Escuadrón Suicida (2)

  23 Agosto 2016

Machismo, villanos, banalización y mediocridad

escuadron-suicida-1Hace varios días ya que vi el último estreno de DC, y aunque hasta el momento del visionado había huido de las críticas (de las que sólo sabía que eran muy malas), no he podido evitar verme rodeado de un enorme número de ellas, envueltas en polémica: análisis sobre los personajes, sobre el resultado final de un proyecto tumultuoso, sobre los roles femeninos de la cinta, sobre su valor como adaptación, y sobre la calidad misma de la apuesta veraniega de Warner, que ha sido (y probablemente sea a final de mes) el estreno más taquillero de agosto.

Hagamos, sucintamente, un juicio personal muy básico para comenzar: Escuadrón Suicida no es ni una cinta tan mala como se ha venido diciendo, ni tampoco tan buena como prometía ser en un principio.

El problema, fundamentalmente, ha venido por este último aspecto: la expectativa. A diferencia de lo que sucediera con Batman v Superman, donde (al margen del veredicto final, y de esa versión extendida que para público y crítica ha superado con creces a la original) lo que se vio en pantalla era bastante similar a lo que podíamos esperar a raíz de los trailers e informaciones del proyecto, en Escuadrón suicida todo prometía una película mucho mejor. Y, sin ser nefasta, la decepción de los fans combinada con el habitual ensañamiento de la crítica hacia el cine superheroico, y especialmente el de DC desde la partida de Nolan, han creado críticas especialmente negativas para algo que quizás no las merecía tanto.

La premisa

Vayamos poco a poco. El punto de partida de la película ya encierra algún problema en sí mismo, que por otra parte no es ajeno a otras cintas del género. Amanda Waller (Viola Davis), una persona con un poder un tanto impreciso dentro del gobierno de EE.UU. elucubra sobre qué harían en caso de que “el siguiente Superman” fuera un psicópata, y para combatirlo forma una fuerza de élite con supervillanos que cumplen condena, encabezada por Deadshot (Will Smith) y Harley Quinn (Margot Robbie).

El primer problema es uno que, en realidad, ya veíamos en la muy superior Capitán América: Civil War. Si allí el enfrentamiento épico entre dos formas contrapuestas de ver el trabajo de los superhéroes (con un elenco de personajes de primer orden de los más grandes que haya reunido Marvel) quedaba en pantalla reducida a una pelea de diez personas enfrentándose entre sí en un aeropuerto, aquí la premisa del Escuadrón Suicida fracasa ante el reducido número de personajes de DC que han llegado a la pantalla por el momento.

Porque no es sólo el hecho de que hasta ahora se habían presentado más superhéroes (Superman, Batman, Wonder Woman, Aquaman, Flash, Cyborg…) que supervillanos, sino que lo que libera-desencadena la primera amenaza a la que se enfrenta el equipo es, precisamente, la formación de este, cuando La Encantadora (Cara Delevigne) escapa al control de Waller y decide invadir el mundo.

Ese aspecto del guión es, en el fondo, un detalle perdonable, pero la realidad indiscutible es que resulta demasiado pronto para adaptar un arco por otra parte muy interesante del universo DC, pues es sencillamente imposible trazar a más de media docena de personajes fundamentales que no se han visto en pantalla antes (con la excepción del Joker, de la que hablaremos más tarde), al tiempo que se explora la historia que se quiere contra y se trazan multitud de temas secundarios.

Ese intento de abarcar demasiado es el primer gran error de la cinta, y parece ya reincidente en un universo donde este mismo año el gran problema de Batman v Superman fue la desmedida ambición que pretendió unir algunos de los mejores cómics de Superman y de Batman (y de ambos enfrentados) en una sola cinta.

Aquí, no es solo que se quiera abarcar mucho y la película no se centre en nada, sino que además se quieren abarcar cosas muy diferentes. Warner ha pretendido realizar su versión de Los Vengadores, olvidando que aquella funcionó tan bien porque la mayoría de personajes habían tenido una o varias películas previas para desarrollarse, y los que no, tenían espacio suficiente para hacerlo en el transcurso de la historia. Podíamos ver en la misma pantalla a Hulk, a Thor, a Capitán América, a Iron Man, a Viuda Negra, a Ojo de Halcón y a Nick Furia, sin necesidad de que nos contaran quiénes eran, porque ya se había hecho ese trabajo en otras cintas.

Escuadrón suicida pretende subsanar esa falta de bagaje previo con un recurso sencillo… o simple, más bien: el flashback, presentado (sin reparos) a través de fichas de personajes. Así, personajes que serían realmente interesantes, como Killer Croc (Adewale Akkinnuoye-Agbaje), El Diablo (Jay Hernández), la propia Encantadora, o Katana (Karen Fukuhara), quedan reducidos a meros esbozos, pues la trama se centra en dos: Deadshot y Harley Quinn, auténticos protagonistas.

En cuanto al primero, pocas quejas que hacer. Will Smith construye a un personaje creíble, con un trasfondo personal potente, y cuya interpretación está, junto con la de Viola Davis, entre lo mejor de la cinta. El personaje de Margot Robbie, por otra parte, es más controvertido, y si bien su relación con el Joker podía revestir de un gran interés, la polémica y los fallos han terminado por sumirla en un limbo extraño en el juicio del espectador.

