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Trixie
es un chica algo peculiar: es algo elemental e inocente y utiliza un
inapropiado y a veces chocante lenguaje debido a una dislexia. Después de
trabajar de vigilante jurado en un supermercado, ha conseguido el puesto
de detective camuflado en un oscuro casino de una ciudad perdida del
centro de Estados Unidos. Un día conoce
y se enamora de un joven mujeriego que le pone en contacto con una
pintoresca y peligrosa banda de mafiosos entre los que se encuentra
implicado un senador de una reputación más que dudosa. Una extraña
cinta de video le pondrá en la pista de un turbio asunto.
La
última película de Alan Rudolf (Bienvenido a L.A., Elígeme, Los modernos) es una mezcla también
muy peculiar de cine negro y de comedia un tanto desbaratada, donde se nos
muestra una galería de personajes que se mueven entre la más apabullante
vulgaridad y una interesante gama de aspectos profundos. El filme se deja
ver con interés, aunque no llega del todo a interesar, tal vez por esa
tendencia del cine de este director por alejar al espectador de lo que se
cuenta en la pantalla, interesado más en la escenografía, el color,
los decorados y la dirección de actores.
Producida
por Robert Altman, de quien Rudolf se considera discípulo y con quien
colaboró como asistente y guionista de algunas de sus películas, Trixie
adolece de algo fundamental: tomarse en serio. Da la sensación que Rudolf
como discípulo de Altman ha heredan algunas de las cosas que no me gustan
de éste: el escaso fuste de sus narraciones, el tono desvaído de sus
historias, el sentido glacial del humor, el espíritu “lihgt”
de sus personajes. Trixie parece entonces una bagatela, un capricho que no
viene de ninguna parte y no llega a ningún sitio. Como una especie de
plumón en el aire que se mueve imprevisible hacia todas las partes.
Muchas de las situaciones no están bien definidas porque ejecutan el
doble juego de lo dramático y la parodia (por ejemplo la primera
secuencia del supermercado donde Trixie presencia accidentalmente un
asesinato) y otras son muy poco creíbles, mezclando elementos realistas
con otros totalmente ficticios (¡esa secuencia, bastante impresentable
por cierto, por poco original y ser gastada copia del famoso orgasmo
fingido del filme Cuando Sally
encontró a Harry, que aquí representa de un modo realista Nick Nolte
y una prostituta, ante la discordante e ilógica reacción de sus
invitados!).
Los
intérpretes están muy bien buscados para cada papel y sobre todo destaca
a nuestro parecer Nick Nolte, en el personaje de senador: La protagonista,
Emily Watson, aun cuando está en su actuación más que correcta, nos
parece que repite algunos de los registros de ingenua y simple que ya
utilizó en la maravillosa Rompiendo las olas.
Trixie viene a exponer el
triunfo de la verdad sobre la mentira, la esperanza de la victoria de la
inocencia sobre el mundo de la corrupción, contrastados en los diálogos
y discursos entre la dulce y simple detective, que habla con un montón de
expresiones incorrectas y la forma de hablar del senador corrupto que
habla utilizando discurso políticos. Lástima que este aspecto se pierda
bastante debido al doblaje de la película cuya traducción al castellano
no suena a principio a patologías del lenguaje sino a equivocaciones de
traductor y que desvanece bastante este interesante contraste.
José
Luis Barrera
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Trixie
Nacionalidad:
EE UU, 2001.
Dirección:
Alan Rudolph.
Guión:
Alan Rudolph.
Producción:
Robert Altman.
Intérpretes:
Emily Watson, Nick Nolte, Dermot Mulroney.
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