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Al
amparo del tirón experimentado por el cine documental la temporada
pasada, ahora nos presentan otro sobre un fenómeno musical gestado y
promovido desde la televisión. En su campaña de promoción se decía que
íbamos a poder vivir en la gran pantalla “el secreto de un éxito
sin precedentes”. Luego, desde la butaca, uno comprueba que OT.
La película (dirigida por J. Balagueró y F. Plaza) no es más que un
subproducto, a falta del libro y el videojuego correspondientes, de la
industria del entretenimiento. A quienes siguieron por TVE las evoluciones
musicales de esta trouppe de mozalbetes, la película no les aporta nada que no hayan
visto ya. Mientras que quienes se emocionaron con sus melodías ahora, en
el cine, podrán revivir parecidos sentimientos. De hecho, entre los pocos
espectadores del pase de media tarde, hubo reacciones bastante dispares.
Las dos personas de la tercera edad que estaban a mi lado, dormitaron gran
parte del metraje de la película. Mientras que el grupito de adolescentes
de las primeras filas, gritaban aquello de “guapo” o “qué
favor tienes” cada vez que la pantalla se alumbraba con un primer
plano de Bisbal, Chenoa o Bustamante.
OT.
La película pretende ser un documental, pero en realidad no pasa de
ser un videoclip de algo más de noventa minutos. El hilo conductor es el
periplo que lleva a estos chicos de concierto en concierto, amenizado con
retazos de las canciones interpretadas en algún estadio, coso taurino o
plaza mayor de ciudades invisibles. El desarrollo es ágil, dada la hábil
mezcla de los efectos sonoros (entiéndase música) con una variedad de
planos y situaciones. A los protagonistas planos cortos, cámara en
movimiento y tomas que se aproximan o alejan a gran velocidad. Para el público,
masa amorfa que se agita y vocifera en recintos cerrados, planos generales
que magnifican su cuantía y cuyo griterío llega hasta la sala de
proyección convenientemente tratado. De trecho en trecho, la confesión
en primera persona de alguno de los 16 personajes principales, abundando
en lo que cualquiera puede imaginarse. Admiro el cuidado con el que se han
hecho los cortes de las entrevistas, pues no traicionan la “identidad”
que a cada uno de ellos se les creó mientras permanecieron en la
academia.
Sí
creo, no obstante, como valor indirecto de OT.
La película, que su visionado produce en el espectador pálpitos de
terror (recordemos que los directores son duchos en el género). Al
terminar el metraje sin desvelar ningún secreto, a uno se le ocurre
pensar en los modos tan descarnados de explotar a unos jóvenes que se
creen artistas y en cómo se hace enloquecer a otros muchos miles que se
creen protagonistas de un “fenómeno sociológico”. A tal propósito
este pseudocumental mantiene a los protagonistas fuera de las coordenadas
espaciotemporales del resto de los mortales. Nunca aparecen al aire libre,
pululan por escenarios, vestuarios, dormitan en trenes o autobuses,
caminan protegidos por grandes guardaespaldas y cantan incitados por
apuntadores siempre conectados mediante comunicación inalámbrica. OT,
pues, está con los tiempos: el ocio es planetario y no se adscribe a ningún
lugar.
La
película también mantiene en secreto la impresionante maquinaria (humana
y técnica) que hace posible que estos chicos vayan de allá para acá sin
“poder asimilar lo que les está pasando”. Al espectador no se
le ofrecen pistas para que comprenda cuáles son los hilos que mueven la
economía política de la música joven, en versión OT. Claro que,
siendo una película de encargo (Academia y Artistas y Filmax son las
productoras), tampoco cabe pedirle que hurgue en la trastienda del
negocio. Pero semejante renuncia no justifica la falta de argumentos
razonables para entender el que los conciertos de OT parezcan histéricas
apariciones marianas o que Rosa admita su absoluta soledad en medio de
tanta gente que conoce su intimidad. En fin, es una lástima que OT. La película finalice y los espectadores tengamos que abandonar
la sala con el miedo en el cuerpo y los secretos de OT entre ceja y
ceja.
Ángel Sanmartín
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OPERACIÓN TRIUNFO, LA
PELÍCULA
Título
Original:
OT: la película
País y Año:
España, 2002
Género:
DOCUMENTAL
Dirección:
Jaume Balagueró, Paco Plaza
Guión:
Jaume Balagueró, Paco Plaza
Producción:
Filmax, Academia de Artistas S.L.
Fotografía:
Pablo Rosso
Música:
OT
Montaje:
David Gallart
Intérpretes:
Alejandro, Álex, Bustamante, Chenoa, David Bisbal, Geno, Gisela, Javián,
Juan, Manu Tenorio, Mireia
Distribuidora:
Filmax
Calificación:
Todos los públicos
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