Una relación en clave de humor (según Buster Keaton)

  03 Septiembre 2021

La mejor película de la historia (Orson Welles)

buster-0Desde sus inicios el cine ha mantenido una estrecha relación con el tren, ambos representan los avances tecnológicos y, por tanto, la modernidad. De hecho, una de las primeras películas rodadas por los hermanos Lumière fue L’arrivée d’un train en Gare de la Ciotat (1896).

Esta vinculación puede ser analizada desde distintos enfoques. Uno de ellos es el del humor y su consecuencia habitual: la risa. Como es evidente, existen diferentes tipos de humor. El semiólogo ruso Mijaíl Bajtín, argumenta que la risa no es solo una reacción ante ciertas situaciones cómicas, sino también una peculiar e inconfundible forma de conocimiento. Y lo explica en los siguientes términos: «Cuando la risa plantea problemas universales, es tan aceptable como la seriedad. Hay algunos aspectos esenciales del mundo que solo son accesibles por medio de la risa» (1).

El género cómico en el que piensa Bajtín es el humor carnavalesco, que más allá de ser una celebración popular, supone una visión crítica del mundo. Es un idioma universal que tiene una presencia festiva y liberadora en diferentes culturas.

Por otro lado, también debe tenerse en cuenta que la evolución social y los cambios que conlleva, ha ido influyendo culturalmente en la concepción del humor. De hecho, en la Edad Media, un periodo oscuro en la historia de la humanidad, no se reía ni Dios. Pero, afortunadamente, la realidad fue cambiando.

Si consideramos la risa como un fenómeno universal, es lógico que el cine, desde sus inicios se vinculara a esta manifestación humana. El gag es el elemento narrativo característico del cine de humor. Se trata de una unidad de sentido que interrumpe la lógica del relato. El humor aparece en el cine apoyado en diferentes soportes o vehículos, y uno de ellos es el tren, que aporta un elemento sustancial y proteico desde un punto de vista narrativo, como es el viaje.

El ferrocarril y el cine inician su andadura en el siglo XIX. En 1830 se inauguró la primera línea ferroviaria del mundo entre las ciudades de Liverpool y Manchester, y en un periodo relativamente corto se convirtió en un medio de transporte de éxito. Glyn Horton, afirma en su Guía sobre los ferrocarriles británicos en el cine: «El público en la era victoriana estaba totalmente fascinado con los trenes. Una vez superados los temores iniciales, lo consideraban un transporte rápido y emocionante».

La presencia del ferrocarril en la pantalla de cine es muy temprana. Ya hemos mencionado la película de los hermanos Auguste y Louis Lumière (La llegada de un tren a la estación de la ciudad), filmada pocos meses después de la presentación del cinematógrafo, ocurrida el 28 de diciembre de 1895 en París. Con apenas un minuto de duración, esta película causó un gran impacto en los espectadores, los cuales pensaban que iban a ser arrollados por la máquina de vapor que se agrandaba en la pantalla.

La utilización del ferrocarril como recurso en el cine de humor se hizo realidad muy pronto. Para ilustrar esta idea nos centraremos en la obra de uno de los cómicos más grandes del cine mudo, Buster Keaton.

Buster Keaton (1895-1966) inició su trayectoria en el mundo del vodevil, al igual que otros grandes de la comedia cinematográfica, como Charles Chaplin o Harold Lloyd. Con una larga trayectoria como actor, productor y director de cine; sus películas más famosas y populares las realizó en la década de los años veinte del siglo pasado, como son: Las tres edades (1923), La ley de la hospitalidad (1923), El navegante (1924), El moderno Sherlock Holmes (1924), Las siete ocasiones (1925), El maquinista de la General (1926), El héroe del río (1928) y The Cameraman (1928).

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Keaton siempre consideró para sus historias las posibilidades que le ofrecían como recurso cómico los vehículos motorizados, preferentemente los trenes y los barcos. En su segundo largometraje, La ley de la hospitalidad, rodada en 1923, su personaje de «cara de palo» ya está definitivamente configurado. La película contiene secuencias muy elaboradas, con gags efectivos, basados en su capacidad física y su valentía para afrontar escenas de riesgo.

La secuencia más memorable tiene al tren como protagonista en un accidentado viaje, donde aparece la máquina de vapor denominada The Rocket, recreada por el propio Keaton, que era un apasionado del mundo del ferrocarril. Algunos de los gags que aparecen en esta película anticipan situaciones que se explotarán brillantemente tres años después en El maquinista de la General (1926).

