Rolling Thunder revue (Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan Story by Martin Scorsese, 2019)

  12 Mayo 2020

Tras la máscara

rolling-thunder-revue-0En 2005 Scorsese dirigió el documental No Direction Home, un trabajo en el que se exploraba la etapa inicial de Bob Dylan y que abarcaba su trabajo hasta mediados de los años 60, un momento clave en el que se estaban produciendo cambios en su trayectoria musical.

Con anterioridad, Dylan ya estaba presente en una de sus grandes trabajos, The last waltz (1978), el documental que el director de Casino rodó sobre el último concierto de The Band, la banda que acompañó durante un tiempo a Dylan pero que configuró su propio universo creativo para destacar como un grupo en la década de los 70 del pasado siglo.

Ahora, bajo el auspicio de Netflix, Scorsese presenta el documental Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan Story by Martin Scorsese. Tras su gira del año 1974 con The Band, y con la base de su disco Blood on the tracks y el que será el siguiente, Desire, Bob Dylan realizó la gira denomina Rolling Thunder Revue, entre los años 1975 y 1976. Un material denso, emocional, que plasmaba la vida personal de Dylan sin perder de vista el crisol social que se gestó durante ese tiempo en EE.UU.

Con esta base, se planteó una gira diferente, al menos en lo externo, con una especie de reunión de amigos y donde el espectáculo musical se complementaba con performances de poesía, alegatos sociales y políticos, desarrollada en lugares poco habituales pues además de grandes ciudades se acudía a pequeñas poblaciones o sitios como una cárcel o una reserva india.

Esta gira está magníficamente relatada en el libro Rolling Thunder: con Bob Dylan en la carretera de Sam Sheppard (Anagrama, 2006). En esta obra, el dramaturgo relata la gira en la que participó como acompañante mientras escribía parte de lo que después sería el filme Renaldo y Clara (aunque su participación no estuvo clara y no apareció en los títulos de crédito), describiendo el ambiente en el que se desarrollaron los conciertos.

Ahora Scorsese, aprovechando parte del gran material grabado de la citada película, del que quedó mucho metraje inédito, y con nuevas escenas filmadas, fundamentalmente entrevistas, a las que se añade escenas de la realidad social del EE.UU. de esa época, pone en marcha el documento visual de la gira.

La figura de Bob Dylan siempre ha sido difícil de clasificar. Desde sus inicios, el cantautor de Minnesota ha afrontado diferentes reencarnaciones que se han plasmado en su recorrido musical, desde sus inicios como cantautor acústico, la evolución en sus textos, el paso al rock eléctrico, su etapa country, su extraño accidente de moto y su posterior aislamiento, sus contactos con el cine, y, finalmente, su presencia continua en los escenarios de medio mundo desde hace décadas en una gira interminable.

En su biografía hay datos y episodios contradictorios que el propio artista se ha encargado de difundir o de no aclarar, aportando cierta confusión al relato biográfico; el hecho también de que Dylan mantenga una distancia frente al significado de su propia obra remitiéndose siempre a sus textos, sin dar demasiadas explicaciones ni importarle el misticismo generado alrededor de su persona y de su obra, en el que el mestizaje entre la realidad y el mito se convierte en una línea difícil de distinguir.

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El documental mantiene la estructura temporal lineal, de tal forma que asistimos al inicio y el posterior desarrollo de la gira. El preliminar es una reunión que oscila entre el amiguismo y el profesionalismo, al que se le añade un complemento cultural con la presencia del poeta Allen Ginsberg.

Dylan, como siempre ha hecho en su carrera, se rodeó de una potente banda, a la que se añaden diferentes figuras para configurar una gira donde el protagonismo se comparte con otros artistas (Joan Baez, Joni Mitchell, Ramblin’ Jack Elliott, etc.). Hasta aquí nada distinguiría este documental de otros tantos en los que se pone a disposición del espectador las imágenes grabadas durante la gira.

