|
Varios
antecedentes hay que tener en cuenta a la hora de enfrentarse a la última
película de Steven Spielberg porque, bajo mi punto de vista, en esta
ocasión estos elementos influyen decisivamente en el resultado final del
filme.
En
primer lugar, hay que considerar que Minority Report surge por la
necesidad del propio Spielberg de finalizar un contrato firmado con la Fox
para realizar una serie de títulos. Faltaba uno, pero ahora Steven vive y
trabaja para Dreamworks, que por algo es su propia multinacional. Por
ello, para finiquitar cuentas pendientes de su anterior etapa (léase su
productora Amblin) debía rodar un título... y nada mejor que hacerlo en
compañía de un actor comercial con el que siempre ha manifestado ganas
de trabajar (Tom Cruise), sobre una historia de un autor sobradamente
reconocido para el cine (Philip K. Dick) y sobre un género que domina a
la perfección (la ciencia ficción).
En
segundo lugar, ya lo hemos dicho, la presencia en el origen del proyecto
de una narración breve de Philip K. Dick, autor en el que se basan dos
grandes éxitos de la ciencia ficción cinematográfica: Blade Runner y
Desafío total. En ambos casos, como también en el que nos ocupa,
aparece un tema central (el hombre enfrentado al sistema que lo controla
todo) muy del agrado de Spielberg, que en su más reciente título (AI,
Inteligencia Artificial) ya había planteado una lucha titánica
similar... aunque en aquel caso pocos le tomaron demasiado en serio,
alegando que el proyecto era una vieja aspiración de Stanley Kubrick y,
por tanto, la parte "seria" de la película no era spielberiana,
sino kubrickiana (y eso pese a que el optimismo postizo final de aquella
película invitaba a pensar en cualquier influencia menos en la del
director de 2001, El resplandor o Barry Lyndon).
Por
último, habría que tener en cuenta la concienzuda campaña de
sensibilización de la crítica en torno a las facultades
"serias" de Spielberg como director. No satisfecho con ganar dos
Oscars al mejor director (La lista de Schindler y Salvar al
soldado Ryan), Steven continúa año tras año acumulando títulos
decididamente comerciales (las dos entregas de Parque Jurásico)
con otros que pretenden demostrar su seriedad en los géneros que aborda.
Así, este año nos ofrece la píldora trascendental (Minority Report)
junto a una alegre comedia que no es más que un pasatiempo destinado a
funcionar en taquilla (Catch me if you can, que se estrenará la
próxima Navidad). En cualquier
caso son hábiles operaciones calculadas para dar una de cal y otra de
arena... pero siempre con un ojo puesto en los resultados en taquilla, no
sea que el semi-descalabro de AI, Inteligencia Artificial haga que
algunos duden del poder del "rey Midas de Hollywood".
Teniendo
en cuenta todos estos elementos, Minority Report comienza como una
de las películas más atractivas de la ciencia ficción reciente. Durante
algo más de media hora Spielberg no deja de sorprender al espectador con
un cuidado diseño de producción, con una imaginación desbordante para
presentarnos un mundo futuro atractivo visualmente y a la vez creíble
(las autopistas controladas, los vehículos que viajan en cualquier
dirección, la nueva policía que actúa antes de producirse los
asesinatos...), todo ello arropado por una puesta en escena técnicamente
impecable, en la que sobresalen, como viene siendo habitual, la
contrastada fotografía de Janusz Kaminski (un hombre que fue capaz hasta
de visualizar con luces durísimas una aventura tan light como El
mundo perdido-Jurassic Park 2) y la música del inseparable John
Williams (un hombre tan eficaz cuando crea temas inolvidables como cuando
se limita a crear el "clima" que una película necesita).
El
problema es que cuando queda planteada la premisa (el hombre inocente -o
no- que debe huir para enfrentarse al sistema y demostrar su inocencia -o
no-) la película se acaba. Esta nueva variación de El fugitivo
agota pronto su capacidad inventiva, volviéndose reiterativa, larga,
falta de emoción y, sobre todo, con más agujeros que un queso Gruyere en
su desarrollo. Echemos un vistazo a esa larga lista de "agujeros
negros" con que nos deleita el filme.
La
propuesta inicial sigue la misma línea planteada en las dos adaptaciones
cinematográficas basadas en relatos de Philip K. Dick. Nuestro policía
protagonista se enfrenta al mismo dilema que Harrison Ford en Blade
Runner y llega a dudar de su honradez (como aquel se temía que fuera
un replicante), por lo que huye para evitar un futuro tan inevitable como
ese al que debía enfrentarse Schwarzenegger en Desafío Total. En
todos los casos, además, una manipulación de las altas esferas es la
responsable de todo el periplo personal de nuestro protagonista. No es,
por tanto, un planteamiento novedoso: nuestro nuevo replicante se enfrenta
a su peor sueño (o quizá pesadilla) porque su futuro ya está escrito.
