos de la vejez.

Pero un buen día caen en la cuenta de que la piscina tiene unos inquilinos que la han alquilado y que los seres son nada más y nada menos que extraterrestres altareanos, de los cuales desconocen sus intenciones, si son o no amigables.

Finalmente, la historia se desliza por derroteros variados e interesantes que mantienen la atención del espectador. Sólo diré que la película termina, tras la supuesta desaparición de los ancianos en un barco, con la nave de los antareanos encaminándose hacia su planeta que parece muy brillante. De lo que no cabe duda es que esta es una de esas películas que se queda en la memoria.

Como decía, el director Ron Howard hace una película muy entretenida, con humor y también tragedia, una cinta con acertadas dosis de sentimentalismo que le dieron mucho éxito a este drama fantástico.

Tiene un guion correcto, ingenioso y bien elaborado de Tom Benedek y David Saperstein, adaptación de la novela de Saperstein, Cocoon (Capullo).

La banda sonora fue compuesta por James Horner y se convirtió en todo un clásico de las BSO en los ochenta, firmando un trabajo que completa con precisión la historia de rejuvenecimiento de unos ancianos gracias al encuentro con unos extraterrestres, y que tiene en el tema Ascension que acompaña la conclusión, uno de los mejores cortes que el músico compuso a lo largo de su extensa trayectoria.

Ascension from Cocoon:

  

Una fotografía de calidad y esplendorosa de Donald Peterman. Para su época, los efectos especiales son bastante buenos. Sin olvidar el rumboso montaje de Daniel P. Hanley y Mike Hill, y el casting para la película y su secuela que fueron supervisados ​​por el director de casting Beverly McDermott.

Y, en fin, es destacable cómo Howard construye una obra con gran solvencia, y cómo «vuelca la práctica totalidad de lo bien que funciona todo ese clímax en el trabajo de un equipo de efectos visuales que se alzó con un más que merecido Oscar» (Benítez).

Y a propósito, el reparto del film es genial en su conjunto; cabe destacar el trabajo de Don Ameche, una estrella del cine de los treinta y de la radio entre los cuarenta y sesenta, que relanzó su carrera en 1985 con esta película, por la que obtuvo un Oscar al mejor actor de reparto, trabajando en el cine hasta días antes de su muerte en 1993.

También renacieron otros actores y actrices veteranos, como Jessica Tandy, que reactivaría la carrera con Esperando a Miss Daisy (1989) o su esposo en la vida real, el actor canadiense Hume Cronyn. Pero en realidad, este film se caracteriza por una actuación coral donde todos están sobresalientes, artistas de primer nivel, la mayoría de edad avanzada, que se suman a los mencionados, como Tyrone Power Jr., Gwen Verdon, Wilford Brimley, Jack Gilford, Barrt Oliver, Linda Harrison, Herta Ware y Clint Howard, que participan encantados en este cuento de regeneración, de esperanza y de sentimentalismo; y actores más jóvenes como Steve Guttenberg, Brian Dennehy y Tahnee Welch (hija de Raquel Welch, a la que se quiso promocionar sin mucho éxito).

Es una historia sencilla pero hermosa y la película tiene en los intérpretes un valor primordial, pues saben transmitir una cantidad de emociones diversas entre las que están el miedo, el amor, el deseo, las esperanzas, todo de manera inigualable.

El American Film Institute incluye esta película en el apartado de ciencia ficción. Tanto éxito tuvo que fue la sexta con mayor recaudación en el año 1985; y la secuela de 1988, Cocoon: el retorno fue interpretada de nuevo por casi todo el reparto original.

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Película primorosa, original y que logra reunir en una sola obra temas candentes todos como la vejez, los extraterrestres, el amor, la amistad, el drama y el humor. Y no se puede decir que lo haga mal, al contrario, vista con el paso de los años, a pesar de que siempre uno puede encontrarle alguna fisura, en lo general la cinta sigue siendo entretenida e interesante, sobre todo para quien no la ha visto.

Es posible que sean demasiados los «palos» que toca como para que salga redonda la cosa, pero, con todo, estamos ante una de las mejores películas de Ron Howard, un director irregular pero efectivo. Una película, en fin, inofensiva en su mensaje y en sus pretensiones, pero divertida. Lástima que la segunda parte careciera de la energía creadora de esta primera entrega.

Tal vez el público joven de hoy, tan aficionado a los disparos, los golpes, el terror, las películas de animación o las persecuciones de autos a ritmo de vértigo, no estén muy motivados a rescatar del olvido este film. Pero Cocoon creo que siempre será considerado un producto hecho con corazón, una película que nos enseña que la vida hay que vivirla con pasión y fuerza hasta el final, sin bajar los brazos, con la alegría de sabernos permanentes, y hacerlo hasta con sentido del humor.

Nos enseña, como dice el sabio aforismo en Gerontología que «más vale añadir vida a los años que años a la vida». Continuar en la edad provecta teniendo metas e ilusiones, sueños, relaciones de amistad o amorosas, proyectos a medio o corto plazo, saber seleccionar lo más importante, optimizar nuestros recursos, compensar las dificultades propias de la edad y seguir bregando ante los trances que se presenten, siempre de la manera más positiva posible.

Ver el atardecer y soñar que, en el amanecer, con el nuevo día, nos aguardará una hermosa tarea. Todo ello son buenos estímulos con los que llenar de vida nuestra existencia, con todas estas premisas estaremos añadiendo vida a nuestros años. De eso nos habla este film que recomiendo.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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