Pero Scorsese lo que hace, adoptando su papel de demiurgo, es jugar con todo el material disponible para saltar a un lado y otro de la difusa frontera que separa la realidad de lo inventado. Así, mientras asistimos al cruce de la gira y la obra de Dylan con el contexto social y político de un país en entredicho (el periodo siguiente al Watergate y la dimisión de Nixon, el final de la guerra de Vietnam, los problemas sociales, raciales…), aparecen testimonios y personajes manipulados que se hacen pasar como si fueran fuentes reales.

De esta forma, todo el material que proviene en gran parte del sobrante de Renaldo y Clara (que ni siquiera se cita en la película) se disfraza como si hubiera sido filmado por un supuesto cineasta alemán que no existe; como tampoco existe el senador Jack Tanner, al que se le entrevista y que en realidad es el actor Michael Murphy (que retoma un personaje que interpretó en una serie de televisión dirigida por Robert Altman en 1988); y no, tampoco parece probable que Sharon Stone fuera una adolescente groupie seguidora de Dylan).

Al igual que Dylan se ocultaba en el escenario con una máscara de maquillaje, en lo que fue la imagen icónica de los conciertos, quizá influencia del glam rock (no en balde el guitarrista de la gira era Mick Ronson, guitarrista y arreglista de Bowie en la época de Ziggy Stardust), Scorsese parece querer encubrir ese material real con un acercamiento ficticio que marca una distancia entre el artista que sube al escenario y el mito que era consumido por los espectadores asistentes a los conciertos.

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El director italoamericano no engaña a nadie, la primera escena de la película es un fragmento de un corto de George Méliès del año 1896, Escamotage d’une dame au théâtre Robert Houdin, en el que asistimos a un burdo truco de magia donde un mago hace aparecer y desaparecer a una mujer. Desde los títulos de crédito ya nos está avisando que lo que vamos a ver a continuación es en gran parte una ilusión, un trampantojo que juega con todo ese material.

De esta forma, Scorsese es capaz de proponer una visión global de la obra de Dylan enraizada en el contexto social que le rodea. Las canciones adquieren así una valor añadido que las trasciende; como ya lo fue Blood on the tracks (1975), Desire (1976) sería un disco realizado con la mirada puesta en los problemas personales (la separación de Sara, su mujer), pero al interpretarlo en los escenarios (muchas canciones se estrenaron durante la gira) se convierte en una herramienta para canalizar las sensaciones que flotaban en el ambiente de la época. Sin olvidar que la propia realidad retraolimentaba la obra de Dylan, como fue el caso del tema Hurricane, que alertó de la situación injusta del exboxeador negro acusado de asesinato.

Pero al margen del punto de vista adoptado por Scorsese, en cierto modo el único camino para hacer propio un material ajeno —ocultando al realizador de las tomas originales—, el documental tiene un considerable valor al mostrarnos actuaciones completas de un puñado de canciones de una de las giras más creativas de Bob Dylan, tanto por el material interpretado como por los músicos que la conformaron. Así podemos asistir a las recreaciones de Mr. Tambourine ManLike a Rolling StoneJust Like a WomanA Hard Rain’s A-Gonna Fall, HurricaneKnockin’ on Heaven’s DoorOn more Cup of CoffeeSimple Twist of FateBlowing in the wind y otras tantas, o momentos como la sincera conversación entre Joan Baez y Bob Dylan hablando del pasado en común de ambos.

Un apasionante ejercicio de revisión de la poliédrica figura de un artista que al final no deja de ser un trovador contemporáneo, un artista, un cantante, que como queda atestiguado en los títulos de crédito, en el que se detallan por años las fechas y ciudades de sus actuaciones, se ha dedicado desde entonces a realizar giras interminables por todos los países del mundo transmitiendo su mensaje.

Escribe Luis Tormo | Fotos Centro de prensa Netflix | Artículo publicado en Cine, Cultura y Turismo 

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