La ley de la hospitalidad es una comedia que presenta la historia de Willie McKay (Buster Keaton) que se ve implicado en la pelea de clanes entre los Canfield y los McKay, dos familias sureñas que se odian y matan entre sí. Es la única película en la que aparecen las tres generaciones de los Keaton: el padre de Buster actúa como el maquinista del tren; su hijo desempeña el papel de Buster cuando era un bebé, y él es el protagonista de la película. También su esposa en la vida real Natalie Talmadge, desempeña el papel de la joven a la que conoce en el viaje y que forma parte del clan contrario al suyo.

Tres años después Keaton produjo, interpretó y codirigió con Clyde Bruckman la que hoy está considerada por la crítica como su mejor película, El maquinista de la General, que curiosamente fue un fracaso comercial en su momento, lo que estuvo a punto de llevarle a la ruina.

El film está basado en el relato The Great Locomotive Chase (La gran persecución en locomotora) escrito por William Pittinger. Ambientada en la Guerra de Secesión americana, y basada en un hecho real: el secuestro de un tren confederado por parte de soldados de la Unión. Keaton cambió el punto de vista, ya que el héroe es un soldado confederado. El rodaje en exteriores fue complejo, utilizando un gran despliegue técnico, como la utilización de varios trenes, y contiene unos excelentes efectos especiales, que destacan en diferentes escenas como ocurre en la que la locomotora cae espectacularmente desde un puente a un barranco.

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La película reivindica lo que es capaz de hacer un hombre solo, pequeño, y en apariencia débil por recuperar lo que más desea: su locomotora y Anabelle, la mujer a la que ama. El joven desea unirse al ejército confederado, pero ella, que le considera un cobarde, le dice que será más útil si se queda trabajando de mecánico. Un comando nordista se infiltra en las líneas confederadas robando La General y secuestrando a Anabelle. Entonces Keaton decide demostrar su valentía y parte al rescate de su novia y de la locomotora, enfrentándose al enemigo.

La película de Keaton logra una extraña perfección. Los sucesivos gags no entorpecen ni detienen la narración, por el contrario, la complementan y enlazan. Su estructura se organiza en torno al protagonista y su recorrido de ida y vuelta, avanzando con el tren en territorio enemigo y regresando después al propio. La acción de un hecho bélico histórico transformado en una situación burlesca, apoyada en continuos gags, resulta sorprendente y original. Todas las situaciones de la primera parte encuentran su reciprocidad en la segunda. Si Keaton tuvo que sortear situaciones difíciles en la primera parte de la historia, hará que sus perseguidores se enfrenten a las mismas dificultades en la segunda. Según Orson Welles, es «la mejor comedia de la historia, la mejor película sobre la Guerra de Secesión y, posiblemente, la mejor película, a secas».

Muchos años después, ya en su etapa final, Buster Keaton protagonizó El ferroviario (The Railrodder, 1965) un mediometraje de 25 minutos dirigido por Gerald Potterton (2). Se trata de un documental realizado para promocionar Canadá como un país atractivo con magníficos espacios naturales y modernas infraestructuras. Producido por The National Film Board of Canadá, el rodaje se planteó como un recorrido en tren por el país, pero al estilo del cine cómico mudo.

El sencillo argumento desarrolla la idea de que el personaje de Buster Keaton, fascinado por el anuncio sobre Canadá que aparece en un periódico, decide viajar desde la ciudad de Londres, lanzándose al río Támesis y atravesando el océano Atlántico a nado. Una vez allí, utiliza un pequeño transporte sobre las vías del tren para recorrer Canadá de este a oeste. Para rodarlo, el equipo atravesó en tren todo el país, siguiendo un recorrido previamente acordado, pero improvisando sobre la marcha los gags ideados por el propio Keaton.

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Conscientes de que se trataba de una ocasión histórica, los directivos del National Film Board tuvieron la feliz idea de realizar un making of para documentar el rodaje. De esta manera se obtuvo un registro excepcional y único, en el que podemos ver a Buster Keaton en pleno proceso creativo. El resultado se tituló Buster Keaton Rides Again (1965) donde podemos observar la manera de trabajar de Keaton (3). También se le ve cantando viejas canciones de vaudeville y discutiendo con el director de la película para poder hacer las cosas a su manera. Un regalo para disfrutar de la capacidad creativa de uno de los mayores genios cómicos del cine.

En el año 1960 la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood otorgó a Buster Keaton un premio Oscar honorario por su importante contribución artística a la industria del cine estadounidense.

La última aparición en público de este gran cómico fue en el año 1965, en el Festival de Cine de Venecia, cuando presentó la que sería una de sus últimas películas, Film, dirigida por Alan Schneider. Falleció un año después, a los 70 años, en su casa de Los Ángeles (California).

Escribe Juan de Pablos Pons

Notas

(1) Mijaíl Bajtín: La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: el contexto de François Rabelais. Madrid, 1998.

(2) https://www.youtube.com/watch?v=xYmcN12M97o

(3) https://www.youtube.com/watch?v=5HOWv7Ce69E 

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