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Queridos
Andy y Larry:
Soy
vuestra madre y puesto que hace tiempo que no tengo noticias vuestras,
aproximadamente unos 6 años, decido enviaros esta carta, pues ni siquiera
me respondéis al teléfono y una está ya muy vieja para aprender a
manejar nuevos aparatos como el Internet aquel del que tanto me hablabais
en vuestros tiempos mozos, cuando todavía éramos una familia.
Así
que, ante el desasosiego que experimento al no saber nada de vuestras
vidas, he decidido ir al cine a ver la última película que habéis
dirigido (cuán buenos hermanos habéis sido siempre, todo lo habéis
hecho juntos, inseparables, unidos; al menos las enseñanzas de vuestro
padre no han ido a caer en saco roto). En el pueblo se montó un gran
revuelo, claro ¡con tanta publicidad! El chico ese de las gafas salía a
todas horas en la televisión y las calles se llenaron de carteles con
fotos de la película, aunque en realidad una no sabía si era una película
o un anuncio de teléfonos: ¿por qué ponéis teléfonos en los carteles?
No sé, vosotros ya sabéis que yo de cine entiendo poco, así que algún
día me explicareis por qué vuestra publicidad parecía más un catalogo
del Carrefour que la de una película.
Como
iba diciéndoos, quedé con vuestra tía Sally y nos fuimos al cine del
pueblo. Y menos mal que fuimos dos horas antes a coger sitio (ya sabéis
que siempre hemos sido precavidas), porque aquello se infestó de niños
gritando y dando saltos: ¡estaba imposible!
Sentadas
en la segunda fila, nos dispusimos a contemplar el espectáculo y, la
verdad, a nosotras nos gustó. Y no es porque seamos vuestra madre y
vuestra tía, no; es porque de verdad nos apasionó.
Y
aunque hubo algunas cosas que no entendimos, tampoco eran muy importantes,
lo que cuenta es que nos gustó. Ahora, eso sí, decidles a los que ponen
las películas que no metan anuncios tan largos en medio, que si no una
corre el riesgo de despistarse. Me refiero al anuncio ese de las gafas (Ray-Ban,
me dijo tu tía que se llamaban) en el que salía un hombre de negro en un
parque y se peleaba con cientos de miles de hombres, que digo yo si serían
hermanos, porque se parecían mucho ¡y les daba de mamporros! Deben de
ser unas gafas muy buenas, porque durante toda la propaganda no se le
rompieron a nadie. Y el otro, el de los coches, ese sí que nos gustó:
todos dando saltos de un coche a otro, luchando (siempre os gustó el wrestling),
dando tumbos de una moto a un camión... fantástico, fue fantástico. Eso
sí, tu tía y yo no oímos, por culpa del griterío de los niños, en qué
concesionario daban esa oferta en que si rompes una moto te regalan un
camión (y la verdad que fue una pena no darse cuenta, porque a tu padre
se le ha roto la ranchera y le hace falta una nueva... cuando me respondáis
dadme las señas de la casa y así acompaño a vuestro padre).
¡Ay!
Y cuando nos dijeron que los anuncios los habíais hecho vosotros, ¡qué
alegría! Aunque tu tía y yo ya lo sospechábamos, porque sabiendo lo
listos que sois ¿a quién sino a vosotros se le hubiera ocurrido utilizar
a los protagonistas de la película para los anuncios? ¿Te acuerdas Andy,
cuando me contabas que estudiabas marketing que yo no entendía
nada?... ¡qué tiempos! Y que conste que mis hijos hacen los anuncios
mejor que nadie, que todos los otros no hacen más que enseñar fogonazos
y una no ve nada: pero vosotros a contracorriente, que se vea todo bien,
como debe de ser.
Pero
hay una cosa que tu tía y yo no entendimos, así que os la pregunto y ya
me la contestáis cuando vuestro trabajo os lo permita: el hombre este
malo (que me acuerdo yo que en la primera el de las gafitas lo mataba) se
junta con los buenos en la cueva esa donde viven, pero disfrazado de otro.
Y decimos tu tía y yo ¿y si en la primera se le hubiera ocurrido
contestar a una de esas llamadas que lo tele trasportan, qué hubiera
pasado? Pero claro, como la película es tan moderna debe de haber por ahí
algún argumento técnico que lo explique y que nosotras no comprendemos
(tu tía decía que ahora había resucitado, pero era un virus, como la
gripe o algo así, y que ella se temía lo peor, porque a ver si iba a
pasar como en el anuncio y se multiplicaba y acababa con todos).
Lo
mejor de todo fueron las explicaciones. Como vuestro padre os decía
cuando ibais a trabajar con él al campo: hay que ir al grano. Y eso es lo
que habéis hecho. Sí señor, nada de rodeos ni bobadas: si el hombre de
las llaves (ese chinito tan gracioso) tiene que estar ahí, es porque
tiene que estar ahí, porque si no estuviera ahí ¿acaso habría película?
