Retratos de una obsesión
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La "cult-movie" del año

Aunque a priori pueda parecer una película para el lucimiento de Robin Williams, "Retratos de una obsesión es mucho más".Cuando un actor consigue dar en la diana, lo primero que hace es intentar perpetuar su éxito, algo que casi siempre se consigue repitiendo el mismo tipo de personaje que le llevó al estrellato. Esto es fácil comprobarlo sobre todo en el cine (más o menos) cómico actual, donde Tom Hanks, Jim Carrey o Robin Williams han sido el prototipo de “chico-sano-metido-en-líos” durante décadas.

Cuando ese actor ya ha ganado bastante dinero, entonces se propone ser respetable y para eso no vale hacer (sólo) comedias, necesita papeles más dramáticos. Es el camino que ya han seguido Tom Hanks y Jim Carrey en títulos como Philadelphia, Salvar al soldado Ryan, El show de Truman o Man on the moon.

Ahora le toca el turno a Robin Williams, quien este año nos ofrece dos papeles alejados de su registro amable y cercanos al personaje psicópata y/o asesino: Insomnia y Retratos de una obsesión. Se trata, sin duda, de películas hechas a la medida de un actor que quiere “ser importante”, tomando la acepción como “actor serio” capaz de registros más dramáticos.

Con estos antecedentes, uno poco podía esperar de una película que, además, viene firmada por Mark Romanek, un director de videoclips (con trabajos para Madonna, REM o Nine Inch Nails, entre otros). Por si fuera poco, la campaña publicitaria nos vende el filme como la historia del típico psicópata al acecho de una familia bien. Por eso la sorpresa ante Retratos de una obsesión es mayúscula. Nada de lo dicho anteriormente podía hacer pensar que estamos, probablemente, ante el thriller más elegante y más inquietante estrenado el presente año.

Tomando el esquema de la también brillante ópera prima de Bill Paxton, Escalofrío, la película se inicia en una impoluta comisaría, donde un paciente policía interroga a Sy (por cierto, su pronunciación es idéntica a “shy”, o sea, tímido) y le recrimina lo que le ha hecho al marido de una típica familia americana. A partir de ahí, un largo flash back nos muestra todo el proceso que ha conducido a esta situación. Y ahí ya tenemos el primer logro de la película: siendo una narración subjetiva del protagonista (por cierto, impecable Robin Williams), la película nunca abandona su punto de vista, siempre lo mantiene en pantalla, incluso en las escenas de transición su presencia (como narrador en off) es evidente. Una lección de la utilización del punto de vista.

Mark Romanek, un director absolutamente desconocido proveniente del campo del videoclip.Pero una lección que no viene sola. Asistimos a la vida cotidiana de este tímido empleado de una tienda de fotos en una hora, un empleado sin amigos, sin nadie con quien hablar. Y la película por ello carece de diálogos, salvo los imprescindibles. Uno apenas recuerda algún título comercial americano donde se hable tan poco. Todo se reduce a observar a Sy: su meticulosidad en el trabajo, su vida monótona, su impecable vestuario blanco, un blanco aséptico que rodea su vida, su casa, su laboratorio y, al final, incluso la propia comisaría. Mientras acompañamos a Sy, descubrimos que Robin Williams (también contra pronóstico) ofrece un recital de lo que es mimar los gestos, los detalles, en cada una de las imágenes. Escenas además dilatadas, como su ritmo de vida: se limita a observar, sin actuar. Y nosotros allí observando su vida pasiva... excepto al final.

En su quehacer diario chocarán dos conflictos: su necesidad de tener una familia y la pérdida de su trabajo, ya que no siempre sabe explicar qué ha sido de las fotos que faltan en la tienda donde trabaja. Esas fotos están en su casa, pertenecen casi todas a su familia, a la familia que ha escogido como suya, para ser “el tío”. Una familia modélica, en apariencia, aunque alguna discusión familiar nos adelanta que el padre no es tan modélico como uno esperaba. Y eso es algo que también va a descubrir el bueno de Sy cuando, por casualidad, revele las fotos de una infidelidad del marido con otra trabajadora de su empresa. A partir de ahí, Sy, que no puede soportar que su única familia se venga abajo, trazará un plan para dar una lección al marido y lograr que la familia vuelva a estar más unida que nunca.

