Sin perdón
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Trixie

Dermot Mulroney y Emily WatsonTrixie es un chica algo peculiar: es algo elemental e inocente y utiliza un inapropiado y a veces chocante lenguaje debido a una dislexia. Después de trabajar de vigilante jurado en un supermercado, ha conseguido el puesto de detective camuflado en un oscuro casino de una ciudad perdida del centro de Estados Unidos. Un día conoce  y se enamora de un joven mujeriego que le pone en contacto con una pintoresca y peligrosa banda de mafiosos entre los que se encuentra implicado un senador de una reputación más que dudosa. Una extraña cinta de video le pondrá en la pista de un turbio asunto. 

La última película de Alan Rudolf  (Bienvenido a L.A., Elígeme, Los modernos) es una mezcla también muy peculiar de cine negro y de comedia un tanto desbaratada, donde se nos muestra una galería de personajes que se mueven entre la más apabullante vulgaridad y una interesante gama de aspectos profundos. El filme se deja ver con interés, aunque no llega del todo a interesar, tal vez por esa tendencia del cine de este director por alejar al espectador de lo que se cuenta en la pantalla, interesado más en la escenografía, el color,  los decorados y la dirección de actores. 

Producida por Robert Altman, de quien Rudolf se considera discípulo y con quien colaboró como asistente y guionista de algunas de sus películas, Trixie adolece de algo fundamental: tomarse en serio. Da la sensación que Rudolf como discípulo de Altman ha heredan algunas de las cosas que no me gustan de éste: el escaso fuste de sus narraciones, el tono desvaído de sus historias, el sentido glacial del humor, el espíritu “lihgt” de sus personajes. Trixie parece entonces una bagatela, un capricho que no viene de ninguna parte y no llega a ningún sitio. Como una especie de plumón en el aire que se mueve imprevisible hacia todas las partes. Muchas de las situaciones no están bien definidas porque ejecutan el doble juego de lo dramático y la parodia (por ejemplo la primera secuencia del supermercado donde Trixie presencia accidentalmente un asesinato) y otras son muy poco creíbles, mezclando elementos realistas con otros totalmente ficticios (¡esa secuencia, bastante impresentable por cierto, por poco original y ser gastada copia del famoso orgasmo fingido del filme Cuando Sally encontró a Harry, que aquí representa de un modo realista Nick Nolte y una prostituta, ante la discordante e ilógica reacción de sus invitados!). 

Los intérpretes están muy bien buscados para cada papel y sobre todo destaca a nuestro parecer Nick Nolte, en el personaje de senador: La protagonista, Emily Watson, aun cuando está en su actuación más que correcta, nos parece que repite algunos de los registros de ingenua y simple que ya utilizó en la maravillosa Rompiendo las olas. 

Trixie viene a exponer el triunfo de la verdad sobre la mentira, la esperanza de la victoria de la inocencia sobre el mundo de la corrupción, contrastados en los diálogos y discursos entre la dulce y simple detective, que habla con un montón de expresiones incorrectas y la forma de hablar del senador corrupto que habla utilizando discurso políticos. Lástima que este aspecto se pierda bastante debido al doblaje de la película cuya traducción al castellano no suena a principio a patologías del lenguaje sino a equivocaciones de traductor y que desvanece bastante este interesante contraste.

 José Luis Barrera 

Trixie 

Nacionalidad: EE UU, 2001. 

Dirección: Alan Rudolph. 

Guión: Alan Rudolph.  

Producción: Robert Altman. 

Intérpretes: Emily Watson, Nick Nolte, Dermot Mulroney.

 

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