El negro ese grandote hace lo que tiene que hacer, porque lo tiene que
hacer, si no ¿alguien haría su trabajo por él? Cuando la cosa se
desmadra un poco es cuando sale el arquitecto ese (que por cierto, a ver
si lo llamáis, que tenemos goteras y tu padre esta ya muy viejo para
subirse a los tejados, no como el de las gafitas) y suelta una parrafada:
tu tía y yo dijimos que si era otro anuncio, pero en seguida nos hicieron
callar diciéndonos que este era el que se encargaba de explicarlo todo.
Tu tía Sally, que fue la que hizo carrera en la familia, lo entendió rápidamente:
este hombre de blanco daba clases en su universidad, pero como usaba un
lenguaje muy técnico, sus alumnos no le entendían y lo echaron; así que
él hizo su propia universidad (como a él le gustaba), pero sucedía que
entre todos los alumnos, cada cierto tiempo, siempre había uno que se
desmadraba y este era el de las gafitas (que cuando se las quita parece el
chinito aquel de la ferretería, el que hacía las llaves, digo. Le dije a
tu tía que a ver si iban a ser padre e hijo y lo que pasaba es que el
padre estaba allí para ayudar al hijo a buscar a su madre, que, claro,
saldrá en la tercera: pero no me lo contéis, que ya iré yo a verla).
Como decía, el de las gafitas reclutaba a los alumnos díscolos y se
enfrentaban al profesor porque daba muy mal las clases y ellos no se
enteraban de nada. Pero el arquitecto le decía que tranquilo, que tenía
dos opciones (representadas metafóricamente por dos puertas, como bien me
explicó tu tía): podía marcharse con la chica (ya te hablaré luego del
pendón ese) y abandonar su carrera o bien enfrentarse a él y aprobar en
septiembre. El chico, que es igual de inteligente que vosotros, hizo las
dos cosas: se fue con la chica (para reformarla) y se dispone a aprobar
(ya verás como en la tres saca la reválida).
La
chiquita esta nos trae de cabeza: que si eres el elegido, que si has soñado
algo malo, que si patatín que si patatán. Que se casen ya (conociéndoos
como os conozco seguro que en la que viene se casan) porque viven en
pecado y la cosa no puede seguir así, aunque ya sé que vosotros sois muy
modernos y esto está un poco pasado de moda.
Lo
que nos gustó mucho también fue que demostraseis la buena educación que
os hemos dado: os hemos enseñado todas las religiones y las mistologias
(perdón, la tía dice que se escribe mitologías, que vosotros ya sabéis
que de cosas de libros yo no sé mucho, me dice que habla de los dioses, sí
claro, ¡como si hubiera tantos! En fin, no empezaremos a discutir, no sea
que la cosa se tuerza y salga tu padre con la carabina). Que habláis de
todo, así, como quien no quiere la cosa: igual os da que os hablen de
griegos, de católicos, del tao (que yo esto no sé lo que es, pero con
tal de que tu padre no saque la escopeta no pienso discutir con tu tía);
o de informática, o de matemáticas, etc.
Y
que conste que también os hemos enseñado a divertiros, que todo no son
libros y ordenadores: y por eso sale la fiesta esa en la que todos bailan.
Y aunque van un poco guarretes, todos sudados y eso, al menos no hacen
botellón ni consumen drogas: todo natural. No sabéis cuán orgullosa
estoy de vosotros.
Resumiendo,
que nos gustó; y que tu tía dice que a ver cuando venís para que os
haga un tarta de manzana de esas que tanto os gustan, que os promete que
ya no volverá a hacer soufflé, que ella ya sabe que a vosotros os
va lo sencillo, lo de toda la vida (eso sí, con sus velitas y su decoración,
todo bien ornamentado, no vaya a ser que uno se piense que solamente se
está comiendo una simple tarta de manzana).
Escribid
pronto. Besos,
MAMÁ WACHOWSKI
P.D.:
A ver si la próxima película la hacéis más corta y no tenemos que
esperarnos medio año para verla acabar. Acordaos de las películas esas
de aventuras de Errol Flynn que tanto le gustan a tu padre (que por
cierto, no vino porque estaba de caza con unos amigos), que en hora y
media se contaba todo (pero claro, era porque no tenían anuncios).
Por
cierto, a ver si en la tercera sacáis más a la chica esta extranjera
(dijeron que era italiana, pero sabéis que vuestra madre desconoce todo
aquello que esté más allá del este de Chicago), que era muy guapa, y a
ver si alguno de los dos la pesca, que no me iría mal tener una nuera.
Enric Albero
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MATRIX RELOADED
Título
Original: Matrix Reloaded
País y año:
EE.UU., 2002
Género:
Acción
Dirección:
Larry Wachowski. Andy Wachowski.
Interpretes:
Monica Bellucci. Hugo Weaving. Carrie-Anne Moss. Jada Pinkett-Smith. Matt
McColm. Lambert Wilson. Gloria Foster. Harold Perrineau Jr.. Keanu Reeves.
Laurence Fishburne.
Guión:
Andy Wachowski. Larry Wachowski.
Producción:
Bruce Berman. Joel Silver.
Música:
Don Davis.
Montaje:
Zach Staenberg.
Distribuidora:
Warner Sogefilms
Calificación:
No recomendado menores de 13 años
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