Kirikú y la bruja
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Kirikú y la bruja

Una película que, con todos sus defectos, busca nuevas temáticas y diseños visuales que no repitan los clichés de Walt DisneyHablar de dibujos animados en los tiempos que corren es hacerlo, casi en exclusiva, de los productos de la factoría Disney, si no tanto en cuanto a la autoría, sí en cuanto a las constantes que estos productos ofrecen, y que se han impuesto casi como un denominador común en los modos de hacer y ver el género.

Kirikú y la bruja es un intento estimable de ofrecer otra cosa. Lo es por el tipo de dibujo, alejado del colorido histérico y del trazo empalagoso que caracteriza las películas americanas; lo es también por la originalidad de la excusa argumental, centrada en una tribu africana alejada de cualquier tipo de glamour, y lo es sobre todo por la renuncia al arquetipo bueno-malo y la apuesta por una complejidad en los personajes que los dota de una verosimilitud de la que carecen en muchas ocasiones los colegas del Pato Donald.

Con estos mimbres se intenta construir una historia en la que un niño ha de salvar a su poblado de la malvada bruja, y para ello ha de salvar a la propia bruja de aquello que la hace malvada. Un mundo por tanto en el que cuesta distinguir un culpable que lo sea en toda la extensión de la palabra. Al final se nos dirá que el sufrimiento está en el origen de la maldad (algo digno de ser analizado a la luz de los acontecimientos que pueblan nuestra actualidad, y que las películas de Disney difícilmente pueden llegar a plantear), siendo en ocasiones más doloroso el camino para superar ese sufrimiento que el propio dolor que causa.

La película, sin embargo, adolece de altibajos apreciables en el ritmo narrativo. Aunque su metraje apenas alcanza los noventa minutos, la historia no da para tanto. La idea central requeriría ser completada con tramas paralelas que sostuviesen el interés de la acción, las cuales apenas existen, y cuando las hay desmerecen lo atinado del hilo conductor de la historia. En ocasiones se recurre a la utilización de las canciones y bailes a la manera del musical, pero sin la suficiente justificación argumental que los haga aceptables.

En cualquier caso, el sabor de boca con el que se sale de la proyección es bueno. Más que ante una gran obra, se tiene la sensación de haber contemplado algo original, que quizá pueda abrir vías diferentes para abordar el género de animación, y que trata al espectador como alguien inteligente, capaz de reflexionar, merecedor de respeto.

Marcial Moreno

KIRIKÚ Y LA BRUJA

Título Original:
Kirikou
País y Año:
Francia, 1998
Género:
ANIMACIÓN
Dirección:
Michel Ocelot
Guión:
Michel Ocelot
Producción:
France 3 Cinéma, Les Armateurs
Música:
Yossou N´Dour
Montaje:
Dominique Lefévre
Intérpretes:
Antoinette Kellermann, Fezele Mpeka, Kombisile Sangweni, Theo Sebeko
Distribuidora:
Alta Films
Calificación:
Tolerada menores

 

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