En tierra de nadie
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En tierra de nadie

Un filme cuyo simbolismo es demasiado evidente.El valor más estimable de esta película reside en lo más secundario, en aquello que pasa casi desapercibido por situarse en los márgenes del hilo conductor de la historia. Se trata de algo así como la fisicidad de las imágenes: los colores del paisaje, la aridez de la tierra y las piedras, la escasa vegetación agitada por el viento y requemada por el sol, la trinchera vacía, las telarañas, los sonidos de los insectos que aparecen como la escasa vida en un lugar de muerte, y también el sudor de los personajes que allí se encuentran, su angustia, en ocasiones su desesperación. No se requieren palabras para transmitir la dureza de la guerra, la crueldad sin retorno de la barbarie.

El resto desmerece el poder de sugerencia de estas imágenes casi mudas y presentes durante todo el relato. Resultan fatigosas las conversaciones entre los milicianos de ambos bandos, su acusación mutua, Si maniqueas resultan las historias en las que los buenos y los malos están decididos e identificados desde el primer momento, no menos maniqueas son las de este tipo, donde todos son malos, pero sin matiz, sin análisis, sin profundidad en la descripción. Y aunque la narración adopta el tono de la parodia, carece de la acidez que puede situarla por encima de la vulgaridad. Sus recursos son chabacanos, y su humor escaso. Casi desde el primer momento se aventura ya el desarrollo total de la historia, cuyo desenlace no sorprende en absoluto. Por su parte, la irrupción de los cascos azules con sus corruptos mandos no hace sino abundar en el esquematismo que preside todo el filme.

Existen además lagunas de guión más que notables. Los heridos sanan con una facilidad pasmosa, incluso los que se creían muertos reviven por arte de magia. Por otra parte, la línea que marca el frente soporta un tránsito de personas y vehículos cuanto menos sorprendente por la absoluta impunidad con la que se produce. Y, finalmente, el desenlace resulta inaceptable: los perspicaces periodistas, ávidos de carnaza con la que alimentar a su audiencia, se retiran sin albergar la más mínima sospecha del fraude que se esconde tras el traslado del herido. Se trata de uno de esos giros imposibles que resuelven de mala manera una historia que ofrecía difícil solución.

Es cierto que la película esconde una trampa que justificaría la presencia de estas lagunas. La reconocemos cuando los soldados de uno de los bandos afirman, al observar a quienes se han quedado en tierra de nadie, que se trata de zombis, es decir, de muertos en vida. Así lo confirma también el experto en minas alemán, quien, al reconocer la imposibilidad de desactivar la que está bajo el cuerpo del herido, corrobora que ese hombre está muerto. Se trataría por tanto de una historia de cadáveres, y como tal, de una gran metáfora sobre el camino que les ha llevado a su muerte. Pero todo ello no deja de ser un truco que no puede justificar los errores mencionados, ni puede ser la excusa para aceptar aquello que resulta insostenible, entre los muertos o entre los vivos.

Marcial Moreno

EN TIERRA DE NADIE

Título Original:
No man´s land
País y Año:
Bosnia, 2001
Género:
BÉLICA
Dirección:
Danis Tanovic
Guión:
Danis Tanovic
Producción:
Noé productions
Fotografía:
Walther Vanden Ende
Música:
Danis Tanovic
Montaje:
Francesca Calvelli
Intérpretes:
Branko Djuric, Rene Bitorajac, Filip Sovagovic, George Siatidis, Katrin Cartlidge, Simon Callow
Distribuidora:
Golem
Calificación:
Todos los públicos

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