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Hay películas
de realización mediocre que por distintas causas entre las que están las
de índole sociopolítica se convierten en importantes y que casi obligan
a todo seguidor del fenómeno cinematográfico a verla. Ésta que aquí se
comenta es una de ellas: por sus connotaciones políticas y porque se
estrena en un tiempo de debate sobre las excelencias o miserias del cine
español, después de los falsos espejismos de pasados años en los que
parecía evidente y cercano el triunfo mundial del cine patrio. Hablar con alta ponderación
del trabajo interpretativo (al que no
hay que quitar ningún mérito) de uno de los actores más
representativos de nuestro carácter y cultura española se semeja a una
inyección del más optimista estimulante para una industria cinematográfica
(la española) que pese a unos estruendoso éxitos no remonta ni siquiera
el medio vuelo.
Por tres
cosas es interesante esta película, que a raíz de la nominación de
Javier Bardem al Oscar como mejor interpretación se ha hecho más que
famosa. Una, porque nos cuenta, rescatándola del exilio del olvido, la
biografía de un escritor y poeta importante como fue Reinaldo Arenas.
Otra,
porque es un valiente alegato contra cierta progresía de izquierdas que aún
quiere ver con simpatía idealista los desmanes de un régimen tan déspota
y corrupto como es el que impera desde hace muchos años en la isla de
Cuba. Este filme quizá sobrevivirá pese a su flojura, por ser un
testimonio de esa dictadura feroz, cuyo noble origen (la rebeldía contra
otra feroz dictadura, la de Batista y USA) no hay que olvidar, pero que no
puede justificar sus terribles resultados. Y es que como decía el
proverbio latino “Corruptio optimi,
pessima” y Fidel Castro que empezó como un héroe, ha acabado
–mal que nos pese- como un triste y denostado Pinochet.
Y la
tercera cosa interesante es la prodigiosa interpretación que nuestro
actor nacional, Javier Bardem, hace de aquel poeta maldito. Tan
extraordinaria que rescata un filme que tiene de hecho una
mediocre realización y una endeble construcción que intenta
sostenerse con ciertos efectismos bien realizados, como el recurso al
falso documental, sostenido por una buena fotografía.
Arranca Antes
que anochezca con los años de la adolescencia y juventud de Reinaldo
Arenas, su aprendizaje poético y su iniciación sexual inclinada hacia la
homosexualidad y que él asumió con un modo de vivir descarado,
libertario y promiscuo. En la parte central del filme se describe su
enfrentamiento con el régimen de Fidel Castro, su sañuda persecución
por parte de éste y sus años terribles en la más cruel de las cárceles.
El tramo final, conseguida la libertad, se desarrolla en Estados Unidos,
en plena ruina moral y física, abandonado por todos, acaba muriendo, víctima
del sida, denegándole la asistencia médica el mismo servicio de salud pública
de la nación norteamericana.
Javier
Bardem asume el papel de este hombre desdichado tan auténticamente
(precisamente él, que también se pronuncia comunista) que convierte la
película en una valiente denuncia de un régimen comunista que en nombre
de la construcción de una sociedad igualitaria ha machacado y destruido
literalmente a tantos anónimos disidentes, marginados y heterodoxos, además
de a los pobres borrachos, prostitutas y homosexuales.
José
Luis Barrera
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Before
night falls
Nacionalidad:
EEUU, 2000.
Dirección:
Julian Schnabel.
Guión:
Lázaro López y Julian Schnabel, sobre la autobiografía de Reinaldo
Arenas.
Fotografía
: Xavier Pérez y Guillermo Rosas.
Intérpretes:
Javier Bardem, Olivier Martínez, Johnny Depp.
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