La
película hace de la trascendencia su mayor arma... y su peor defecto. Se
toma demasiado en serio a sí misma. Cuando aparece el humor (en la escena
de la operación de los ojos en que le dan de
comer alimentos podridos ya que él está ciego; la aparición de las
arañas-espía que se meten por cualquier agujero, sin importar que en ese
momento uno esté echando un polvo) lo hace de forma brusca, desentonando
en una narración que se pretende tan seria.
La
aparición de un dilema religioso (¿es el hombre un nuevo Dios? ¿se
puede cambiar el futuro?) acaba por redondear la "presunta
trascendencia" del relato. Como en aquel plano de Dragonfly en
que Kevin Costner caía de rodillas confirmando a la respetable audiencia
que por fin había visto la luz y ya era creyente, aquí nos encontramos
con imágenes similares que invitan directamente a salir corriendo de la
sala. ¿Por qué tanta evidencia para hablar de estos "temas
serios"?
Nuestro
policía (buscado por todo el mundo en una época en que hasta la
publicidad nos reconoce en cualquier parte y nos lanza mensajes directos,
con nuestro propio nombre) se mueve por ese mundo con una facilidad
pasmosa. Utiliza sus ojos arrancados (ya sabes, los que han visto el mal
que vas a hacer) para entrar y salir en la cárcel, la sede central de la
policía y donde le parezca bien: ¿cómo un perseguido puede entrar y
salir sin disparar la alarma? ¿cómo unos ojos que van en una bolsita de plástico
siguen estando impecables para ser reconocidos por los escáneres de
pupilas, es que no se secan y se marchitan? El colmo llega cuando su
propia mujer es capaz de entrar (ojo en mano, eso sí) en la mismísima
prisión para rescatarlo: venga ya, eso no se lo puede creer nadie.
Por si la
cosa no fuera suficiente, Spielberg nos martillea con unos lamentables
flash-backs en tonos dorados para contarnos cómo este padre es el
culpable de la muerte de su hijo... o mejor dicho, para demostrarnos que,
en el fondo, él no tuvo la culpa. ¿Hacía falta estas idílicas
imágenes? ¿No bastaba con los datos que ya tenemos en el presente?
Y
hablando de martillear, el final es de juzgado de guardia. No sólo se
aclara la situación de nuestro héroe a título particular (demuestra su
inocencia y descubre la manipulación de las altas esferas), sino que se
arregla su dilema religioso y su vida familiar de un plumazo (bueno,
quizá sea de un "polvazo", porque no sólo regresa su mujer con
él, sino que en la escena final ya está embarazada), y, por si fuera
poco, otras bonitas imágenes idílicas nos muestran a los tres precognitivos
(que antes vivían encerrados en un líquido, obligados a trabajar para la
corporación que previene el crimen) en un mundo nuevo y feliz, al aire
libre, junto a un lago. En fin, el paraíso existe y siempre habrá buenos
chicos dispuestos a demostrar que la familia unida jamás será vencida.
¿Y saben
cuál es el colmo de todo? Que esta misma trama ya la hemos visto en cine.
Este mundo futuro, documinado por una corporación, donde el crimen no
existe, donde la policía es torpe y no sabe enfrentarse a un asesino,
donde nuestro héroe individual demostrará que así no se es
auténticamente feliz, donde el responsable de todos los males es el
creador de un sistema que anula los malos instintos del individuo... todo
este mundo, toda esta trama, ya estaban en Demolition Man, aquella
lamentable aventura de Sylvester Stallone dirigida por Danny Cannon.
Y creo
que Spielberg es consciente, en algún momento del metraje, que está
contando una película vista, que está haciendo un remake de ¡un filme
de Stallone! Por ello, no es raro que se dedique a jugar con algunos
homenajes y entretenimientos, lo que nos permite ver una escena calcada de
La naranja mecánica (el tratamiento Ludovico, abriéndole los ojos
al protagonista) o que filme un plano cenital de un hotel, pasando de
habitación en habitación mientas las arañas buscan a nuestro fugitivo,
un plano-secuencia idéntico al que había rodado Brian De Palma en Ojos
de serpiente. Algo tendría que hacer para entretenerse mientras se
quitaba de encima este "encargo".
Sabín
|
MINORITY REPORT
Título
Original:
Minority Report
País y Año:
EE.UU., 2002
Género:
CIENCIA-FICCIÓN
Dirección:
Steven Spielberg
Guión:
Jon Cohen, Scott Frank
Producción:
DreamWorks SKG, 20th Century Fox, Amblin Entertainment
Fotografía:
Janusz Kaminski
Música:
John Williams
Montaje:
Michael Kahn
Intérpretes:
Tom Cruise, Colin Farrell, Samantha Morton, Meryl Streep, Max von Sydow
Distribuidora:
20th Century Fox
Calificación:
Todos los públicos
|