Si Retratos de una obsesión acaba siendo un título inclasificable y sorprendente es, sobre todo, por lo que no tiene. Ya hemos dicho que apenas tiene diálogos, gran parte de la banda sonora se limita a una música ambiental que acaba resultando angustiosa, cuando no se limita a subrayarnos el silencio... lo que termina siendo aún más angustioso. La película tampoco tiene sangre, ni muertos, ni escenas de acción, ni asesinatos en off, ni siquiera el temible final-sorpresa al que nos tienen acostumbrados todos los thrillers actuales... Sorpresa hay, pero no la que el espectador espera, lo que acaba, definitivamente, por tumbar los esquemas al público acomodaticio: al final descubrimos que todo el esfuerzo de Sy ha ido encaminado únicamente a lo que ya sabíamos, a lograr que esa familia se reúna y el marido abandone la infidelidad, para lo cual le dará “una pequeña lección” que nada tiene que ver con las consabidas maniobras del psicópata de turno.

Algunas de sus ideas visuales resultan brillantes... aunque otras, como la escena de la escalera mecánica, están basadas en títulos anteriores.Todo se basa en el clima, en la atmósfera que Romanek sabe crear, tanto por el cuidado uso de la banda sonora (insisto, también con silencios) como por la fotografía a base de teleobjetivos (nunca más justificados que ahora: un personaje que carece de vida, de profundidad, todo se reduce al estrecho margen de su trabajo en el revelado de fotos), debida a Jeff Cronenweth (de casta le viene al galgo, es el cachorro de Jordan Cronenweth, apóstol del teleobjetivo en Blade Runner).

Pero, además, Romanek parece ser un director con cosas que contar. Si bien en los últimos quince años se ha dedicado a los videoclips, en 1985 dirigió una invisible ópera prima titulada Static, que era el drama de un trabajador... ¡de una fábrica de crucifijos! Visto su segundo largo, que también ha escrito, uno se atrevería a apostar que Mark Romanek no es un pasea-cámaras más, sino que se siente atraído por un tipo de protagonista atormentado, cuyo interior intenta describirnos y, además, sabe cómo contar en imágenes. Algunos botones de muestra: la escena en que Sy decide hacer algo para resolver la caída de la familia y le vemos “ascendiendo” por unas escaleras mecánicas (aunque esa idea ya estaba en el Acoso de Barry Levinson, cuando Michael Douglas encontraba la fórmula para demostrar que Demi Moore mentía). También podemos subrayar el momento en que es despedido, resuelto con un largo plano-secuencia con steadycam con Robin Williams atravesando los pasillos del centro comercial (una imagen que sin duda recuerda al laberinto de El resplandor, una película que Romanek homenajea en varias ocasiones). También con steadycam y un largo travelling se resuelve la persecución final en el parking, otro ejemplo perfecto de tensión sin necesidad de Una típica/tópica familia feliz americana es el objetivo (nunca mejor dicho) de nuestro presunto psicópata... pero hay una intención oculta para ello. sangre. Y, en general, el ritmo con que monta los planos, el tiempo que se toma en mostrarnos la tragedia de este pobre hombre que sólo busca tener una familia a la que cuidar: todo tranquilo, medido, observando, sin necesidad de explicarnos nada con diálogos para besugos...

Habíamos hablado al comienzo de Escalofrío, probablemente junto a El resplandor la película de la que más bebe Romanek, ya que en el fondo de Retratos de una obsesión subyace la necesidad de la familia, la obsesión de un pobre hombre por “hacer el bien”, por ayudar a que los demás encuentren su camino... aunque uno sea con un hacha y el otro con una cámara de fotos.

Y es que, por si fuera poco, de forma oblicua la película nos da una imagen muy triste de un país como Estados Unidos: en el fondo, ni las familias modélicas son modélicas, ni los psicópatas son capaces de matar a una mosca. Un duro ataque al “american way of life”. No la dejen escapar, con el tiempo será un clásico de revisión obligada en las filmotecas.

Sabín

RETRATOS DE UNA OBSESIÓN

Título Original:
One Hour Photo
País y Año:
EE.UU., 2002
Género:
THRILLER
Dirección:
Mark Romanek
Guión:
Mark Romanek
Producción:
Madjak Films, Killer Films, Catch 23 Entertainment
Fotografía:
Jeff Cronenweth
Música:
Reinhold Heil, Johnny Klimek
Montaje:
Jeffrey Ford
Intérpretes:
Robin Williams, Connie Nielsen, Michael Vartan, Gary Cole, Dylan Smith, Eriq La Salle
Distribuidora:
20th Century Fox
Calificación:
Todos los públicos

 


 

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