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Grandes fallos y menores aciertos

Hablábamos del intento de abarcar demasiado de la película, pero también cabría comentar la pretensión de abarcar cosas demasiado diferentes. En cierto aspecto, Escuadrón suicida ha sido el intento de DC de hacer una suerte de Guardianes de la galaxia, reuniendo a un elenco de personajes que no están entre los más conocidos del universo, para explorar una apuesta cómica (si bien cabría comparar este humor más al de Deadpool que al de otras cintas de Marvel).

Si la cinta se hubiera limitado a ello, aún con sus fallos en ese querer abarcar demasiado, podría haber funcionado. Sin embargo, Warner y DC, que parecen no poder (o no querer) quitarse de encima ese halo de seriedad oscura y filosófica que arrastran desde Nolan, le imprime también este tono a la película, y al cabo, el resultado es incongruente.

Eso por no hablar de un fallido intento de demostrar que los malos no son tan malos, más en la cuerda de la inconstante Maléfica que de la brillante ¡Rompe Ralph! Ciertamente, se agradece en un subgénero cargado de maniqueísmo, pero el tono general es irregular, y sólo funciona de verdad en escenas como la de Deadshot negándose a matar a Harley Quinn, o la de El Diablo y su sacrificio, mientras que resulta ridículo en la demonización innecesaria del gobierno: vistas sus manipulaciones y presiones totalitarias, no hace falta matar a agentes del FBI solo para que no conozcan algo que están viendo las televisiones de todo el mundo.

Y si hay tantos fallos parece al cabo más culpa de una producción convulsa que de otra cuestión, pues buen material hay. El apartado audiovisual, por ejemplo, es de matrícula de honor, las escenas de acción están bien desarrolladas, y el guión se resiente más de un montaje nefasto que de sus características propias. Y los siempre necesarios cameos en el subgénero superheroico, con la presencia de Batman y Flash (especialmente del primero), están aquí mucho más acertados que en Batman v Superman, y que la media general de estas cintas.

No es elucubrar el criticar esa producción, pues los propios responsables del proyecto la han mencionado. Por el camino han llegado muchos cambios que no contentan a nadie: en lo que al personaje del Joker (Jared Leto) se refiere, por ejemplo (emblema promocional y de cortísimo recorrido en la película), un fan ha presentado una denuncia a los estudios al no encontrar en la película muchas escenas que sí aparecían en los tráilers, mientras que el propio Leto ha manifestado su descontento ante la mutilación de protagonismo que sufrió, y que nos deja con una interpretación fantástica en un personaje muy desdibujado.

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Machismo y descontento

Buena parte de la polémica tiene que ver, precisamente, con el personaje del Joker, que mantiene una relación con Harley Quinn cuya toxicidad resulta palmaria, pero que a pesar de ello deja pistas (muy ligeras) de un cierto romanticismo que puede resultar creíble para quien no haya leído los cómics y conozca el recorrido de los personajes, y que la película no ensalza en exceso, pero que precisamente debido a las escenas eliminadas tampoco condena como debería.

Se habrían perdido así, por ejemplo, enfrentamientos en que Harley se reafirma frente a su agresor, en que se explica por qué ella está tan sometida a él, o en que logra por fin huir de esa relación, prefiriendo al Escuadrón Suicida antes que al Joker. Escenas todas ellas que no sólo habrían mejorado la calidad de la cinta al enriquecer a los personajes, sino que habrían cortado bastante polémica.

Con todo, no habría desaparecido, ni mucho menos, y con razón: los personajes femeninos, con la excepción del que corre a cargo de Viola Davis, están terriblemente tipificados y poco enriquecidos, mientras que a ellos (por sí mismos machistas por lo general) se les presta más atención.

Harley Quinn no es más que un reclamo sexualizado (ropa interior, o muy corta, primeros planos innecesarios de su cuerpo…), y lo mismo se puede decir, aunque en menor medida, de La Encantadora. Y para rematar, en un caso claro de violencia machista, donde El Diablo mata a su mujer y a sus hijos por una discusión, se deja caer el discurso de que él es la víctima, y no ellas.

Todo en un batiburrillo en el que, si bien es verdad que no comparto todas las críticas (que Harley sueñe con una vida feliz con el Joker y dos hijos no me parece tan relevante, cuando Deadshot sueña con recuperar a su hija, y El Diablo con su mujer e hijos, siendo en los tres casos el núcleo familiar la mayor aspiración), está de más decir que son necesarias y evidentes.

Y, claro está, no han faltado quienes han destacado que las malas críticas constantes al universo DC en la gran pantalla son una campaña orquestada por Marvel y la crítica especializada, perdiendo de vista que Warner está cometiendo errores recurrentes en estas cintas que ya despiertan también críticas de una gran parte del público.

Como decíamos al principio de la reseña, no es la cinta que se nos había prometido, pero tampoco es ni de lejos tan mala como se nos ha querido vender. De hecho, a pesar del gran número de errores que hemos destacado sobre los aciertos, el resultado final consigue una cinta perfectamente entretenida en la que los fallos pasan desapercibidos hasta un segundo análisis.

El suspenso, al final, probablemente se deba más a la polémica y la decepción que a la calidad en sí misma, y si las expectativas no hubieran sido tan altas, sin duda las críticas estarían siendo mucho más positivas. El tiempo dirá el color con el que recordamos esta apuesta.

Escribe Jorge Lázaro

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